Llamando a la Tierra

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martes, 13 de septiembre de 2011

Letter to Dana


15 de septiembre de 1885.París

Soledad. Se respira tras los muros de Montmatre. En el viento que dobla las esquinas y se cuela por mi ventana. En las voces de los navegantes del Sena. En los suspiros de escritores, pintores y poetas que mueren de hambre encumbrando su desgracia como el último arte. En los corazones de quienes llenan los sentidos de los cabarets, con risas huecas que sólo denotan la nostalgia de algo más que no sea un roce de otro extraño, cuando la diversión pasajera y la amargura perenne se dan la mano.

Soledad resonante en mi mente, donde fluyen los pensamientos como el río de plata, esencia de la ciudad que arruina su alma en el devenir de fiestas donde se compra el Cielo por poco y se gana el Infierno a un precio difícil de pagar, haciendo arder un espíritu bueno por siempre jamás a golpes de vicio y enfermedad regados de alcohol.

La moral busca techo, pero no lo hallará aquí, en este lugar podrido por los pecados de los hombres. Mientras escribo estas líneas dejo vagar la mirada por este cieno de quimeras y rehúyo a las sombras que se deslizan por las calles con rostro y voces humanas.

El más bello y turbador es el de ella. A la que le escribo estas líneas de sangre y tinta. Su semblante es el de un ángel venido a menos, que un día se dejó arrastrar por el frenesí del averno en la tierra, que llegó antes de tiempo en alas de pequeños errores y grandes traiciones para cortarle la divinidad y venderla junto con pedazos de su vida al mejor postor.

Ella… Era todo cuanto había deseado en vida sin saberlo. Y en todas las anteriores. Lo que más quería y ansiaba, y le hubiese dado todo, pues nada me pertenecía desde que crucé la mirada por primera vez con ella, quedando atrapado por siempre en su embrujo. Desde que sus ojos violáceos se clavaron en mi ser y observaron mi alma, ella sabe y yo también, que soy suyo.

Pero de poco sirve cuando los hados del destino vienen con el color de la tristeza y del dolor. Portando nombres de personas y maldad diabólica, que a diferente hora y conjurando la rara ciencia de la fatalidad del azar, arrancan a puñetazos todo brote de dicha y felicidad. Deshaciendo el pasado, arruinando el presente y condenando al futuro al más negro de los sinos.

A ella se la llevaron entre todos. Y yo la perdí de verdad, junto con todas mis fuerzas, riqueza y cordura para seguirla hasta los Infiernos y recuperarla, quedándome tan solo amargura y soledad. Y una pluma para contar mi historia, la de ella y la de este perro mundo.

Letter to Dana-Sonata Arctica

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