Cat, la Aprendiz de Bruja, y dos fantoches que simulaban ser druidas, (queda claro que el hábito no hace al monje, ni mucho menos), miraban de reojo a la hechicera que guardaba la entrada al bosque de los Cacahuetes.
-Y encima tenía que ser ésta la centinela. Dorotea la Bella, del aquelarre de las "Gossip Witches", de lema "pijus inter pécorus". No me traga desde que le dije que era tan bonita como un cólico miserere. Uys. Mal asunto...
Cat se acercó a la bruja, que parecía un cuervo fashion, en parte por la nariz picuda propia de un ave rapaz. Era la personificación misma del desdén, pintado en sus pestañas postizas. Al ver venir a nuestra heroína, se recolocó el sombrero de Hermes, torcido "cassual" según dictaba la moda, y le disparó una mirada gélida que rivalizaba con el aire acondicionado de un centro comercial.
- Vaaaya, vaya, vaya, si es Dorotea la Fea digoo...quería decir... ¡Pero no me mires así mujer, que vas a congelar la primavera! Y bueno, estoo...digo yo, qué mona va esta chica siempre, con el "Little Black Dress" ese, ¿no? Oye mira, que podríamos dejarnos de rencillas ¿eh? Pelillos a la mar ...aunque te salen algunos del hocico... - Dorotea se estaba poniendo verde debajo de su base de maquillaje "Palidez Mortal" de Schwarzhut.-Y oye, tú que eres tan resabiá en esto de la moda, el estilo y el recauchutado de arrugas, ¿tú crees que me quedaría bien el pelo rosa chicle? ¿O ahora se lleva más el Verde Moco? Sí, el que llevabas tú hace poco... ¿o es tu color natural?
Mientras los comentarios de Cat provocaban la peor de las tormentas en Dorotea, la de la vanidad herida, un par de druidas un poco raros se deslizaron hacia el interior de bosque.Uno de ellos, el que levitaba, iba prodigando con la mano urbi et orbe lo que él creería que eran bendiciones. No fueron advertidos en absoluto por la centinela, que sólo tenía rayos para su interlocutora, que seguía de cháchara.
-...Lo que pasa es que tú eres un poco bacina, que lo eres, y tu problema es que no lo admites. ¡Bueno chica, a seguir bien, que no se te oxide el caldero y todo eso y a ver si te operas esa nariz, que te va a confundir algún buitre con la parienta!
Y entró corriendo en el bosque, esquivando por poco un rayo "sapificante".
Dos figuras temblorosas, cubiertas con sábanas blancas y a cuadritos, observaban el claro- recepción del bosque de los Cacahuetes bullir en pleno ajetreo. Eran más conscientes que nunca de que no daban el pego como druidas, ni como ninguna otra cosa.
Miraban aterrados a su alrededor, viendo pasar brujas de todas clases, edades y tallas de pie, pero con un común denominador : si los pillaban,eran impostores fritos.
Entonces vieron pasar a una de ellas, pero que no tenía mucho que ver con ninguna de las que pululaban por el bosque tenebroso. Tenía el pelo rojo y erizado, y llevaba un vestido de colores alegres, botas y calcetines desparejados. La vieron deambular sin prisa alguna por el claro, en el que algunas de las hechiceras habían montado puestos en los que mostraban artilugios poderosamente imposibles traídos de muy lejos y chucherías varias, imprescindibles para la bruja de hoy. Finalmente se detuvo junto a una bruja demasiado parecida a una uva pasa, y se puso a curiosear entre los cachivaches de su lugar bajo el sauce.
Los impostores cruzaron una mirada, dos, y finalmente se avinieron a salir de su escondite y apostarse a ambos lados de la brujilla.
-¡¿Qué se supone que estás haciendo?! - susurró colérico Arnold. - No deberías invocar un hechizo de mimetismo o alguna ilusión? Hemos conseguido entrar pero a este paso no vamos a salir.
- ¡Vaya! ¡Pero si eres tu, libelula! Y nuestra princesa encantada - Lila le brindó una sonrisa nerviosa medio oculta por su frondosa barba. -Tranquiilos, relajaos. La característica principal de la brujería es la individualidad total. Eufemismo precioso para decir que cada una de éstas va a la suya y no presta atención a nada más. Podrías hacer un streptease ahí en medio, libélula, y aunque tuvieras un portento, cosa que dudo, ninguna levantaría la narizota de sus asuntos. En algunos casos porque les pesa demasiado. - y acto seguido hizo lo propio - ¡Miiiira! ¡Botellines de Incienso Absurdamente Potente! ¡Me llevo diez! Y...¡noo...! ¡Grimorios electrónicos! ¡Y con acceso a Internet! ¡Ya era hora!
