Llamando a la Tierra

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lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuento de Halloween (parte 3) : "Scarlett"



Cat notó en el rostro el roce de un cuerpo peludo y sedoso. Ah, su gato. Había sido todo un sueño. Una terrorífica pesadilla, para ser exactos. Se estiró, aún con los ojos cerrados. Entonces notó que una lengua húmeda y pegajosa lamía su cara. Aquello no era el  gato. Él jamás en la vida haría algo tan propio de…Abrió un ojo y vio ¡un perro! 

-          ¡Jack, aparta! – Escuchó una voz femenina. Entonces el perro se retiró y entró en su campo de visión la imagen de una chica, o lo que debía ser una chica, joven, de edad similar a la suya, con el pelo corto, muy claro y en punta como si hubiese sido víctima de un hechizo erizante y los ojos y los labios pintados de negro. 

-          – ¿Tía, estás bien? ¿A estas horas ya estás pedo? Te voy a llevar al hospital. – Y antes de que Cat pudiera decirle que ella no era un pedo y que estaba perfectamente con la salvedad de ser de otra época, la joven de pelo puntiagudo tiró de ella, se pasó uno de sus brazos alrededor del cuello y se levantaron las dos. El perro llamado Jack correteaba entre los pies de las jóvenes y la recién llegada tiró de la correa y lo apartó riñéndole. Echó a andar, pretendiendo arrastrar a la  bruja, y Cat retomó el control de sus extremidades.

-          Esperad, esperad. – Clavó los tacones en el suelo e impidió que la otra siguiese tirando de ella. – Me encuentro perfectamente. Agradezco de corazón vuestra ayuda, joven dama, pero no perdáis vuestro valioso tiempo por hacerme la merced - La otra chica la miró como si le hubiera hablado en sánscrito  y dijo- Ay madre, deliras y todo. Tenemos que darnos prisa, a ver si tienes conmoción cerebral o algo así de chungo. Vamos a pillar un taxi. – Y siguió tirando de ella. Cat no había comprendido nada de aquella jerga futurista, y trató de explicarse.

-          Teneos, señora. No me acontece ningún mal, salvo el de que por mi mala ventura, no pertenezco a este lugar. – La chica la miró, esta vez con algo de impaciencia. – De verdad, tía, que tú estás muy mal. O espera- Y la sospecha centelleó en sus ojos marrones. - ¿Te estás quedando conmigo? ¡Sí, claro, es eso! ¡Confiesa! ¿Dónde está la cámara oculta? – Y se puso a otear a su alrededor en busca de esa cosa que según parecía estaba oculta. – Pues vete a la mierda, capulla – La soltó bruscamente,  dio media vuelta y se alejó tirando de su perro, que caminaba de mala gana echando miradas a sus espaldas, donde estaba Cat plantada sin comprender nada de lo que acababa de pasar.

Y ya estaba muy harta de aquélla época incomprensible. Debía encontrar un lugar tranquilo para tranquilizar su mente y poner en orden sus ideas y en marcha un plan. Pero definitivamente el siglo XXI no ayudaba a la concentración. Necesitaba ayuda. Y comprendió que ésta acababa de doblar la esquina.
Salió corriendo en pos de ella. Casi derrapó cuando entró en la calle por la que había desaparecido aquella chica, y alcanzó a verla delante de una puerta, a punto de traspasarla.

-        - ¡Aguardad, os lo ruego!- se recogió las faldas y corrió hasta alcanzar a la muchacha, que la miraba muy enfadada.  

-          Oye, ¿qué quieres? Ya te vale con el jueguecito. ¿Hay más contigo no? ¡Besadme el culo, mamones! – gritó a algún punto por detrás de Cat. Una señora mayor que pasaba por allí en ese momento, con un moño muy elaborado y un perrito muy repeinado, se sobresaltó ante el exabrupto y se fue muy indignada mascullando: -Jesús, María y José, a dónde iremos a parar con la juventud de hoy. – A Cat se le escapó una sonrisa. Decían exactamente lo mismo en su época.

-          Estoy sola, joven señora, no hay nadie conmigo. Creedme cuando os digo que soy sincera cuando hablo. Escuchadme, os lo suplico. Necesito que me hagáis la merced de ayudarme. – La otra chica la miró con fastidio. 

-          - Tía, de verdad, ya está bien con la broma. No tengo ganas de juegos extraños. Déjame en paz. – Y se dispuso a traspasar la puerta abierta, pero se entretuvo porque el perro repentinamente se mostró muy interesado en olisquear un árbol cercano. La chica gruñó y tiró de la correa, pero el perro levantó la pata e hizo lo que se supone que hace un perro en esta situación. La chica suspiró y se dio por vencida.

Cat se sentía muy desdichada. Estaba perdida en un mundo que no comprendía y en el que nadie la podía entender a ella. Y lo peor de todo, no sentía la magia dentro de ella, como el torrente vivificador que la llenaba por dentro cuando vivía en el bosque, y cada vez estaba más segura de que no lograría encontrar el modo de volver a su época y a su hogar, encontrase la paz necesaria para conseguirlo o no.
Sintió que la desbordaban las lágrimas. La desesperación y la angustia bañaban su cara. La otra chica levantó la cabeza al escuchar los sollozos.

