Llamando a la Tierra

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martes, 5 de noviembre de 2013

Cuento de Halloween (parte 4) : "De violetas y pasteles"



Al traspasar el umbral, Scarlett dejó que Cat jugara un poco con sus llaves de casa, por lo visto unas “pequeñas varitas mágicas que lo protegen todo con sólo un ligero movimiento”. Después se sintió tremendamente ridícula nombrando cada mueble y cada electrodoméstico de su piso y sus funciones, ante las interminables, exasperantes y absurdas preguntas de la otra. 

Finalmente, aquella extraña joven se sentó en el sofá, con los ojos brillantes de emoción, exactamente como los de un niño que descubre por primera vez el mundo. A Scarlett le parecía escuchar el ruido de los engranajes del cerebro de la otra, pues no quitaba ojo del televisor, el cual había encendido para que viera su funcionamiento.

Scarlett la dejó observando con la boca abierta aquél “prodigio”, y pensó a quién debería llamar para que devolvieran a aquella chica a su casa. Era evidente que estaba  transtornada  y que necesitaba mucha ayuda. Se puso a buscar la agenda de teléfonos de sus padres, una reliquia que vivía sus últimos días como tantas otras cosas bajo el dominio de la tecnología, pero que seguía siendo muy útil porque tenía los teléfonos de todos los servicios imaginables.

En esas estaba cuando escuchó a la otra hablar:

   -   Habéis sido muy amable conmigo, trayéndome a vuestra casa y ofreciéndome cobijo y protección en este tiempo extraño para mí. Querría daros un humilde obsequio en agradecimiento por vuestros desvelos – Scarlett vio cómo rebuscaba entre los pliegues de su vestido, que parecía tener diminutos bolsillos ocultos, y sacó tres pequeñas florecillas violetas. 
  
           -     Éstas violetas eran las flores preferidas de mi señora madre. Ella era de Francia, ¿sabéis? y cuando vino aquí se trajo semillas para seguirlas teniendo con ella. Solía decir que atraen la buena fortuna. Yo siempre llevo conmigo unas pocas para sentirme cerca de mi madre. – Scarlett se acercó para tomar las flores, y cuando las vio mejor se quedó pálida. Se sentó en el sofá.
  
¿     - De dónde has sacado esto? – Susurró, sin poder dar crédito a sus ojos. – Oh bueno, las cultivo en mi casa, y siempre tengo, frescas o puestas a secar dentro de mis libros – dijo la otra. - ¿Hay más? – balbuceó Scarlett- Sí, muchas más, el parterre se ha hecho enorme- Dijo Cat con una sonrisa de orgullo.

- Pero esto, esto no es posible… Estudio biología y esto es viola cryana, una variedad de violeta…endémica de Francia…y extinta.- Terminó mirando a Cat, que la observaba con el interés pintado en sus ojos oscuros.
-          ¿Os pasa algo? Parece que hayáis visto un espectro. – Más o menos…- murmuró Scarlett. La muchacha se sentía como si todo se hubiera puesto de repente del revés. No se atrevía a mirar a aquella joven de mejillas sonrosadas y ojos de niña que – oh dios mío oh dios mío oh dios mío – era del siglo XVI !
    
      Scarlett la observó a través de las pestañas entretenerse con un mechón de pelo. Quitando de la vestimenta renacentista, el lenguaje medieval, y algunas rarezas – demasiadas en realidad , aunque en ese mundo de locos cabía de todo. - Parecía tan normal...! como cualquier otra chica de su edad, que  fuera a la universidad, saliera de fiesta los jueves por la noche con los amigos, tuviera novio, una familia en el siglo que toca… Scarlett sintió que la invadía un nuevo sentimiento, añadido a la enorme conmoción: el de la compasión. Comprendió entonces lo sola en el mundo que estaba Cat. 

Estaba tratando de digerir toda aquella avalancha de pensamientos, sin que todas las ideas que se apelotonaban, chillaban y preguntaban en su cerebro se dignasen a salir por su boca, cuando se escuchó un pitido en la cocina : El horno.

- Oh, lo había olvidado – masculló Scarlett, parpadeando mareada tratando de volver a la realidad, surrealismos a parte. Se levantó de un salto y huyó a la cocina a sacar los cupcakes de Halloween que había preparado para la ocasión, deliciosas madalenas de calabaza, jengibre y nueces.  Aunque dadas las circunstancias no sabía a qué le sabrían.

Estaba depositando  los cupcakes en una bandeja cuando escuchó algo parecido a un rugido de un monstruo aterrador. Levantó la vista sobresaltada y vio a Cat con la vista fija en las madalenas, que desprendían un olor delicioso. El estómago de la joven gruñía como un dragón. Scarlett comprendió.

- Claro, debes estar muerta de hambre. – Y le ofreció a Cat la bandeja de cupcakes. La muchacha parecía capaz de comérselos todos, pero tomó uno con delicadeza y se lo comió con el agradecimiento pintado en la cara.


Después de que Scarlett insistiera, y 4 madalenas más, a aquella chica que venía del pasado le dio por parlotear sin cesar. >>Mírala, como si nada fuera con ella. Me voy a volver majareta, tralaraaa << pensaba Scarlett.

     - Estos pasteles son lo más sabroso que he probado en mi vida – decía la otra sin parar - Tenéis un talento excepcional para la cocina. Querría que me enseñarais a prepararlos, aunque no creo que sea capaz de hacer funcionar este aparato infernal – dijo mirando al horno, aún caliente. Scarlett no pudo evitar sentirse orgullosa de que su repostería encandilase incluso a gente de otra época. El comentario la devolvió a la Tierra e hizo que se centrase en lo evidente: Eh, ¡que tenía a una autodenominada “bruja” renacentista en su casa! ¿Por qué demonios no volvía a su época? ¿O es que había decidido hacer un poco de turismo por el siglo XXI? Y espera, espera, cómo se suponía que iba a volverse por dónde había venido, 5 siglos atrás? Claaaro, con los p-o-d-e-r-e-s, algo que ella aún no había visto por ningún lado, y no estaba segura de querer hacerlo. Scarlett se sentía cada vez más acalorada. 

        -  ¿Sucede algo? ¿Padecéis de fiebres? – dijo Cat, mirándola con gran preocupación. La muchacha se esforzó por mantener la compostura.

       - No,no es nada, es sólo que  - dijo con un hilo de voz – me preguntaba cuándo piensas volver a tu época – terminó sintiéndose muy ridícula y al borde de la locura. 

             -   Oh bueno, esto es algo sobremanera complicado. He descubierto que en este siglo no puedo hacer magia. Es como si en este tiempo se hubiera extinguido por completo…

>> Es muy muy triste, puesto que me parece, por las imágenes de ese prodigioso “televisón” que el mundo ahora es un lugar en el que todo es mucho más complicado y reinan el dolor, la avaricia y la desesperanza, en lugar de la felicidad de una vida sencilla, disfrutada con amor por la propia existencia y con fe en los prodigios, puesto que hoy ya se sabe todo y no queda lugar para la ilusión.  Ésa es la verdadera magia, y si existe en esta tierra, es demasiado escasa. <<

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