De lo que aconteció un tiempo después de la resolución satisfactoria
del entuerto relatado en “Más o menos un cuento de hadas” (comúnmente
denominado Final Feliz), de lo que puede acarrear a un pobre universo un pie y
de lo que sucedió a continuación.
Cat y Kepler se separaron, pero
no antes de visitar cada rincón de aquella sorprendente dimensión, la de la
imaginación, en donde lo más extraordinario te sale al paso buscando trabajo
fijo y bien remunerado.
El roedor había tenido también
sus propias aventuras (1) , y después se había entregado alegremente
a la vida conyugal, aunque según él, (y siempre que Analisa no estuviera cerca
para escucharle) solía decir que siempre añoraría sus días de espíritu libre y
picaflor empedernido. Pero lo decía por decir, lo sabía la tierra de las hadas
al completo.
La joven bruja empezó a sentir
añoranza, una morriña muy molesta que en su cabaña del bosque no se desvaneció,
sino todo lo contrario. Finalmente comprendió que echaba de menos la Tierra, ese
pequeño planeta azul que sin ser de cuento lo tenía todo para ser fuente de
aventuras de leyenda. Con infinidad de cosas buenas que disfrutar en todas y
cada una de sus eras, aunque a lo mejor la de los dinosaurios quedaba
descartada.
Finalmente, después de meditarlo
mucho, decidió que tenía una nueva época favorita, y que volvería a su planeta
de origen en pleno siglo XIX, y empezar de cero (2) . Y quién sabe,
podría terminar viviendo una historia de amor a lo Jane Austen.
Pero primero tocaba acabar
aquello que la había llevado a emprender aquél trepidante viaje, que como
siempre no era el culmen en sí (un tanto arriesgadillo…) sino lo que le
sucediese por el camino.
Y ella nunca dejaba algo
inacabado. No señor. Puede que lo dejase para mañana, o para el mes siguiente o
para dentro de un lustro, pero lo acababa, vaya que sí.
Pero la pregunta era, ¿y cómo
seguir?
-
¿Cómo salir, ésa es la cuestión, mi querida Cat (3)
– Lechuza andaba para arriba y para debajo de la cocina, con las alas cruzadas
a la espalda y expresión reconcentrada, meditando el enigma del millón, fumando
en pipa de madera su marca de tabaco predilecta, Old Toby – Otro problema añadido al montón sería que la propia
dimensión no te dejase partir – se detuvo con pausa teatral y la miró fijamente
con sus ojos amarillos– pero no creo que éste sea tu caso – y prosiguió con su
deambular, haciendo anillos de humo.
- ¿Ah no? ¿Y por qué no? – preguntó Cat.
- Porque,
digamos, no das el perfil de tu puesto de trabajo.
Cat estaba perpleja.
- Aquí necesitan brujas, pero de las chapadas a la
antigua. Ya sabes, vestidos negros, sombrero puntiagudo, verrugas peludas y
narizón. De las que se fabricaban antes con materiales baratos, todas feas y en
serie. Y en cambio llegas tú … con todo eso – señaló distraídamente al conjunto
de la joven bruja.
- ¡Me has señalado entera! – dijo la otra, ofendida.
-¡Claro! No vestido negro, no sombrero
puntiagudo, ni verrugas peludas ni narizón. Sólo montones de ropa multicolor,
tisanas sanadoras ¡y encima hueles a canela! ¿Tú estás segura de que no eres un
hada descarriada? ¡No soltarías un maleficio ni por equivocación! – le echó
otra mirada reprobadora de esas de “en mis tiempos esto no pasaba”, y la
reforzó con otra humareda espesa. – A dónde iremos a parar…
- Tú déjame a mí y verás si puedo o no puedo
maldecir: Iquitus Fliquitus….(4)
- ¡Eh, eh! ¡Quieta loca! ¡Si yo no tengo nada
contra ti! Sólo digo que parece que eres más moderna que la propia dimensión,
qué se le va a hacer. Lo bueno es que así no tendrás problema para salir de
aquí y seguir tu camino de trotatiempos Amiga de Roedores – esto último lo dijo
sin poder ocultar su desagrado - Sólo tienes que encontrar una minúscula
anomalía en el espacio tiempo y saltar a otra dimensión de una pieza. Pan
comido. – concluyó con una sonrisa sarcástica y tres anillos de humo
concéntricos.
