Todo comenzó con una calabaza. Es
una cosa como cualquier otra para empezar una historia, y más en Halloween, esa
noche de la víspera de todos los santos en la que niños de 1 a 40 años se
disfraza, de monstruito o de sensual bicho según edad, y corretea por ahí como
alma que lleva el diablo, (aunque el viejo poco tiene que ver con ello)
pidiendo chuches, viendo películas sangrientas o asustando urbi et orbe, con
nocturnidad y alevosía.
Pues va y un año de estos
apareció una calabaza, como quien no quiere la cosa, en la mesa del comedor de
una casa. En los días que precedían Halloween no era inusual ver cucurbitáceas
de esas por doquier, así que podría haber pasado hasta desapercibida. Pero esa
casa tampoco era lo más corriente del mundo, y cualquier cosita, por nimia que
fuera, podía ser algo extraordinario.
-
Oye Cat, ¿has traído tú esta calabaza?
Dos jóvenes miraban una calabaza.
Una de ellas vestía ropas negras, algunos dirían que recordaba a una bruja. La
otra vestía colores chillones y tenía el pelo rojo y despuntado en todas
direcciones.
-
¿Pero de dónde narices ha salido esto?
-
Y yo qué sé.
-
¿No habrás estado conjurando otra vez? Te
recuerdo que acordamos que no harías más experimentos extraños ni hechizos ni
encantamientos sin informarme primero. Ya estoy harta de cruzarme con duendes
por la casa cuando voy en pijama, y de encontrarme búhos durmiendo la siesta a
mi lado en el sofá, hadas en los cereales, gatos negros en la ducha…O las
explosiones que sacuden la casa hasta los cimientos…
-
Ya te he dicho que yo no he tenido nada que ver.
-
¿Como cuando intentabas revivir esa planta tuya trepadora
e inexplicablemente le salieron raíces a la lavadora?
-
Aquello fue un hecho puntual, por problemas de
oído, y no es el caso.
-
O como cuando quisiste calentar más rápido el té
e infusionaste la mesa?
-
Insisto en que fue un hecho puntual.
-
¿Y te acuerdas de aquella vez que quisiste
inventar un maquillaje duradadero y nos despertamos con la cara llena de…
-
Que sí leches, pero que esta vez no he hecho
nada. Y haz algo útil y deshazte de esto que huele muy raro.
Y de repente una voz atronó en la
estancia.
-
¡No oses!
-
¿Qué ha sido eso?
-
L-la cosa esta. ¡Ha hablado!
-
¿A quién llamas cosa niña? ¡Un respeto o lo
lamentarás!
La cosa…digoo
la calabaza, que hasta el momento había mostrado la típica sonrisa aterradora
de Halloween, ahora tenía además un brillo aún más terrorífico en los ojos
tallados, un brillo inteligente. Ah, y hablaba claro. Con una voz que parecía
de ultratumba.
-
¡Me negarás que esto es cosa tuya!
-
¡Ya te he dicho que no!
-
¡Pues no me lo creo!
-
He venido yo por mi propia voluntad. Necesito que
la bruja me haga un favor.
Aquello fue más de lo que la bruja podía soportar.
-
¡Ah, no! ¡Eso sí que no! ¡Estoy retirada!
¡Re-ti-ra-da! ¡No hago más trabajitos sobrenaturales! ¡Y sin cobrar ni nada!
¡Si soy una ONG con escoba! ¡Hadas que devolver a su bosque encantado!
¡Princesas malditas con exceso de pelo! ¡Ecuaciones de Transferencia Radiativa
sin simuladores a mano! Ahora me dedico a la vida contemplativa, ¡y a la
investigación por amor al arte! voy a poner un cartelito en la puerta y a la
salida del túnel del tiempo, no sea que se cuelen más visitantes indeseables…-
se alejó mascullando improperios. Scarlett se tomaba situaciones así de
incongruentes como cosa cotidiana, y con mucha filosofía, aunque aún no lo
había visto todo. Miró a la calabaza parlante y ésta le devolvió la mirada.
