Llamando a la Tierra

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lunes, 16 de diciembre de 2013

Cuento de Halloween (parte 7) : "Miradas transparentes al pasado y al futuro"



Alivio. Lo que Cat encontró en los ojos del cazador era un inmenso alivio.¿Por encontrarla?
No tenía sentido. A menos que fuera debido a las ganas de terminar el trabajo iniciado unos cuantos siglos atrás. Inmersa en la incertidumbre y el temor siguió agazapada detrás del coche, sin escuchar apenas las preguntas de Scarlett. 

El gato lo observaba todo desde su posición, y no movió ni un pelo cuando el cazador echó a correr hacia donde estaban las jóvenes. 

Al verle, Cat se asustó muchísimo, viendo confirmados sus temores y con la imagen de la turba de aldeanos buscando hacerle daño muy viva en su mente, en lugar de la realidad de un muchacho asustado. Cat dio un salto y arrastró a Scarlett tras de sí en una carrera por las calles soleadas, sin ver ni escuchar más que a sus propios miedos. 

De pronto, la mano de Scarlett se soltó, y el tiempo pareció detenerse en torno a Cat…y se aceleró con el coche que se abalanzaba sobre ella por momentos. Cat lo vio venir pero su cuerpo no respondía. Ni su magia, como de costumbre. El choque era inminente, y en la placidez que precede al desastre, Cat vio al conductor mirando hacia atrás, riñendo a sus dos hijas que probablemente no dejaban de pelear. No los odió. Cerró los ojos. 

Entonces, algo se lanzó sobre ella y la echó al suelo apartándola del camino de la máquina asesina. Aturdida, y sorprendida de seguir entera, Cat vio al coche, detenido en seco, sus puertas abiertas y rostros preocupados, junto a Scarlett en la acera mirando hacia ella con la boca abierta, al gato un poco más allá muy ocupado lamiéndose una pata y…tendido a su lado, su salvador. El cazador.

     - Lo siento muchísimo! ¡Ni te había visto! – exclamó un señor con bigote y mirada bondadosa. ¿Estáis bien los dos? Llamaré a una ambulancia. Lo lamento de veras, en el alma…- dijo sacando el móvil. Y entonces intervino Scarlett, inspirada de pronto por una imagen de autoridades pidiendo cosas tan modernas como DNI’s, números de la seguridad social, o apellidos.
- No se preocupe caballero, mi hermana es muy despistada y le tengo dicho que no vaya por ahí con el ipod…pero está bien, ¿ve? – le echó a Cat una de sus características miradas sulfúricas y ésta, sentada todavía en la calzada se levantó de un salto y le ofreció al señor del bigote una radiante sonrisa de “accidente, ¿qué accidente?”. Scarlett se afanaba por convencer al hombre preocupado de que olvidase lo ocurrido, y fuera de la atención de todo el mundo, Cat encaró la suya al cazador.

-  ¿Por qué lo has hecho? Hace unos días querías matarme – dijo Cat, aunque en realidad habían sido unos siglos, para ellos seguían siendo escasas jornadas. Dos almas perdidas en la inmensidad del tiempo.

 - En el mismo momento en que huiste a tu habitación me arrepentí de lo que estaba tratando de hacer. No eras ninguna amenaza, a pesar de que tienes un gato demente. Pero los sermones de los sacerdotes eran tan convincentes… Comprendí que hacerte daño a ti era abrirme las puertas al infierno, y traté de detenerte pero ya te habías marchado y sin saber cómo me encontré en este horrible lugar. Y sólo pensaba en lo patán que había sido, y lo fácil que me habían engañado, y que debía encontrarte para reparar mi error. – El cazador no se atrevía a mirar a Cat a los ojos, pero poco a poco se atrevió a levantar la vista del suelo, aquél maldito suelo que parecía un río negro y cruzó sus ojos verdes con los castaños de Cat, y la joven bruja vio en ellos bondad y un inmenso arrepentimiento.

Turbada, dirigió su mirada a las gentes del siglo XXI, y observó a las dos niñas del coche abrazarse, darse muchos besos y prestarse sus respectivos juguetes, los causantes de la discusión que podría haber provocado un desastre. La hermana mayor rodeaba a la pequeña con un brazo y le enseñaba a jugar a la Nintendo DS, mientras la otra se reía de puro contento.

Cat sonrió ante tan tierna escena, comprendiendo que en realidad sí había bondad en aquella época, y que aquellas niñas, igual que los alegres pilluelos que le habían dado caramelos hacía una vida, llegarían a ser hombres y mujeres de buen corazón, que enseñarían a sus hijos a cuidar del mundo que les habían dejado sus antepasados.  Después de todo, el ave dorada se había salvado, o de alguna manera había hecho llegar su magia al futuro, o podía ser que en realidad no fuera tan especial como contaban las leyendas.
Con todo, ya no era responsabilidad suya y había visto con sus propios ojos que en los siglos venideros seguiría existiendo el gran poder de un corazón bondadoso y una mente despierta a imaginar.
Podía vivir en paz siendo ella misma, libre del peso de un mundo no del todo malo.

En ese momento, notó un estremecimiento en la punta de los dedos, la familiaridad de su magia volviendo a ella junto con la confianza en sí misma. Sintió que había llegado el momento de volver a su lugar en la línea del tiempo, y de que podía hacerlo. Tomó la mano del cazador y le sonrió. No había reparado aún en cómo chispeaban sus ojos verdes.


>> Scarlett se despidió de aquella agradable familia y los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su vista. Aliviada, se giró hacia donde estaba aquella condenada bruja que tantos problemas le acarreaba…Y descubrió que ya no estaba. Y tampoco el cazador.

En su lugar había un montoncito de violetas. Scarlett comprendió. Y cobijó a las frágiles flores en sus manos, apretándolas contra su pecho y sin atreverse a admitir del todo que estaba apenada. Realmente apenada.

Finalmente dio media vuelta y se dirigió a su casa, llevando en sus manos el símbolo de una amistad que perduraría sin marchitarse a través de los tiempos. Y sintiendo que en su interior algo había cambiado, permitiéndole dar una ojeada a una realidad más versátil si se era capaz de mantener la ilusión y la fe en los prodigios del ser humano. Y rió al percatarse de que un gato negro caminaba a su lado, con sus profundos ojos de cristal fijos en el futuro. <<

Fín de este Cuento

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