Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

sábado, 30 de noviembre de 2013

Cuento de Halloween (parte 6) : "De hojas caídas e ilusiones recogidas"



Cat extrajo de los múltiples pliegues de su vestido medieval un pequeño libro de tapas azules y con un dibujo de una luna plateada y muchas estrellas. Lo depositó con un cuidado reverencial en la mesita delante de la cual estaba arrodillada. Sus movimientos eran lentos pero seguros cuando ordenaba con ceremonia todos los ingredientes y objetos necesarios para su cometido. 

Colocó con esmero las velas dedicadas a la Madre Tierra, fuente de toda vida y energía, y mezcló agua con aceite esencial de lavanda en un pequeño difusor. A continuación inspiró e inspiró tres veces y describió con una de sus violetas a modo de varita un círculo alrededor del altar, empezando por el Este y terminando por el Norte. Finalmente cerró los ojos, extendió las manos sobre la mesa y recitó una salmodia que sólo atañe a las brujas, para pedir ayuda al Cosmos para lograr acometer su objetivo. 

Después abrió el libro, y escrutó entre sus páginas el hechizo adecuado. Su Libro de Sombras era un compendio de memorias, encantamientos, notas, enciclopedia y manual de Magia tan antigua como el tiempo, junto a varias recetas de cocina. Por todo esto, aunque de pequeño tamaño, el libro era bastante grueso, ampliado con añadidos de plantas y flores secas, extractos de textos, dibujos y recuerdos.  Aquél libro era tan antiguo como el linaje materno de su familia, que se remontaba a generaciones de mujeres especiales que habían nacido siglos atrás. Lo que tenían en común todas ellas, más allá de todas sus aptitudes únicas, era que poseían una fe inquebrantable en que todo hecho con ilusión es posible. 

Cat debía encontrar en la sabiduría ancestral de su familia el modo de llegar a casa. 

Después de hojear y hojear el libro, encontró al fin lo que buscaba. Tan concentrada estaba que no escuchó a Scarlett entrar, pues de la curiosidad ya no se podía aguantar.
Cat concentró todas sus fuerzas y recitó el hechizo. Invocó a los dioses paganos, a las antiguas fuerzas que movían un mundo joven. Con cada palabra hablaban las voces de otra época con el saber de mil vidas, secreto como lo que los ojos no ven pero que el corazón siente. 

Cat pronunció la última palabra y contuvo la respiración. El aire quedó en suspenso, como si se hubiera detenido el tiempo… Se atrevió a abrir un ojo y vio a Scarlett con la boca abierta. 

- Esto…Sigues aquí. – Observó Scarlett. 
-    Eso ya lo veo- Contestó Cat, estrujándose las manos. ¿Por qué no había resultado? ¿Es que no había forma de que su magia funcionase en aquella época? Se sentía desolada, y más perdida que nunca.

- Eh, eh, no llores. – dijo Scarlett. Cat consiguió controlar su labio inferior. – Igual es que no te centras lo suficiente.- trató de ayudar- ¿Hay algo que haga que…¿te salga mejor el abracadabra? ¿Algo que te sirva de ayuda con la conjura?
Cat pensó un momento y al final, abatida respondió:

     -Nunca he necesitado más que estar rodeada de mi bosque. De mis árboles, las flores, las hojas a mis pies, el fragante viento cantando en mis oídos…
     -Vaale, vale, ya lo pillo. Un bosque… De eso ya no queda mucho… ¡Pero no te me vengas abajo! – se apresuró a añadir cuando la otra empezó de nuevo con los pucheros. – No sé si te valdrá la zona montañosa de por aquí. Es lo único verde que tenemos cerca. – Cat dibujó una sonrisa triste que no llegó a sus ojos y respondió: – Se puede intentar. 

    -Pero…No puedes salir con esas pintas- ¿Cómo? – dijo Cat evaluándose a sí misma con ojo crítico, buscando el fallo. – Pues como recién salida del rodaje de “Juego de Tronos”…Olvídalo. Voy a buscarte algo adecuado. – Y la ayudó a vestirse con un suéter, unos vaqueros ceñidos, de época –con la consiguiente sarta de improperios con cada pernera -  Y unas deportivas. Cuando Scarlett se aseguró que Cat ya no tropezaba consigo misma y tampoco andaba como si llevara un balón de fútbol entre las piernas, consintió en que salieran.

