Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

martes, 4 de febrero de 2014

Más o menos un Cuento de Hadas (parte 4 REVISADO)

Lila la Princesa despertó cuando los primeros rayos del amanecer acariciaron su rostro. El bosque despertaba a un nuevo día, abriendo primorosamente ramas, hojas y pétalos en un lento bostezo. Lila se desperezó delicadamente, arrullada por el canto de los pájaros y la brisa madrugadora. Levantó la mirada clara al azul transparente, y suspiró encantadoramente como solo sabe hacer una princesa en armonía con la naturaleza.

Frunció su naricilla al aspirar los múltiples aromas de una mañana en la floresta. Una fragancia embriagadora. Y sublime. Y...deliciosa. Lila sintió una presencia detrás de ella. Lo que vio la dejó sin aliento.

Los habitantes del bosque la estaban observando con curiosidad. Ciervos, osos, conejos, zorros, incontables aves y múltiples roedores daban la bienvenida a una princesa a sus bosques.

Y Lila, encantada con aquella visión...Se relamió y se lanzó como una flecha hacia un conejo particularmente gordito. A éste se le cayó la zanahoria del susto.
El resto de los animales, huyeron despavoridos, los osos en cabeza seguidos de cerca por ciervos y zorros disputándose el segundo puesto en la carrera.

- Mmm niam, niam, niam...Vaya, ¿carreritas matutinas? Muy bien, a mantenerse en forma. Aunque no comparto el método, ni el horario, ni el cansanciooooouah...- Cat se desperezaba con algo menos de gracia y con mucha más dentadura a la vista, como un cocodrilo ojeroso. Lila se detuvo en seco, se arregló las faldas y con un delicado carraspeo se sentó al lado de la bruja, como una blanca paloma. Cat bizqueaba tratando de acostumbrarse a la luz. Finalmente centró su atención en la ruborosa muchacha, aun sin verla del todo.

- Bueenosh diash. Qué envidia me dáis los que os levantáis llenos de energíaaah...(bostezo descomunal) En fin. ¿ Qué tal si zampamos algo y vamos viendo eso de la maldición?

- ¿Zampar? Estoo...sí...claro. - dijo Lila, ausente. La otra siguió parloteando, a su rollo.
-Comprendo que estés impaciente, pero es que yo si no como algo nada más levantarme no soy persona. Recuerdo que una vez terminé con tres orejas verdes porque me distraían los gruñidos de mi estómago... - Se desenredó de las mantas y trató de alisarse sin éxito una melena que parecía un erizo rojo.- ¡Bueno! Me muero de hambre. Voy a ver si el mentón de tu hada nos sirve para encender cerillas. ¡Arnold! ¡Especie de mariposa dopada! ¿Por dónde revoloteas? - Se alejó hacia los árboles increpando al hado, que en absoluto deseaba ser molestado, pues estaba cortejando a un par de ninfas gemelas. Lila suspiró viéndola alejarse bajo un brillante cielo azul en el que aún no había desaparecido del todo una luna casi llena. Sentía una inquietud creciente instalarse en su interior para quedarse. Pero no tuvo demasiado tiempo para pensar en ello por la hilarante visión de Kepler haciéndose la toilette en un charco cercano y atusarse los bigotes con un pañuelo suyo de tela. La típica prenda que una princesa entrega a su valiente doncel. Tal imagen le provocó un gruñido asqueado. Definitivamente, en manos del roedor tendria mejor uso.

La compañía desayunó en un silencio huraño, por parte de Arnold al que no le gustaba nada que le hubieran ahuyentado su conquista, y alternaba miradas sulfúricas a Cat con el diseño minucioso de un futuro y sospechoso ataque de hirsutismo.

La voz de la bruja rompió las cábalas de todos los presentes y de algún que otro animalejo vecino que rumiaría sus cosas tan tranquilo.

- Bueno Lila, la razón de todas estas peripecias es una supuesta maldición de la que no conocemos absolutamente nada, dado que tomabas una pócima misteriosa justo antes de la luna llena, tal día como hoy. ¿ Hasta ahí todo conforme?
- Conforme.
- Pues si en verdad existe tal maldición esta noche será movidita. - Lila la miró aterrada y suplicante. - No te asustes, para algo has contratado mis inestimables servicios. Primero voy a ver si detecto algo anormal en ti. Y no me mires así que me atasco.