A pesar de sus
diferencias, de lo regañona que pudiese resultar Lechuza y de lo alocada que
sin duda era Cat, habían hecho muy buenas migas en el tiempo que la joven bruja
había pasado (quieta) en el reino de las hadas. Se despidieron con las habituales
muestras de cariño, envueltas en lloriqueos, promesas de correspondencia y
nubes de humo, pero sólo después de que la bruja empacase todo lo que se tenía
que llevar. No era tarea fácil.
Algunos puede
que estén ya familiarizados con la escoba de Cat y todas sus peculiaridades,
pero para los advenedizos en el tema haremos una breve descripción.
El modelo de
dicha escoba es desconocido, aunque hay hipótesis. Algunos dicen que es una
vieja Supernova del 75, otros sin embargo que es una Meteoro 99. Hay quien se
atreve a especular que no es nada de todo eso, sino que no es más que su antigua
escoba de barrer cuando correteaba por el siglo XVI, su época de origen. Aunque
todos coinciden en una cosa: que le ha hecho algo o mucho a la escoba.
Pequeñas
mejoras, como diría ella. Desde que por accidente saltase desde el Renacimiento
al año 2013 en plena fiesta de Halloween, como se sabe le cogió el gusto a viajar por el tiempo (y la habilidad,
le costó un poco aprender a llegar a la época deseada, con tronchantes consecuencias)
y fue aplicando a su escoba y a su persona las cosas que le llamaban la
atención de sus viajes y las que le pudieran resultar útiles. A su escoba la
modificó con una mezcla de hechicería con tecnología punta de un futuro que aún
a nosotros no resulta remoto, con resultados muy curiosos que suenan a
fantasiosa ciencia por descubrir.
Así pues, la
joven bruja se pasa los días maldiciendo la mayoría de las veces los chisgarabitones
desajustados de su escoba tuneada, los turbofonones despolarizados o la falta
de gasofapartículas (es lo que suele pasar cuando inventas tu propio
combustible), y sus cien veces maldita escoba en ocasiones deja mucho que
desear en cuanto a funcionamiento (despegue silencioso y suave, volar en línea
recta, los petardeos justos y necesarios, ese tipo de cosas). La magicuántica
es un punto pionero en la investigación, y todavía tiene sus fallos, qué queréis.
>>Además
de todo esto, al conjunto hay que sumarle la multitud de chismes curiosos que
cuelgan de la escoba, asegurados con magia en muchas ocasiones, y con hechizos
de falsa gravedad para no descompensar el pobre trasto (ya sabéis, no pesan lo
mismo un enorme caldero burbujeante que unos saquitos de té. Pesan más los
saquitos de té. Y mágicamente la escoba no se desequilibra). <<
>> Por
lo tanto, si uno mira al cielo los días
claros a lo mejor puede ver pasar volando (porque la ha oído llegar mucho
antes) una figura curiosa compuesta por una bruja (que no hada, que quede claro)
de pelo rojo en punta y vestiduras de colores chillones montada en una escoba
que petardea la mayor parte de las veces y se tambalea o cambia de altura
repentinamente la menor parte y de la que cuelgan un caldero (con algo dentro
casi siempre, desde infusiones burbujeantes a animales durmiendo), varios
libros colgando de sus puntos de lectura (y no se abren, por la cuenta que les
trae), un GPS, un iPod, varias gafas de aviador y diversos saquitos y sacos de
variados tés, infusiones, hierbas medicinales y aromáticas y cierta colección
inconfesable de velas aromáticas e inciensos varios. El quemador de esencias
está estratégicamente colocado en la proa de la escoba, si uno mira bien. <<
Pues cuando
Cat iba a salir de su casa esto era sólo la base. Todavía quedaba el equipaje.
Cuando al fin
logró remontar el vuelo, asegurando todo lo que había por arriba, por abajo y a
los lados de la escoba, y profiriendo amenazas y maldiciones al aparato,
Lechuza le dijo adiós y se echó a dormir de lo agotada que estaba.
