Llamando a la Tierra

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Memorias de una alimaña educada (parte 5)

Marlin miraba hacia el bastión inexpugnable del Gremio de Magos, con visión calculadora, estudiando variables y fijando parámetros, a toda velocidad. El resultado estaba claro: Si tratábamos de entrar por la fuerza, estábamos muertos. Eso era una constante universal. Y el hecho de que Marlin fuera mago, aunque de dudosa categoría, lejos de beneficiarnos nos perjudicaba sobremanera.Los magos gremiales eran celosos en extremo con sus secretos, y jamás permitirían que los manosease un hechicero foráneo.

Nos enzarzamos en una discusión de propuestas absurdas a lo Conde de Montecristo a la inversa, sazonado con proposiciones indecentes que involucraban lirones a propulsión atravesando ventanas. Un observador atento comprendería que yo no soy Tom Cruise. Otro observador quedaría un tanto conmocionado al ver a un viejo excéntrico y desaliñado discutiendo y gesticulando con un par de roedores encima de una carreta.

Sea como fuere, nada de aquello impresionó aparentemente al joven panoli que se acercó al carromato con una gran sonrisa pintada en la cara, acarreando sin embargo un temible bastón de mago de tecnología puntera con el que los guardias como él freían a los intrusos con precisión milimétrica.

- A sus pies, oh, Gran Mago. ¿Debo suponer que vos sois el incomparable Hechicero Joud-Deeni?¿Catedrático en Magicuántica? ¿Doctor Honorífico en Hechicería de Chisgarabitones?

El hombre miraba a Marlin expectante, con adoración. Marlin nos miró. El guardián me miró. Yo miré a Marlin. Todos nos miramos. Supe lo que iba a pasar. No llegué a tiempo a impedirlo.

- Siii,por supuesto. Ya era hora de que apareciera alguien.


- ...No sabéis cuánto admiramos vuestro trabajo en la Universidad. ¡Y lo que nos alegramos cuando se nos informó a los estudiantes de que sería profesor nuestro! Sabéis, yo estoy en mi último año del Grado en Hechicería Teórica , y mis asignaturas optativas han sido precisamente las de su especialidad...No os dejéis engañar por mi aspecto de currante. Me pluriempleo para conseguir créditos extra, pero en realidad soy un estudiante muy competente... Y bueno, me llamo Fatuo García, de los García de la isla de Manjataan, una zona muy bien de la metrópolis. Mi currículum está en el Aula Sideral... ¿Por casualidad no le interesaría contratar a un estudiante en prácticas?

Hablaba y hablaba y no paraba ni para respirar, con esa mezcla de tintes en la voz de reverencia, avidez y desesperación. Pero ante mis ojos atónitos abrió las imponentes y chirriantes puertas del Gremio, nos indicó con mucha pompa y circunstancia que dejásemos al rucio y el carromato en las caballerizas y lo siguiéramos a los aposentos del Gran Mago Joud-Deeni, que nunca se le oxidase el caldero. Y que por alguna razón proverbial hubiese decidido aplazar unos cuantos meses su llegada al Gremio, por todos los dioses. Y por nuestro bien.

Así pues, el siempre pelotillero Fatuo nos condujo escaleras arriba, por la impresionante escalinata de caracol que vertebraba la Torre de Investigación de los Magos. Por supuestísimo que al bueno de Joud-Deeni, el cual nos maldeciría cien veces cuando descubriesen el pequeño engaño, le correspondían las mejores habitaciones casi en la cúspide del edificio, con laboratorio y baño propios. Y muy cerca de la biblioteca.

A cada peldaño sentía que me acercaba más a un futuro incierto en el que había demasiados traseros chamuscados. Y veía pasar mi vida en imágenes. Me consolaba con que al menos viví todo lo bien que puede hacerlo una alimaña educada. Qué diablos, no me consolaba en absoluto. Si salíamos de ésta iba a matar yo mismo al interfecto. Que por cierto caminaba como si la cosa no fuera con él. Qué bien viven los dementes.

Y su Alteza la princesa bigotuda... En el momento en que me acordé de ella caí en la cuenta de que no la veía por ningún lado. Y cayó otra cosa. Un sonriente Fatuo se desplomó a mi lado, completamente inconsciente. Y Analisa saltó desde su cuello, como un ninja diminuto y grácil . Ante mi evidente desconcierto dijo:

- Una princesa siempre tiene el tacto más suave. No ha notado que me tenía encima en ningún momento ... Pero basta de cháchara. Busquemos ese dichoso libro.

Y salimos pitando en dirección a la biblioteca que, para ser el bastión del conocimiento privado de los magos gremiales, estaba muy bien señalizada. Yo iba barruntando aquello y también trataba de imaginar la ocasión en la que habría aprendido kárate esta princesa relamida.

Una vez llegados a la puerta, mejor dicho, el imponente portón dorado con grabados en lenguas desconocidas, nos detuvimos y miramos a Marlin, el líder de la espedición, para que ejerciera como tal.

- Bueno Marlin, no estaría de más que nos dijeras exactamente qué buscamos, y sobre todo lo pernicioso para la salud que es.

El hombre reflexionaba en silencio. Casi podíamos escuchar los engranajes de su cerebro.
- El libro que buscamos no es un libro cualquiera. Al contrario, es tan especial como único. Es un volumen poderosamente encantado, de origen desconocido. Las leyendas cuentan que inicialmente estaba en blanco, pero que pronto dejó de estarlo, porque el libro absorbe los conocimientos y hasta poderes de quien pasa la vista sobre él, también incluso si meramente lo toca, y los adquiere para sí. No sé si lográis comprender la gravedad del asunto. Un libro así a día de hoy ya es increíblemente poderoso. Y peligroso. Sospecho que puede tener hasta conciencia propia. Y nunca tendrá suficiente...

- Y es dañino porque deja a la víctima...¿vacía?- me estaba costando seguir el meollo del asunto, pero mi intuición me decía que por ahí iban los tiros.

- Exactamente.

- Bueno ¿y qué? -intervino Analisa- ya lo tienen custodiado aquí.

- Me temo que ni los magos saben exactamente qué es lo que guardan. Y nunca me escucharían. Son demasiado clasistas. Por eso es cosa mía recuperarlo y destruirlo...Con vuestra ayuda.

- Ya veo. Nosotros estamos aquí para encontrarlo y cogerlo en tu lugar, y que nos deje secos y a ti no. ¿Es así? - dije, visiblemente cabreado. Era para estarlo, córcholis.

- No es eso. El libro no detectará nada de interés para él en vosotros. En cambio conmigo sí que conseguiría el premio gordo.

- Modesto el viejo...

- Confío en vosotros. Sé que podéis hacerlo sin riesgos.

- Somos demasiado pequeños. No podemos con una misión que pesa toneladas de saber. ¿Y si fracasamos y encima el libro se enfada por haber osado perturbar su sueño o alguna majadería así?

- Hasta el más pequeño puede cambiar el curso del futuro.

- Jo, que profundo. ¿Es de cosecha tuya?

- Qué va. Lo dijo otro gran mago.

- ¿Joud - Deeni?

- No. Un mago de las palabras.

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