Todavía alcanzaron a escuchar – ¡y ahora se me presenta una hortaliza que habla
y a saber qué quiere! Seguro que un insecticida con olor a melón y que no
parezca pis de gato. O un cuerpo de paja y así se mete a espantapájaros. No,
¡de ninguna manera!
Y se oyó un portazo. Aunque
todavía se la podía escuchar maldecir tras la puerta cerrada.
-
Bueeeno, está visto que está fuera de servicio.
Si sirvo yo…
-
Eres muy amable niña, pero no lo creo. Lo que me
trae aquí es de índole tal que me temo que tan sólo la magia lo puede
solventar. Resulta que no soy una calabaza común.
-
No me digas.
-
Una de las perdiciones del ser humano es el
sarcasmo. Habita en mí el espíritu de Jack Linterna, el hombre que fue maldito
y rechazado tanto en el cielo como en el infierno, y condenado a vagar por
siempre entre los dos mundos portando una linterna para alumbrar su camino en
las tinieblas formada por una calabaza y un fuego fatuo.
-
¿Pero tú eres la calabaza, el fuego “fastuoso” o
ese tal Jack?
-
¡No interrumpas! El espíritu de Jack se revuelve
en el inframundo porque su triste existencia se ha convertido en un chiste y en
envase para chucherías.
-
¿Pero no decías que vaga entre dos mundos…?
-
¡Que no interrumpas! He venido a exigir…a pedir
a una gran bruja que restituya el orden de las cosas y que devuelva a la
historia de Jack la seriedad que merece.
-
O sea, que nos carguemos el Halloween.
-
Es una fiesta absurda, cuyo origen ya nadie
recuerda. La esencia de la fiesta es Jack y Jack soy yo, y Jack no está de
acuerdo con lo que se hace con su imagen. Sin cobrar ni nada, como dice la
bruja.
-
No estoy de acuerdo – dijo una voz detrás de
ellos.
-
¡Vaya Cat, te unes a la fiesta! Aquí estaba el
hombre contándome su plan de vida.
-
Ya lo he oído. Y discrepo con lo que aquí se
cuenta.
-
¿No podías mantenerte al margen eh?
-
Ni por cien años de tranquilidad dejaría yo de
meter las narices en algo así y en mi propia casa. El origen de Halloween no es
la leyenda de Jack Linterna. Es la celebración de lo sobrenatural y el miedo
que inspira. A los humanos les gusta sentir terror, descargar adrenalina. ¿De
qué se disfrazan, qué recrean? ¡Monstruos! ¡Brujas! Que haya algo más allá de
la realidad cotidiana es lo que tanto les gusta.
-
Así que para ti el Halloween es un culto a ti
misma. – Scarlett no podía aguantar la risa. Cat la miró por encima del hombro
muy digna.
-
¡Ja! No entiendes nada de nada, insensata.
-
Pobrecita, se está convirtiendo en una bruja
cascarrabias. Te falta la verruga y el color verde.
-
En mis tiempos la gente era más respetuosa. Te
lo explicaré, Halloween es una forma de recrear lo que al mismo tiempo atrae y
repele, la oscuridad del alma humana.
-
Pues a mí no me atrae lo más mínimo la figura
del asesino de la motosierra… Estos humanos están locos.
-
Señoras, basta de cháchara, exijo que se me
devuelva la dignidad o Jack Linterna descargará su ira sobre vosotras.
-
¿Pero no decías que eras un pobre diablo que
vagaba sin descanso entre dos mundos? ¡Pintas menos que el tato! Oh diabólica
trinidad de hombre, calabaza y fuego fatuo…
Las dos
jóvenes se desternillaban de risa al ver a la calabaza sulfurarse, cual patata
caliente a punto de explotar. La verdad, parecía que lo más peligroso que podía
hacer el pobre Jack era pringar el salón de puré de calabaza.
