La princesa Lila se mantenía firme frente a la Guardia Real enviada por la Queen para requerir amablemente su vuelta al palacio. Ante la negativa, también amable, a tal requerimiento, los soldados se miraban de reojillo y a los demás presentes.Una muchacha estrafalaria, con el pelo rojo y erizado parecía estar en trance o drogada, y una musaraña se tomaba un té mientras ojeaba el último número de "Investigación y Brujería", a falta de nada mejor que hacer.
El capitán de la Guardia se cuadró ante la princesa y abrió la boca con ánimo de decir algo muy tajante y muy marcial, a todas luces. Lila se preguntó qué iba a pasar.
Y el capitán...Estornudó.
Es más, estornudó de nuevo. Y otra vez. Y otra. Y todos los demás soldados. Estornudaban y moqueaban como si no hubiera mañana. Lila no daba crédito a lo que estaba viendo. Miró de inmediato a Cat, que se desternillaba de risa, mirando al verdadero artífice del fenómeno, zumbando unos centimetros sobre la Guardia. Arnold.
El hado madrino, como criatura de magia blanca y bondadosa espolvoreaba a los soldados con polvo de duende verde moco. Un color muy acertado, si se me permite el apunte.
El capitán, esforzándose por frenar aquel arranque tan poco digno y sonándose con el estandarte real, se dirigió una vez más a Lila, que también las estaba pasando canutas por permanecer seria y principesca.
- Alteza...¡Atchís! Su Majestad la Reina...a...a...¡atchuá! ¡le enviaba también un mensaje! Vuestra real personaaa..aa,aaatchúm! está prometida con Su Alteza Real el Príncipe de las Islas de Caucho. ¡Atchís, atchás! Por Belcebú, esto es un infieeer eee eeetchium!
- ¿C-cómo? ¿Cuándo ha sido eso? ¿Y no pensaba consultarme? - Lila parecía en efecto toda una princesa.De esas que mandan cortar cabezas.
-Yo do sé dada pnincesa. Yo sólo soy un mangdao mire usté...¡atchís!
-¿Y ya está? ¿Eso es todo? - el capitán se encogió de hombros y se sonó en la capa del teniente. -Pues esto no va a quedar así. Lo voy a solucionar yo ahora mismo. ¡Responda Capitán! Está ese Príncipe en sus Islas de Corcho?
-De Causho...No , Maguestad, ha partido ¡atchías! para enfrentagse en lucha singular al temible Dgagón Pepito, malditoseacienvecessunombreatchúm.
-¿Pepito? No suena muy temible que digamos. - intervino Cat, aún con lágrimas en los ojos.
-¡atchís! ¡No pgonuncies su nombge en vano, bruja! - increpó el capitán, mirando temeroso al cielo como si fuera a desplomarse sobre su testa.
- Bien, y ¿dónde vive ese Dragón Pepito? - inquirió Lila.
-A la vuelta de la esquina. ¡Soldados! ¡ Volvemos a Palacio atchá! Ein, zwei, ein, zwei...
La comitiva mocosa se alejaba y Lila echó a andar decidida.
-¡Oye espéranos! ¿A dónde crees que vas?- dijo Cat al alcanzarla.
-A romper mi compromiso.
-¿Allí dónde el dragón? ¿Se te ha ido la olla? Además,¿ y si te esperas simplemente a que el dragón lo convierta en príncipe a la brasa?
-No puedo correr el riesgo de que siga crudo. Vamos.
La princesa seguía su camino impertérrita y los otros tres se miraron entre sí y la siguieron, en silencio, sin molestar mucho, porque si uno miraba un poco torcido parecía que salía humo de debajo de su dorada cabellera. Sólo Cat mascullaba algo de cuantiosos suplementos en su recompensa por peligro de muerte singularmente estúpida.
Efectivamente, el Temible Dragón Pepito vivía a la vuelta de la esquina, en una cueva muy típica que ni siquiera estaba en un risco escarpado,no. A pie plano.
Nuestros héroes entraron en la oscura cueva, sintiendo flaquear su ánimo aventurero, temiéndose lo peor para cuando el dragón descubriera a los intrusos...oh, no tendría piedad alguna... Nos ahorraremos una escena muy poco digna para cuando un enorme reptil que llenaba la gruta por los cuatro costados se desprendió de las sombras y les miró con su enorme cabezota. Volutas de humo se escapaban de sus fosas nasales como pelotas de fútbol.
