Al traspasar el umbral, Scarlett
dejó que Cat jugara un poco con sus llaves de casa, por lo visto unas “pequeñas
varitas mágicas que lo protegen todo con sólo un ligero movimiento”. Después se
sintió tremendamente ridícula nombrando cada mueble y cada electrodoméstico de
su piso y sus funciones, ante las interminables, exasperantes y absurdas
preguntas de la otra.
Finalmente, aquella extraña joven
se sentó en el sofá, con los ojos brillantes de emoción, exactamente como los
de un niño que descubre por primera vez el mundo. A Scarlett le parecía
escuchar el ruido de los engranajes del cerebro de la otra, pues no quitaba ojo
del televisor, el cual había encendido para que viera su funcionamiento.
Scarlett la dejó observando con
la boca abierta aquél “prodigio”, y pensó a quién debería llamar para que
devolvieran a aquella chica a su casa. Era evidente que estaba transtornada
y que necesitaba mucha ayuda. Se puso a buscar la agenda de teléfonos de
sus padres, una reliquia que vivía sus últimos días como tantas otras cosas
bajo el dominio de la tecnología, pero que seguía siendo muy útil porque tenía
los teléfonos de todos los servicios imaginables.
En esas estaba cuando escuchó a
la otra hablar:
- Habéis sido muy amable conmigo, trayéndome a
vuestra casa y ofreciéndome cobijo y protección en este tiempo extraño para mí.
Querría daros un humilde obsequio en agradecimiento por vuestros desvelos –
Scarlett vio cómo rebuscaba entre los pliegues de su vestido, que parecía tener
diminutos bolsillos ocultos, y sacó tres pequeñas florecillas violetas.
- Éstas violetas eran las flores preferidas de mi
señora madre. Ella era de Francia, ¿sabéis? y cuando vino aquí se trajo
semillas para seguirlas teniendo con ella. Solía decir que atraen la buena
fortuna. Yo siempre llevo conmigo unas pocas para sentirme cerca de mi madre. –
Scarlett se acercó para tomar las flores, y cuando las vio mejor se quedó
pálida. Se sentó en el sofá.
¿ - De dónde has sacado esto? – Susurró, sin poder
dar crédito a sus ojos. – Oh bueno, las cultivo en mi casa, y siempre tengo,
frescas o puestas a secar dentro de mis libros – dijo la otra. - ¿Hay más? –
balbuceó Scarlett- Sí, muchas más, el parterre se ha hecho enorme- Dijo Cat con
una sonrisa de orgullo.
-
¿Os pasa algo? Parece que hayáis visto un
espectro. – Más o menos…- murmuró Scarlett. La muchacha se sentía como si todo
se hubiera puesto de repente del revés. No se atrevía a mirar a aquella joven
de mejillas sonrosadas y ojos de niña que – oh dios mío oh dios mío oh dios mío
– era del siglo XVI !
Scarlett la observó a través de las pestañas
entretenerse con un mechón de pelo. Quitando de la vestimenta renacentista, el
lenguaje medieval, y algunas rarezas – demasiadas en realidad , aunque en ese mundo de locos cabía de todo. - Parecía tan normal...! como cualquier otra
chica de su edad, que fuera a la
universidad, saliera de fiesta los jueves por la noche con los amigos, tuviera
novio, una familia en el siglo que toca… Scarlett sintió que la invadía un
nuevo sentimiento, añadido a la enorme conmoción: el de la compasión.
Comprendió entonces lo sola en el mundo que estaba Cat.
Estaba tratando
de digerir toda aquella avalancha de pensamientos, sin que todas las ideas que
se apelotonaban, chillaban y preguntaban en su cerebro se dignasen a salir por
su boca, cuando se escuchó un pitido en la cocina : El horno.
Estaba depositando
los cupcakes en una bandeja cuando escuchó
algo parecido a un rugido de un monstruo aterrador. Levantó la vista sobresaltada
y vio a Cat con la vista fija en las madalenas, que desprendían un olor
delicioso. El estómago de la joven gruñía como un dragón. Scarlett comprendió.
Después de que
Scarlett insistiera, y 4 madalenas más, a aquella chica que venía del pasado le
dio por parlotear sin cesar. >>Mírala, como si nada fuera con ella. Me
voy a volver majareta, tralaraaa << pensaba Scarlett.
- Estos pasteles son lo más sabroso que he probado
en mi vida – decía la otra sin parar - Tenéis un talento excepcional para la
cocina. Querría que me enseñarais a prepararlos, aunque no creo que sea capaz
de hacer funcionar este aparato infernal – dijo mirando al horno, aún caliente.
Scarlett no pudo evitar sentirse orgullosa de que su repostería encandilase incluso
a gente de otra época. El comentario la devolvió a la Tierra e hizo que se
centrase en lo evidente: Eh, ¡que tenía a una autodenominada “bruja”
renacentista en su casa! ¿Por qué demonios no volvía a su época? ¿O es que
había decidido hacer un poco de turismo por el siglo XXI? Y espera, espera,
cómo se suponía que iba a volverse por dónde había venido, 5 siglos atrás? Claaaro,
con los p-o-d-e-r-e-s, algo que ella aún no había visto por ningún lado, y no
estaba segura de querer hacerlo. Scarlett se sentía cada vez más acalorada.
- ¿Sucede algo? ¿Padecéis de fiebres? – dijo Cat,
mirándola con gran preocupación. La muchacha se esforzó por mantener la
compostura.
- No,no es nada, es sólo que - dijo con un hilo de voz – me preguntaba
cuándo piensas volver a tu época – terminó sintiéndose muy ridícula y al borde
de la locura.
- Oh bueno, esto es algo sobremanera complicado.
He descubierto que en este siglo no puedo hacer magia. Es como si en este
tiempo se hubiera extinguido por completo…
>> Es muy muy
triste, puesto que me parece, por las imágenes de ese prodigioso “televisón”
que el mundo ahora es un lugar en el que todo es mucho más complicado y reinan
el dolor, la avaricia y la desesperanza, en lugar de la felicidad de una vida
sencilla, disfrutada con amor por la propia existencia y con fe en los
prodigios, puesto que hoy ya se sabe todo y no queda lugar para la ilusión. Ésa es la verdadera magia, y si existe en esta
tierra, es demasiado escasa. <<
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