Desde que me sobrevino el Cambio, gusto de emplear mi valioso tiempo en objetivos más elevados que a los que me dedicaba siendo una alimaña sin cerebro. Y a tales menesteres me entregaba con fruición cuando apareció ella. Sufría sobremanera con el Sol de mediodía dándome en los ojos mientras degustaba té frío y melocotón en almíbar (de lo silvestre poco te puedes fiar) cuando me vi arrollado por un ser peludo, todo garras y dientes, que tuvo la desfachatez de sacarme de mi modorra.
Constaté entonces que era una hembra de mi especie, y qué horror, estaba sucia en demasía. Me miró con sus ojillos negros y pensé que ya se iría a seguir royendo fruta, o algo por el estilo. A menos que estuviera en celo.
Me equivocaba con todo.
- Disculpa, he resbalado y me he caído del árbol. Menos mal que estabas debajo para socorrerme. - dijo con una vocecilla afectada y una pose remilgada que habría hecho las delicias de un dandi como yo. Hablando rápido y mal, me quedé pasmao.
¿Era como yo? ¿Había tenido un encontronazo con cierta bruja que yo me sé? Debía averiguarlo.
- No pasa nada. - me sacudí el polvo. No soporto el polvo. - Y dime, ¿cómo es que hablas? ¿Te han hechizado?
- Oh, sí.- >>lo sabía, ya la ha vuelto a liar << - un mago malvado - >>¿eing?<< - me ha transformado en esta criatura sucia y maloliente que soy ahora. Debo encontrarlo y pedirle...ordenarle que me devuelva a mi forma original.
-¿Que es...?
- Ups, no me he presentado. Princesa Ana Elisabeth Pascuala de Todos los Santos y Colores, del reino de Allá. - ¿el reino de para allá? - No, no, el reino de Allá, con mayúscula. Pero puedes llamarme Princesa Analisa o Alteza. - Mi mente se puso a discurrir a toda velocidad.
>>Oibá...Reverencia, desgraciado. Aunque la mona se vista de lirona, enfadarla no es una buena idea<< - A sus pies, Alteza. Digo...garras. - sí que era finolís la condenada, con lo que le olían las patas.
- Bueno, pues os deseo la mejor de las suertes encontrando al mago y volviendo a vuestra verdadera forma, princesa. - y me tumbé de nuevo, en la hierba calentita, a disfrutar de una apacible mañana de primavera, con el vermuth y la brisa fresca. Es lo que habría hecho alguien inteligente, me diréis. Y pretendía actuar como tal, lo prometo.
- Ah no, ¿dónde están tus modales? La caballerosidad exige que ayudes a una dama en apuros, y más si es una princesa. ¡Levántate ahora mismo, te lo ordeno!
- Señora, no soy caballero porque no dispongo ahora mismo ni de caballo ni de la talla necesaria para montarlo, y mucho menos para rescatar princesas, aunque sean en miniatura. No soy vuestro hombre. Mis más sentidas disculpas. - y que se largara ya, que me estaba tapando el sol.
Entonces, la maldita alimaña recurrió a un truco, a mi entender, muy bajo. Se puso a llorar. Gimoteaba como si le doliera algo de verdad. Y aquellos ojillos...tan brillantes y suplicantes... De pronto no me parecía ni tan sucia ni tan maloliente. De hecho era una preciosidad. Y mis gónadas tomaron el control de mi privilegiado cerebro.
-De acuerdo, os acompañaré, princesa Analisa. Pero nada de llorar como si no hubiera mañana.
-¡Estupendo! - Qué rápido cambiaba de humor- Tomaremos el primer...esto...vehículo que pase por aquí.
- Claro, subiremos al autobús de línea nada más asome. - tenía colindrones su Majestad. - habéis salido poco de palacio ¿verdad?
- Que no, mira. Por ahí viene una carreta.
Efectivamente, de a saber dónde había aparecido un carro, cargado de víveres y bultos varios, tirado por un jamelgo en las últimas y conducido por un viejo aún peor, que fumaba en pipa y echaba humo como una locomotora. Lucía túnica gris y gorro puntiagudo de mago.
-¿Os habéis fijado en que ese es un...?
Evidentemente no. La princesita me cogió de la mano y echó a correr como si la persiguieran las pulgas. ¡Qué fuerza tenía! En el corto trayecto se me olvidaron mis pobres intentos de macho protector y meloso , y para cuando llegamos y saltamos dentro del carromato de un mago que seguramente se pondría furioso al encontrar dos polizones entre sus hortalizas, ya había empezado a tomarle tirria a la lirona.
Y ahí comenzó el lío, pensaréis. Y estaréis en lo cierto, mis evolucionados lectores.
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