-¿V-ves? -Glups- Aala, ya está contenta la niña. Ahí tienes a tu dragón. Pero tú tranquila chica. No te sulfures. Esperaremos tranquilamente a morir. -Gruñía Cat, para acompañar el castañeteo de dientes.
-¡No me das miedo, lagartija de pacotilla! -gritó Arnold. -¡Vas a probar mis músculos torneados en el gym! - y ante el horror de los presentes, zumbó hasta el vientre de la bestia y le propinó una serie de puñetazos. Y hasta algún mordisco.
La audiencia quedó sin aliento, fijados por el terror. El dragón emitió unos profundos sonidos guturales...
-¿Se está...riendo?- susurró Cat.
-¿Eso hace? Vaya. Pues yo me he hecho caca.- Dijo la vocecita aguda de Kepler.
Entonces el dragón abrió su enooorme boca llena de dientes afiladísimos para hablar.
-¿Quienes zois? ¿Qué quedéis? -dijo la bestia.
Lila tragó saliva y avanzó un paso.
-Soy la princesa Lila y ellos son mis compañeros de viaje.
-Ncantao, pinsesa Lila y compañedos de viaje. - Extendió una garra a modo de saludo. Lila le propinó un apretón a una uña.
-Buscamos al Príncipe de las Islas de Caucho.Tenemos...algunos asuntos que resolver.Ejem.. ¿Está por aquí? -dijo asomándose entre las patas del imponente dragón.
-¿El del mondadientes? Ha venío po aquí, zí. Quería capturarme pa que le asara castañas. Rilículo, él crujiente staba mucho más rico.
-Glups.
-Zi ez lo que yo le dezía..."Déjame dormir pesao..." Y él erre que erre con el mondadientes... Y ezo que uno ez manso y mu majo...En fín, los hay to tontos.
-Comprendo... Puuuess...dado que ya no se encuentra entre nosotros... -No, zeñora mía.-dijo el dragon moviendo lúgubremente la cabeza- Ya nada nos retiene aquí. Pues eso...hasta la vista - dijo Lila caminando hacia atrás, y los otros hicieron lo propio.
-Ah no, no sus puedo dejá marchar. Ztoy mu zolo, y el gilí eze no daba conversación -Tú verás...-murmuró Cat.
- Eeer sí, Pepito, y lo sentimos mucho, pero tenemos cosas que resolver lejos de aquí.-El dragón hizo un puchero, pero a ellos les pareció un gesto de lo mas amenazador.
-Mira, haremos una cosa, si nos dejas ir vendremos a visitarte cuando terminemos nuestras andanzas, ¿de acuerdo?
-Eso no se lo traga ni borracho...¡au! -dijo Arnold, con la correspondiente patada de Cat.
-Snif...¿Y como zé que no me mentíz? -dijo Pepito, poniendo ojitos. Y bizqueando. De repente puso la mirada perdida, como si ya no los viera. Acto seguido se puso a mirarse un hombro y a farfullar "cállate, que no me dejaz oir!".
-A mí me parece que el temible dragón "zé un zicótico" -susurró Cat. - Es momento de esfumarse, Lila, a la velocidad de la luz - Y lentamente fueron saliendo de la cueva. Pepito seguía a lo suyo, tarareando "Far over the Misty Mountains Cold" . Lila lo miró con simpatía y dijo.
-Te doy mi palabra de que volveré. - como un cencerro, te lo digo yo. Pobre chica.con lo simple que hubiera sido trabajar con Blancanieves, tan pasada ella de LSD...- La voz de Arnold aún retumbaba en la cueva cuando Lila se reunió con sus amigos y emprendieron el camino al Bosque de los Cacahuetes, en el que nuestra joven heroína debía llevar a cabo la difícil tarea de conocerse a sí misma, pero estaba segura de que con una voluntad de hierro y unos buenos apoyos lo conseguiría, a pesar de la gran dificultad que representa la falta de confianza, y es que...
-¡Eeeeh! Pero bueno,es que aquí no va a dormir nadie? En fín, me prepararé un té Earl Grey para el camino...
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