Cat cerró los ojos, posó una mano en la frente de Lila y se concentró. O entró en trance. O...se durmió. Cuando Lila le dio una dubitativa palmada en el brazo para espabilarla,tras un respingo muy cómico aseguró que estaba buceando en los confines de su mente, algo tan sumamente complejo y arduo que ni todos ellos juntos serían capaces de imaginarlo ni en un millón de años.

- Y no he dormido bien. Ese lirón ronca como un mastín. Y para que lo sepas, en mi viaje trascendental no he visto ni rastro de maldición. De todas formas, si no confiais en mis métodos, gracias a la magia del bosque de los Cacahuetes saldremos de dudas.

Y recogió sus cosas para echar a andar en dirección a dicho bosque encantado, enarbolando un dedo justiciero y mascullando que ya no había respeto en el mundo por nada ni por nadie. Un buen escobazo en el trasero es lo que haría falta, vaya que sí.

Lila aprovechó el silencio ofendido para ahondar en su ya de por sí profundo mar de dudas. Al que sólo le faltaba el jarro de agua fría que había sido el incidente matutino. Ejem, llamémoslo así.

Temía que su determinación inicial quedara sepultada bajo el miedo. Y de eso había mucho, y aumentaba con cada paso que daba hacia su yo interior,oculto en brumas de incertidumbre. La bruja afirmaba que no había maldición alguna, pero sí que había algo...algo que se había manifestado, que casi había alcanzado la superfície. Lo había sentido con toda claridad. ¿Y si, al final de todo el sainete, no lo conseguía retener o lo debía dejar ir? Entonces, quién o qué sería ella? ¿La dulce princesa que todavía temía a la oscuridad o aquel torrente de energía animal e imparable? Para qué temer a los monstruos si en ella dormía uno. Y no por mucho tiempo más.
Y si era tan fuerte como todavía no lograba admitir, nada ni nadie lo podria detener.

En tales pensamientos buceaba cuando, después de algún que otro incidente aislado con protagonistas como un lirón remilgado ["Para cuándo el segundo desayuno? Tomaré té con una nube de leche y pastas. Gracias"] y un hado quejica ["Me parece que no tengo del todo rehabilitada el ala. ¿Me das un masaje?"] , llegaron a los confines del bosque de los Cacahuetes al anochecer, con una muy irritada Cat arrastrando los pies, la escoba e instintos asesinos.

-Mierda, hay centinela. - Gruñó la bruja. Se volvió rápidamente a los demás.
-Bien,un problema gordo. Y otro peludo. Y otro principesco.
-¿A quién llamas gordo, tú?
- Silencio. En este bosque no dejan entrar a nada que no sean brujas ni alimañas. A parte de mí sólo dejarían pasar por su propio pie al lirón, aunque con esos aires de lord Byron que se da probablemente también lo despidan con un rayo en el culo. Pensemos.

Volver invisible a la gente, a hadas o a roedores es algo irrealizable, una absurda leyenda negra. El camuflaje es otra cosa muy distinta y factible, sobre todo con prisas.

- Tenías que hacerme crecer barba, bruja loca?
- Calla infusorio. O te quedas aquí a merced de lobos hambrientos. Los druidas no son brujas pero siempre tienen un sitio en la convención. Y dado que las relaciones con ellos a veces son un tanto tensas ni siquiera les piden identificación a la entrada del bosque. Si consigo que la centinela no os mire directamente os dejará pasar sin problema.
-Pero es que parezco el hijo feo de Panorámix y Campanilla...

Cat miró su obra maestra. Dos figuras cubiertas con sendas sábanas blancas a modo de túnicas. Una de ellas era Lila, que no acababa de creerse que tuviera una larga y espesa barba blanca hasta los pies.Vivir para ver. Intuía de todas formas que debía ir acostumbrándose al pelo. La otra figura era Arnold que zumbaba colérico, bajo la sábana que flotaba un palmo por encima del suelo. Kepler intentaba por todos los medios tirar de la sábana hacia abajo para que el druida en cuestión no se confundiera con un fantasma.

- Esto...bien. Mejor que no os mire ni directamente ni torcido. Pero es lo mejor que tenemos. Vamos allá.



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