-          - Ei, realmente estás muy mal… No, si todavía estarás al borde del coma etílico. – Masculló para sí. Cat seguía llorando desconsoladamente.- Anda pasa, a ver si te tranquilizas mientras llamamos a alguien que pueda venir a buscarte. Cat le sonrió entre lágrimas. 

-          Por cierto, me llamo Scarlett…En realidad me llamo Escarlata, por un arranque romántico de mi madre que adora a Escarlata O’Hara de la película “Lo que el viento se llevó”, ya sabes… - miró a Cat, que respondió con un parpadeo.

-          ¿No conoces la película? Bueno, supongo que es normal. Es una antigualla en realidad. ¿Y tú cómo te llamas? 

-          No acostumbro a decir mi nombre, de hecho, paréceme que yo misma lo he olvidado… Pero llámame Cat. – Scarlett la miró con aquella cara suya de extrañeza que parecía llevar puesta para todo el día y masculló:
-          Buf, necesita ayuda y rápido…

Entró en aquella extraña vivienda, tan alta, de bordes rectos y sin nada de encanto.
En ese momento se encendieron las luces de la planta baja. Cat soltó una exclamación de sorpresa.

-¡Vaya! ¡Las luces se han encendido solas! ¿Sois magos en tu casa? ¿O es una habilidad que tenéis todos en este siglo? He notado que las calles también tienen luz- Scarlett parecía a punto de explotar.

- ¿De verdad te crees estas chorradas? – No sé lo que son chorradas, y si me permitís, tampoco sé que es una “película”. ¿Tendríais la bondad de explicármelo? 

- Pero, ¿tú de dónde has salido? – La miró como si la viera por primera vez.- ¡No vas disfrazada por Halloween! ¿Qué eres, una de estas personas que cree en la religión Wicca? ¿O una amish? Claro, eso explicaría muchas cosas…

- Mmm no, en realidad no, no sé de qué me habláis, no conozco las palabras que usáis en esta época… Yo soy bruja por vocación y profesión y  vivo en el bosque, pero muy lejos en verdad. Abandoné mi casa en el año del señor de 1513 y por mi mala fortuna o una rara conjunción astral mi conjuro falló y aparecí aquí.  Y vos me encontrasteis desfallecida después de haber descubierto mi fatal error.

Scarlett no sabía en dónde meterse. Deambulaba de un lado para otro casi tirándose de sus erizados pelos y murmuraba:

-         -  Joder, joder, joder, esto es peor de lo que creía. He ido a encontrarme con una pirada…- La miró con cautela y repentinamente - ¿Tú no te habrás escapado de algún bonito hospital verdad? 

-          – No, ya os he dicho de donde vengo y cuál es mi condición. – Se puso seria.- ¿Es que os disgusta mi presencia? Porque si es así no os importunaré más. – E hizo una pequeña y graciosa reverencia.- Con dios, joven señora, agradezco todo cuanto ha acontecido en vuestra compañía. – Y se dio la vuelta. Scarlett pensó en un primer momento que bien, que ya se iba el problema, pero le dio pena ver a aquella lunática pelearse con la puerta, pues no tenía pomo, sino que se abría con un interruptor en el que aquella, muy concentrada en alzar los brazos y decir con voz fuerte y clara “¡ábrete!”  , no había reparado. Se dirigió a una muy cabizbaja Cat y la tomó de la mano.

-          Anda ven. Te prepararé un chocolate mientras te ayudo a encontrar tu casa. – Cat se puso repentinamente muy contenta. Radiante, siguió a Scarlett hasta el ascensor. La cara de asombro que puso cuando vio las puertas abrirse no tenía precio. 

-        -   Jesús, María y José, ¿qué prodigio es éste? ¡Tenéis una caja mágica aquí! – Emm, no, va a ser que no- dijo Scarlett, poniendo los ojos en blanco y pensando que iba a pasar un rato muuuy largo- Esto es un ascensor. Sirve para ayudarte  a subir a tu planta. 

-         - ¿Planta? ¿Hemos de subir a un árbol? – dijo Cat con unos grandes e inocentes ojos.-  Noooo. Una planta es un piso. Yo vivo en un quinto piso.
-        -  Oh, ¿y hay gente que vive arriba, y también debajo?  - Lo vas cogiendo, sí. – Cat soltó una carcajada repentina. A Scarlett le pareció como la risa de un niño.- Qué extrañas son las personas de este siglo, que les agrada vivir apiladas. - Y entró en el ascensor muy divertida todavía. Scarlett dijo : - Si yo te contara de personas raras…

     Cuando consiguieron llegar al quinto piso, pues Cat se había mostrado tan entusiasmada con los botones que los había tocado todos antes de que Scarlett pudiera detenerla, ésta estaba haciendo acopio de mucha paciencia.La iba a necesitar.



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