- ... Y encima es compradora compulsiva. ¿Seguro que no estaba de saldo cuando la contrataste? - masculló Arnold. -Venga, saquémosla de aquí antes de que se compre a la vieja.
Los tres, con los ánimos más sosegados, pasearon por el claro suavemente iluminado por la luz de las estrellas de un anochecer apacible. Vieron reunidas a las brujas de categoría "Ancianita Peligrosa" , a las de "Belleza letal", a las "Madrastras celosas", las "Maléficas demoníacas" (con esas había que tener cuidado, estaban medio tarumba), las "Buenas y Blancas", las "Buenas y no tan Blancas", las "Ermitañas" que parecían más tocones de árbol... Todas, convenientemente separadas, disfrutaban del mismo ambiente de amistad y cachondeo en plena naturaleza, en el que el aire cálido y dulce de la floresta se mezclaba con el aroma irresistible de tartas de manzana, bacalao de caramelo, cerveza de trigo, galletas especiadas, el Oscuro Deseo de Chocolate de Hansel&Gretel y la Deliciosa Sopa de Calabaza Patentada del Tïo Knorr. El trío degustó dos cuencos cada uno y, con los estómagos contentos, se dispusieron a buscar un sitio más alejado y tranquilo en el que terminar de una vez por todas lo que habían ido a hacer ahí. Ójala lo supieran.
En ese momento, el claro estalló en aplausos, pues comenzaba la exhibición de nuevos descubrimientos para el arte de la Brujería. La Anfitriona, señora del bosque de los Cacahuetes, dedicaba unas palabras a todas las hermanas, (breves, las brujas no son dadas a la prosapia cuando hay cosas que hechizar), e iniciaba la demostración una bruja que podía provocar una tormenta a voluntad.
-Lanzo hacia arriba un puñado de estos polvos de mi invención, que aumentan la densidad de aerosoles en la atmósfera, que provocan una nucleación ultrarápida y ¡hop! llueve.
Efectivamente, se puso a llover de forma importante sobre las congregadas. Unos minutos y unos cuantos bacilos de gripe después, las mojadas y enfurruñadas brujas seguían con su fiesta. Tres figuras se separaron cautelosamente y se habían alejado bastante del asunto cuando una de ellas sufrió una convulsión.
Cat acudió alarmada al lado de Lila, que se sacudía una, dos, tres veces más. Miró al cielo. Entre el frondoso techo boscoso una luna llena brillaba con todo su esplendor.
Corrieron para alejarse más de las brujas. Entre Cat y Arnold sujetaban a Lila. La bruja constató con horror que debajo de aquella sábana aquel cuerpo gimiente era demasiado peludo, incluso con una larga barba de druida. Un último quejido terminó en un gruñido.
De pronto, Lila se desembarazó de sus compañeros y salió corriendo a una velocidad imposible, hacia el interior del bosque. Pero ya no era Lila. O al menos la que conocían. Galopaba a cuatro patas, fuertes y ágiles, y tenía todo el cuerpo cubierto de pelo castaño. Su hermosa cara terminaba en un hocico lleno de dientes. Que era un lobo, vamos.
Cat, Arnold y Kepler miraban el punto por el que había desaparecido, boquiabiertos.
-Ahí va..
La bruja, el hado y el lirón vagaban por el bosque oscuro buscando a aquello en lo que se había convertido su dulce princesa.
- ¿Con que no había maldición,eh? ¡Pues menos mal! ¿Se puede saber qué entiendes tú por maldición? - farfullaba Arnold.
-Cállate mariposón, y piensa cómo vamos a hacer para encontrarla en un bosque tan grande como éste. A ver si estás sólo de adorno, hado madrino.
-Yo me preocupo más por lo que vamos a hacer cuando la encontremos...
- Yo servir de aperitivo, seguro- dijo la vocecilla asustada de Kepler.
De pronto,Arnold se puso tenso.
-Sé dónde está.
-¿Cómo? - dijo Cat,a punto de tirarse de los pelos.-¿Le has puesto un cascabelito y la has oído?
