Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

lunes, 26 de septiembre de 2011

Heaven

27 de septiembre de 1880

La una de la madrugada. Septiembre desgrana brisas frescas que se cuelan por mi ventana y acarician mi rostro con los olores del otoño. En la casa han apagado ya las luces y escribo en mi diario secreto con la única lumbre de un pequeño farolillo de la calle que derrama alegres mosaicos en el suelo de mi habitación, y una vela casi agotada; al contrario que mi ánimo, que bulle de excitación.
Duermen todos ya, pero yo deseo contar la dicha tan grande que inunda mi ser como un violento oleaje, al tiempo que serena mi alma y la deja en paz, como nunca antes había estado en mis 20 primaveras. Jamás había albergado en mi interior un sentir tan fuerte, de gozo infinito, el que sólo se puede sentir cuando se ama y se es correspondido.  La alegría llega con su sonrisa, iluminando incluso una noche sin estrellas, y se va en cuestión de segundos con el último adiós.

Al tiempo lloro de risa que sollozo de impaciencia por acercar de nuevo a mis labios ese milagro que es su aliento. Él es la razón por la cual no quiero dormir, pues la realidad supera con creces mis sueños, y en brazos de Morfeo no se llega a tocar el cielo como cuando él me rodea y puedo descansar en su pecho, el lugar donde sé que estoy más cerca de su corazón y las tinieblas se desvanecen.

Le conocí en la playa, cuando las últimas luces del crepúsculo teñían de rojo y oro la inmensidad del firmamento, y el lejano rumor de las olas era lo único que se escuchaba en aquel remanso de paz, pero fue inaudible para mi, así como todo lo demás desapareció a mi alrededor, excepto su rostro.
Ni en mis más hermosos sueños había visto una visión tan perfecta. Me quedé maravillada con el tono pálido de su piel, más divina que humana, iluminada por unos ojos transparentes de distinto color, de avellana y ámbar, que traían el mundo en una sola mirada, y promesas.  Al instante deseé poder besar sus labios de caramelo, cuya sola visión me sumió en un trance sin precedentes, y del que no quiero salir jamás en lo que me quede de existencia.

Y por algún extraño motivo que no alcanzo a entender, y menos aún si lo merezco, debido a una rara ciencia,a los hados del destino, o a Dios en su infinita bondad, este ángel terrenal me ama, como yo a él, y cuando lo comprendí hasta ahí llegó la primera parte de mi vida, concluyendo un tortuoso pasado que, como dijo alguien, no es más que el prólogo de la mejor de las historias, y desde el primer beso leemos juntos en las estrellas cuál es nuestro camino, o lo inventamos.

Él es mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste. Mi vida y mi tesoro. Todo lo que siempre había deseado y todo cuanto deseo para mi futuro. Le ha dado sentido a la palabra "amor" y a mí me lo da todo con sólo respirar.
Todo lo que soy y todo cuanto creo se ve mejorado día a día por el sentimiento que él me inspira, creyéndome capaz de poder escribir la música más bella y la historia más conmovedora para poder cantarle al mundo lo feliz que me hace. Desde el primer beso soy suya y forma parte de mi, y mi alma le seguirá donde quiera que vaya. Y tras el primer beso llegaron muchos otros, consistiendo cada cual en una pequeña maravilla, configurando la máquina más perfecta de la que es capaz el hombre, y daría la vida por sólo uno de ellos.

Labios,puertas al paraíso, sellad el soplo indómito de mi alma, que suspira por unirse por siempre a la suya en una única esencia. Y si ahora mismo pereciera, quiero morir en su boca, para llevarme al otro mundo una pequeña parte de su aliento, que me da la vida con cada beso.

Sabe a besos mi almohada. Madrugada... y él no está...

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