Cuando pararon
de reír Cat puso su cara nostálgica, la que reservaba para ocasiones especiales
y días de fiesta.
-
Recuerdo que en mi época ya celebrábamos
Halloween. Claro, que entonces no tenía ese nombre, lo llamábamos Samhain, al
menos las brujas y los que se mantenían en la tradición celta, pues el
cristianismo hacía tiempo que lo había transformado a la festividad de Todos
los Santos…Era una fiesta más bonita que la de ahora, en la que celebrábamos el
final del verano y de la cosecha, un rito de transición, y de apertura al otro
mundo, porque los difuntos según la tradición obtenían permiso para caminar
entre los vivos sólo por esa noche. Recuerdo que dejábamos huesitos de santo en
los porches para mantener a los espíritus contentos.
-
Pues parece que el siglo XXI ha acabado con esa
buena costumbre, jovencita. Creía que te había enseñado bien. – dijo una voz de
ultratumba. Otra voz de ultratumba. Pero esta vez en el sentido literal.
Provenía de una
figura etérea que se había materializado junto a la chimenea, donde en otro
tiempo con menor calentamiento global habría ardido un buen fuego. Era la
silueta fantasmal de una mujer regordeta con un vestido muy antiguo que a pesar
de sus palabras severas sonreía bondadosamente.
-
¡Tía Elisa! – Cat no se podía creer lo que veía.
Sólo por una vez se había quedado sin su baúl sin fondo de palabras.
-
¿Elisa? ¿La de tu libro de hechizos?
-
En efecto, veo que has estado estudiando niña, ¿has
iniciado a esta jovencita…?
-
Nooononono gracias, su fantasmagórica señoría,
admiro mucho su tradición y sus artes pero ya he visto demasiado de cerca sus
efectos y paso, sinceramente, ya tenemos bastante con el cambio climático como
para traer más rayos y truenos de lo necesario…(1) P-Pero yo respeto ¿eh? – Scarlett miró
disimuladamente a su alrededor, preguntándose si habría algún crucifijo por la
casa, o en su defecto salir a buscar la aspiradora, porque parecía que el
antiguo propietario de la casa se había dejado la entrada al submundo abierta,
como quien se deja abierta la tapa del retrete.
Pues maldita la gracia.
-
No es necesario que me ahuyentes bonita, no he
venido para perturbar vuestras tranquilas vidas. – Scarlett estuvo a punto de
soltar una carcajada histérica. Estaba claro que esa señora había convivido
poco con su sobrina, la bruja experimental. Le inquietó vagamente que le
hubiera leído los pensamientos, dadas las circunstancias que se desarrollaban
en su salón. – He venido a participar de esta agradable discusión, aprovechando
la coyuntura de que mi mundo y el vuestro se encontraban agradablemente juntos
a esta hora. A lo mejor llego a tiempo al té de las ocho... – dijo la fantasma
de la tía Elisa, extraviando la mirada de sus ojos neblinosos.
-
Lo de distraerse con facilidad viene de familia ¿eh?
– susurró valientemente Scarlett, aunque todavía le temblaban las piernas.
-
… Y pienso que no será demasiado tarde para
acompañarlo con una pastita o dos, es que en el más allá saben a gloria… Como
iba diciendo, jovencitas, y Señor Calabaza, encantada, Elisa la Bruja Fantasma
para servirle, están todos muy equivocados, pues esta festividad no está
dedicada ni al desdichado Jack Linterna ni al mundo sobrenatural, al menos no
del todo, sino a aquellos que una vez caminamos por esta tierra, sentimos la
caricia del viento en nuestra piel, respiramos, reímos, amamos…Y degustamos sus
más deliciosos manjares. Aquellos que hoy sólo vivimos en lo que dejamos atrás,
en nuestras obras y en aquellos que viven para recordarnos. En nuestros
descendientes, nuestra inmortalidad.
Esta es la fiesta de los difuntos, y nosotros venimos
a reclamar nuestro pedacito de la velada.
