Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

viernes, 3 de enero de 2014

Cuento de Reyes (los Magos, no los otros)



Noche de Reyes. (pero  de los Magos eh?, a los Bombones los dejamos tranquilos, que ya bastante tienen con lo suyo). Los invitados a la cena del 5 de enero hace rato que se han ido y la casa permanece en silencio. El viejo árbol de Navidad ilumina su rincón con sus bombillitas medio fundidas. El árbol es hermoso, a su manera…La única manera posible cuando durante más de dos décadas las niñas de la casa se han dedicado a jugar y a perder los adornos y las figuritas del Belén, el otro damnificado en el asunto. El árbol pues es una amalgama de adornos viejunos hechos polvo y nuevos de repuesto, y los de repuesto de los de repuesto, pues la Navidad no llega del todo si una de las bolas no se cae y se hace trizas cuando le estás poniendo el hilito. Además a falta de estrella que no recuerdo ni cuando desapareció está coronado por dos o tres grandes lazos de purpurina y celofán de los regalos que siempre dan pena tirar. Y por supuesto, el viejo adorno de herradura blanca que resulta imprescindible a la señora de la casa, pues lo trajo su padre de uno de sus viajes a Suiza en los largos inviernos de los 60. Ésa no se pierde.

Pero bueno, ¿a qué tanto royo del arbolito? Sí, es muy mono, pero ahora entro yo. El na-rra-dor. Noo, no es esa jovencita dormida en el sofá con los apuntes de la monstruosidad que estudia desparramados sobre su roncante cabeza. “Física del Estado Sólido”, me parece que pone. Uff, me da escalofríos. Terrorífico de veras. 

Pues no señor, el que habla soy yo, el Duende de los Sueños. Sí, aquí abajo. Que noo, más abajo. ¿Que no me ves? Bueno, no me extraña. Seguro que también eres un estudiante de Física agobiado por cosas tan rimbombantes como la Física Nuclear o la Electrodinámica Clásica, un verdadero horror según tengo entendido, y no tienes ni un nanosegundo para pensar en nada que no esté demostrado que existe. Entonces, por qué hablas de gravitones, eh, eh, eeeeh? Te pillé. ¿Qué te crees? Que soy un duende muy leído, a ver si te enteras. También llevo un gorro verde con una borla blanca en la punta, un chaleco rojo con bolsillitos verdes (está ñoña hoy la niña, manda güevos cursilada de atuendo) y unos calcetines a rayas grises y negras. Para entendernos, soy como un Leprechaun respondón, más o menos.  Y estoy tra-ba-jan-do. Pues sí, yo trabajo, repelente científico incrédulo. Mi trabajo consiste en hacer que te duermas y entres en el mundo de los sueños sin sobresaltos. Para soñar con tus gravitones y fonones bailando la conga. Que es justo con lo que debería estar soñando ésta, pero como no me dejas trabajar con tu cháchara insulsa pues va a ser que no. 

Ah, ¿Que quieres ver cómo trabajo? Ya sabía yo que en tu cabecita científica aún quedaba hueco para la imaginación. Pues bueno, es muy sencillo. Empiezo siempre por los pies, ¿sabes? Sí, nadie dijo que era un trabajo fácil. Y poco a poco voy relajando cada músculo de mi cliente, dedito a dedito, uña, roña…Trabajo de enanos, no te creas. Y después voy subiendo, muy lentamente, hasta llegar a la cabeza, el sitio más complicado. No sabes lo difícil que es relajar un cerebro estresado. Éste en concreto lo está mucho, si lo sabré yo. Pero finalmente consigo que cada uno de mis clientes se duerma. ¿Que qué saco de todo esto? Pues los sueños, hombre, qué va a ser? Me alimento de ellos. Existo porque existen los sueños, y los sueños existen porque existe un servidor. Y basta de rollos, que se me acumula el trabajo.

Pero espera, ¡alguien está entrando por la chimenea! ¿¡La competencia!? Sueños en technicolor aromatizado, ¡como si lo viera! ¡Se van a enterar!

Ah no, no es la competencia, son los Reyes Magos. Cada Navidad me cojo un empacho de esos sueños de fruta escarchada de los más pequeños. Ya se acaban las vacaciones, por lo que veo. Pobre criatura ésta, le toca una ración triple de pesadillas con los exámenes. Y a mí. Glups.
Vaaaya, y ahora se ponen a hablar. Me la van a despertar y se acabó la cena. Peste de Magos metiches…

- Mira, se ha quedado dormida estudiando. Pobrecita…-Dice Melchor, con su característica mirada bondadosa.
 
      -Sí, Estado Sólido, uuufff…como para no caer en coma… - Gaspar interviene con una mueca. 

     - Bueno, si se despierta y nos pilla, procedimiento estándar BJ-41 como siempre ¿no?- suelta el pragmático Baltasar. 

-Sí, pero ésta es científica y está ya crecidita, habrá que recurrir a grandes dosis de realismo, empirismo y pragmatismo. Con los niños es distinto, pues sus recuerdos son maleables y siempre les llega el chasco de “los Reyes no existen, son los padres” que es demoledor. – observó Melchor.

         - Sí,  ¿cuándo dejarán de hacer chistes a costa nuestra? Lo último que he escuchado es “La salida de la crisis no existe, son los padres”. Qué poca gracia, por Dios. – resopla Baltasar.

       -  A ése ni lo mentes que él es el que nos ha puesto el trabajito este vitalicio. Aunque tengamos que trabajar de la única forma posible, haciéndoles creer que son ellos los que compran los regalos, no que los traemos nosotros. En el mundo de los adultos responsables y realistas cabemos de tapadillo. – Y que lo digas…-murmuro yo, artista del “camouflage”. Sino, más de una vez los insomnes me confundirían con el Ratón Pérez…O con una rata de alcantarilla. Se liaría una buena.
  
-   ¡Bueno!- interviene Gaspar- dejemos ya los regalos y vayámonos, que me ha costado siglos fabricar la dichosa “tablet”.

      -  Sí, vamos…-dice Melchor.- Aunque creo que esto no es lo que más ilusión le hace a ella…¿No creéis?

       -Ya, pero sabes que nosotros no podemos cambiar el pasado, lo sabes.-dice Baltasar.- Ojalá pudiéramos volver atrás y remediar que no perdiera la ilusión tan pronto…Mira que los niños son crueles a veces.

     -    Sí, pero ésos están ya para siempre en la lista del carbón, aunque lo reciban de una u otra forma.-   Venga, vámonos. Estos asuntos tan trascendentales no son cosa nuestra.

Y ¡puf! Tal y como han aparecido, se van sin dejar rastro. Pensativo, miro a la joven roncante. He pasado 22 años en su cabeza y es verdad que no siempre hay cosas bonitas en ellas. Y no me refiero precisamente a los fonones. Y decido que puede que no sea cosa suya, pero sí mía.

Y le inspiro esta historia entre sus muchos y diversos sueños, algunos bonitos, otros feos, para que al menos pueda creer de verdad en prodigios un nanosegundo más.

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