Aquella mañana lucía un maravilloso sol de otoño, que calentaba las sonrisas y animaba al más pintado. La brisa removía el lecho de hojas marrones, amarillas y rojas alrededor de los tobillos de las jóvenes, y parecía guiarlas hacia un destino concreto. El día se había llenado de olores cálidos y dulces, de calabaza y granada, de manzana asada  y chocolate caliente.
Scarlett no sabía en qué acabaría todo aquello, y miraba de reojo a aquella chica que en cuestión de horas había revolucionado todo su mundo. Cat caminaba pensativa, sin hablar ni emocionarse con cada menudencia del siglo XXI, algo muy extraño en ella. Aquella sonrisa triste que parecía que no la abandonaría nunca era todo lo que podía leerse en su rostro. ¿En qué estaría pensando?

Cat sonreía para no desalentar a su nueva amiga, que tan amable estaba siendo con ella, pero no sentía alegría alguna. Pues había perdido su magia, ya no quedaba ninguna duda. ¿Por qué en el siglo XXI ni siquiera era capaz de sentirla? Aquella maravillosa conexión con la naturaleza y con toda vida ya no estaba. La había abandonado por completo. Se sentía desconsolada, con un destino al que no podía llegar y lo peor de todo, sin esperanza. Sentía toda la fortaleza y su fe en sí misma flaquear, pues se encontraba en un siglo incomprensible para ella solo por su culpa. Hasta hacía un par de días era la depositaria de un gran poder y de una gran responsabilidad, como suele decirse, pero todo lo había mandado a “la mierda”, (tal y como mascullaba Scarlett de vez en cuando) estuviera donde estuviese eso. Pero sí estaba segura de que las consecuencias de sus acciones se reflejaban en cada rincón de un mundo viejo y cansado de unos seres humanos sin bondad. Y se hundiría para siempre sin remedio si no volvía a tener ilusión, a creer en prodigios y a sacar la magia de donde fuera para regresar y recuperar a ese maldito pájaro. Y lo tenía que hacer sola, no valían príncipes rescatadores cuando se trata de salvar el bien. Una misión heroica, ciertamente. 

Scarlett  sentía todo lo contrario. Miraba al cielo, preguntándose si caerían de la atmósfera más brujos dándose un garbeo por el tiempo, o si vería escobas voladoras surcar el firmamento en dirección a Hogwarts. Ahora todo parecía posible, cualquier cosa podía pasar a cada momento y su mente imaginaba mil portentos que la humanidad ni siquiera se atrevía a soñar.

Y en aquellos momentos se cruzó en su camino algo inesperado. Un gato negro de pelaje sedoso y profundos ojos verdes que parecían saberlo todo. Por ejemplo, un supersticioso habría cambiado el sentido de la marcha, en un siglo en el que nadie al que se le considerara cuerdo creía en la magia. Otro se cagaría en el… gato de los … que le ha dado un susto de muerte, y se sentiría tentado de asegurarle una señora patada que lo mandaría directo a la siguiente de sus siete vidas.

Sin embargo lo que sucedió fue que una joven de unos veinte años, de cabellos dorados y ojos dulces cruzó la mirada con esos iris que parecían esmeraldas talladas. Una mirada llena de entendimiento, forjada en una afinidad difícil de explicar.

… Y dio un repentino salto arrastrando a una sorprendida Scarlett detrás de un coche aparcado. 

-   ¿Y ahora qué …? – ¡Chisssst! – la instó a callar Cat, mientras espiaba desde detrás del vehículo. Y entonces dobló la esquina un joven vestido con ropas extrañas y mirada perdida. Era el cazador. Y en el breve instante en el que Cat se quedó paralizada viendo que aquel hombre que apenas había dejado de ser un niño la había perseguido hasta el siglo XXI, el cazador la vio.
      
     Y Cat vio algo imprevisto en aquellos ojos que venían de su mismo mundo.

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