Y sonriendo señaló a la puerta, en la que se habían agolpado
un puñado de figuras fantasmagóricas, todas sonrientes.
Más espíritus. Más familiares.
-
¡Tía Ruperta! ¡Tío Arnoldo! ¡Tías Enriqueta y
Emilieta! ¡Tío Ferdinando! ¿Te llevaste al gato al más allá?
-
¡Somos inseparables niña! ¡Simplemente me siguió! – dijo un
viejo fantasma achuchando a un felino igual de etéreo que tenía su misma cara
de felpudo aplastado.
-
¡F-F-Fa-Fa-Fantasmas! – chilló Scarlett, en una
perfecta imitación de los simpáticos personajes asustadizos que salían en “Cásper”.
-
Ay niña calla, eres tan escandalosa como tu
abuelo. ¿Y por qué sigues vistiendo de luto? – dijo una ancianita con gafas
redondas, tricotando una labor que llegaba a la puerta.
-
¿Abuela? ¡Abuelita! – dijo Scarlett, con
lágrimas en los ojos, de asombrada felicidad.
-
Mira Escarlata, casi he terminado una bufanda
que te vendrá muy bien ahora que va a empezar a hacer frío.
Así pues, los antepasados de las
dos jóvenes se acomodaron donde pudieron en la acogedora casa, en la que de repente se habían encendido todas las velas, velones y candelabros. Y había muchos. Todos encontraron lugar, hasta el gato
del tío Ferdinando tuvo su sitio al lado del reloj, que sorprendentemente
se había parado. Ronroneó con eco cuando todos, vivos y muertos, le acariciaron
detrás de las viejas orejas. Había gente
que incluso se había traído sus queridas mecedoras, porque por lo visto no
habían querido cruzar sin ellas.
Todos disfrutaron de los dulces
que había preparado Scarlett con ocasión de la Noche de Ánimas,Víspera de todos los Santos, Halloween o como narices se llame, con la evidente aprobación de su
abuela. “Huesos de Santo”, “Buñuelos de viento” , “Marron Glacé” y los “Panellets”
del abuelo de Cataluña corrieron como la pólvora entre los visitantes, y las
risas y las anécdotas llenaron el ambiente, junto con el cariño que supera las
barreras del tiempo y pasa de generación en generación.
Parecía que todo el mundo se
había olvidado de Jack Linterna.
Que no sabía si enfadarse o
echarse a llorar.
Puesto que hacía mucho tiempo que
no veía a su madre. Demasiados siglos.
Pero entonces alguien lo tomó en
brazos y lo llevó consigo a su sitio junto a la tía Elisa, que le iba a
explicar en ese momento la receta perdida de su famoso pastel de calabaza.
Y osó abrir su…bueno eso,
tapadera, y echarle algo dentro.
Un Huesito de Santo.
-
Anda Trini, come algo, que están muy ricos. Esta
Scarlett es capaz de unir dimensiones paralelas con su repostería.
Y la calabaza
Jack sonrió muy a su pesar. Al fin y al cabo, el cariño de una familia, aunque irrepetible, se podía encontrar en
cualquier parte, si se sabía dónde buscar y estar predispuesto. Decidió esperar
al próximo siglo para seguir profiriendo amenazas si no se le restituía su
dignidad.
O a lo mejor
si era bueno y se empleaba como farolillo o algo parecido lo dejaban cruzar con aquella gente
tan agradable. Esa señora de la larguísima bufanda parecía muy simpática.
A lo mejor
nunca sabremos qué pasó con el bueno de Jack. Lo que sí sabemos es que al año
que viene volverán las calabazas de Halloween, las golosinas industriales y los disfraces, pero
estaría bien que volvieran bonitos pensamientos dedicados a los que ya no
están, pero que allá donde estén cuidan de nosotros.
(1) Os sonará la
desternillante y tormentosa aventura del cuento “El cuarto de las hadas”, y si no, ¿a qué
esperáis? ¡Rayos y centellas!
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