Cat se esforzaba
por volar en línea recta, y mientras iba pensando en lo último que le había
dicho Lechuza.
Abrimos ahora
un globo brumoso gracias al cual podemos acceder a los recuerdos de la bruja,
como si estuviéramos mirando a través de una ventana muy sucia.
<< “Recuerda
que para salir de la dimensión de la imaginación deberás pagar el precio de su
esencia, y nada más. >>
Y en este
punto se interrumpe el recuerdo porque no se dijo ni se hizo nada más que este
acertijo, como suele pasar en las historias de este tipo, en las que la gente
habla con enigmas y no explican nada de nada.
Así que la
bruja iba estrujándose los sesos, desesperada porque se le daban muy mal las
adivinanzas debo decir, y finalmente apenada empezó a sentir nostalgia de la
vida que esperaba alcanzar al salir de todo aquél lío, cosa que no conseguiría
si no se espabilaba.
Mientras la
escoba hacía eses, fantaseaba con una casita en una calle encantadora, con
preciosos balcones modernistas delante de vidrieras lacadas y cargados de
flores, un jardín en miniatura que cuidar con el tibio sol primaveral
acariciando los hermosos parterres.
>>Y tal
vez alzase la vista y descubriese a un joven de turbadora belleza mirándola
embelesado, y ella reiría encantada y tímida se arreglaría el vestido y le
devolvería la mirada con picardía pero con las mejillas arreboladas, y el joven
seguramente se asustaría y se escondería en su estudio con el corazón latiéndole
con fuerza en el pecho, no quedando nada más en el balcón de su modesto pisito
que un macetero de hermosos jacintos y una pequeña sonrisa como promesa.
Pero ah,
aquella sería una historia de amor imposible, a lo Jane Austen, porque seguro
que…<<
Y se abrió de
repente un vórtice de la nada, intangible, inodoro e invisible para todos
excepto para el que sabe cómo mirar y para el que ya ha sufrido tantos peligros
que ya los intuye, y se la tragó.
Y mientras
cruzaba la autopista interdimensional se maldecía a sí misma. Si es que estaba
clarísima aquella adivinanza.
****
Cuando abrió
los ojos se encontraba en el lugar más extraño que hubiese visto en todos sus
viajes.
La Nada.
Sí, la Nada
más absoluta, y con mayúsculas. Se encontraba como suspendida en la negrura más
negra de todos los tiempos, aunque curiosamente sentía suelo firme bajo sus
pies. Seguía aferrando su escoba, más que nada porque había dado con sus
riñones sobre el palo, y no se atrevía a soltarla ahora no fuera que se
perdiese en aquella oscuridad tan negra como el chocolate más espeso.
Y en ese
momento algo o alguien la amordazó por detrás y tiró de ella en dirección al
abismo ( o cualquier esquina de aquello, tanto daba).
Finalmente
consiguió desembarazarse de su captor, y gritarle y todo.
- ¡Eh, suéltame desgraciado! ¡Como me vuelvas a
tocar te convierto en sapo canalla! – trataba de encontrarlo en la oscuridad y
echarle su expresión más amenazadora.
- No pretendo hacerte ningún daño – surgió una voz
de la oscuridad. Parecía la de un joven – pero debo llevarte al campamento de la Materia.
Tu llegada ha desequilibrado la balanza y ahora estamos todos en peligro. Y el
futuro del Universo también.
(1) : Ver “Memorias de
una Alimaña Educada”
(2) : No era el colmo
del progreso, pero hay que tener en cuenta que incluso habiendo visitado toda
la historia de la humanidad, si nos hacemos eco del sesudo dicho común de “la
cabra tira pa’l monte”, es comprensible que a una bruja medieval no le apetezca
irse muy lejos de su época y costumbres conocidas. Del todo comprensible. Que
sí. De todas formas, ella siempre hace lo que le da la gana.
(3) : Cuando las
dimensiones se cruzan ocurren cosas muy chungas.
(4) : Maldición muy conocida entre las
aves rapaces desde que cierto mago muy famoso se dedicase a dar tumbos por
Camelot.
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