-Sí, acechando para comernos...
- No. Es mi ahijada, sé dónde puedo encontrarla.
-Si tan seguro estás, aguarda un momento, así iremos más rápido.
Sacó un mando a distancia de uno de sus múltiples e invisibles bolsillos y accionó una palanquita roja, a todas luces algo que no iba a traer nada bueno. En unos instantes escucharon un petardeo lejano y la escoba mágica de Cat se personó a su lado, escupiendo chisgarabitones.
Emprendieron un viaje épico en la escoba, espoleándola con valor y decisión, esquivando árboles por micras y dejándose el alma agarrada a las ramas. El hado señalaba el rumbo, y el lirón hacía cuanto podía por no soltarse de la matrícula del vehículo: " I <3 mgimathics " .
Por poco no se dieron cuenta de que llegaban a la linde del bosque. Cat frenó en el último momento, lo justo para no chocar con un lobo solitario que miraba melancólico al borde de un precipicio, el palacio real a lo lejos.
La loba los miró bajar de la escoba con sus inconfundibles ojos tristes, pero no osaron acercarse más. La escoba quedó inerte al lado de su dueña, como si no fuera más que eso, una barredera. Las cosas son el valor que le otorgamos. Finalmente Cat habló.
-Lila, ¿me oyes? -dijo, no sin cierto temor en la voz. - Sé que estás ahí...porque está ahí,
¿no?- susurró a Arnold.Éste asintió. - Puedo tratar de revertir el proceso, podrás ser la de siempre. Sólo tienes que dejarme y...esto...ya sabes, no comerme.
Lila-loba la miraba con unos grandes y brillantes ojos castaños que podían contener toda la belleza de la naturaleza. No movió ni un músculo.
- No se trata de evitarlo, ni revertirlo ¿verdad? - dijo suavemente Arnold.
-¿Ah no? -dijeron perplejos Cat y Kepler, mirando fijamente al hado.
- No. - dijo una voz femenina. Casi se cayeron de culo cuando vieron a la loba, levantarse sobre dos patas y transformarse de nuevo en una bella princesa.
- No hay maldición alguna si no se la considera maldición. - dijo Arnold, corriendo a abrazar a Lila, que lloraba de alegría.
- Y cuando algo deja de considerarse un problema, pasa a formar parte de uno mismo, un aspecto más de la vida de uno, al que puede incluso vérsele el lado positivo.- Completó Lila.- Me siento más feliz y libre que nunca. - dijo radiante.
- Por lo tanto, no eres una princesa maldita, ni una bestia. Eres ambas cosas, pero ninguna de las dos tiene por qué ser mala - Terminó el hado, demostrando al fin que servía para algo. - Lila asintió. Cat y Kepler respiraron tranquilos al fin.
- Bueno, no será mala si no se come a nadie...
- Fin del cuento-
Bueeno venga, antes de terminar daremos un vistazo a qué hicieron después los protagonistas.
Lila regresó a su reino, y se presentó ante la Reina en sus dos formas. Cuando ésta se recuperó del síncope, abrazó a su hijastra y le pidió perdón por no haber creído en ella y apartarla de la vida por un supuesto problema insalvable. Ambas regentaron el reino hasta que Lila estuvo preparada del todo para asumir la corona y la madrastra estuvo plenamente orgullosa de ella hasta el fin de sus días. El reino fue feliz y próspero con sus dos reinas, que gobernaron con cabeza, corazón y alma.
Arnold no fue destinado a hacer de hada de los dientes, no. Al contrario, quedaron tan satisfechos con su capacidad para comprender a sus ahijados que lo premiaron asignándole una princesa sirena que vivía en el Caribe. Ahora disfruta plenamente de su trabajo pero planea presentarse a gobernador de California cuando se retire.
Y por último, Cat y Kepler siguieron su camino juntos, volando allá donde se requiera los servicios de la bruja, que fue nombrada Hechicera e Inventora Real en el reino de Lila, y siempre que puede se pasa por allí a visitar a su Majestad y a trastear con el gran laboratorio que han puesto a su disposición. Kepler también adora las visitas, pues viajar en escoba nunca fue lo suyo, pero está empeñado en demostrar que se puede dar la vuelta al mundo en ochenta días. A saber quién se cree que es.
¿Una taza de té?
No hay comentarios:
Publicar un comentario