Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

lunes, 11 de agosto de 2014

Universos paralelos y otras brujerías (parte 4)



De lo que aconteció un tiempo después de la resolución satisfactoria del entuerto relatado en “Más o menos un cuento de hadas” (comúnmente denominado Final Feliz), de lo que puede acarrear a un pobre universo un pie y de lo que sucedió a continuación.


Cat y Kepler se separaron, pero no antes de visitar cada rincón de aquella sorprendente dimensión, la de la imaginación, en donde lo más extraordinario te sale al paso buscando trabajo fijo y bien remunerado.
El roedor había tenido también sus propias aventuras (1) , y después se había entregado alegremente a la vida conyugal, aunque según él, (y siempre que Analisa no estuviera cerca para escucharle) solía decir que siempre añoraría sus días de espíritu libre y picaflor empedernido. Pero lo decía por decir, lo sabía la tierra de las hadas al completo.

La joven bruja empezó a sentir añoranza, una morriña muy molesta que en su cabaña del bosque no se desvaneció, sino todo lo contrario. Finalmente comprendió que echaba de menos la Tierra, ese pequeño planeta azul que sin ser de cuento lo tenía todo para ser fuente de aventuras de leyenda. Con infinidad de cosas buenas que disfrutar en todas y cada una de sus eras, aunque a lo mejor la de los dinosaurios quedaba descartada. 

Finalmente, después de meditarlo mucho, decidió que tenía una nueva época favorita, y que volvería a su planeta de origen en pleno siglo XIX, y empezar de cero (2) . Y quién sabe, podría terminar viviendo una historia de amor a lo Jane Austen. 

Pero primero tocaba acabar aquello que la había llevado a emprender aquél trepidante viaje, que como siempre no era el culmen en sí (un tanto arriesgadillo…) sino lo que le sucediese por el camino.
Y ella nunca dejaba algo inacabado. No señor. Puede que lo dejase para mañana, o para el mes siguiente o para dentro de un lustro, pero lo acababa, vaya que sí. 

Pero la pregunta era, ¿y cómo seguir?
-          ¿Cómo salir, ésa es la cuestión, mi querida Cat (3) – Lechuza andaba para arriba y para debajo de la cocina, con las alas cruzadas a la espalda y expresión reconcentrada, meditando el enigma del millón, fumando en pipa de madera su marca de tabaco predilecta, Old Toby – Otro problema añadido al montón sería que la propia dimensión no te dejase partir – se detuvo con pausa teatral y la miró fijamente con sus ojos amarillos– pero no creo que éste sea tu caso – y prosiguió con su deambular, haciendo anillos de humo. 
  - ¿Ah no? ¿Y por qué no? – preguntó Cat.
       - Porque, digamos, no das el perfil de tu puesto de trabajo.
Cat estaba perpleja.

    - Aquí necesitan brujas, pero de las chapadas a la antigua. Ya sabes, vestidos negros, sombrero puntiagudo, verrugas peludas y narizón. De las que se fabricaban antes con materiales baratos, todas feas y en serie. Y en cambio llegas tú … con todo eso – señaló distraídamente al conjunto de la joven bruja.

             - ¡Me has señalado entera! – dijo la otra,  ofendida.
           -¡Claro! No vestido negro, no sombrero puntiagudo, ni verrugas peludas ni narizón. Sólo montones de ropa multicolor, tisanas sanadoras ¡y encima hueles a canela! ¿Tú estás segura de que no eres un hada descarriada? ¡No soltarías un maleficio ni por equivocación! – le echó otra mirada reprobadora de esas de “en mis tiempos esto no pasaba”, y la reforzó con otra humareda espesa. – A dónde iremos a parar… 
              -  Tú déjame a mí y verás si puedo o no puedo maldecir: Iquitus Fliquitus….(4)
         -  ¡Eh, eh! ¡Quieta loca! ¡Si yo no tengo nada contra ti! Sólo digo que parece que eres más moderna que la propia dimensión, qué se le va a hacer. Lo bueno es que así no tendrás problema para salir de aquí y seguir tu camino de trotatiempos Amiga de Roedores – esto último lo dijo sin poder ocultar su desagrado - Sólo tienes que encontrar una minúscula anomalía en el espacio tiempo y saltar a otra dimensión de una pieza. Pan comido. – concluyó con una sonrisa sarcástica y tres anillos de humo concéntricos.

A pesar de sus diferencias, de lo regañona que pudiese resultar Lechuza y de lo alocada que sin duda era Cat, habían hecho muy buenas migas en el tiempo que la joven bruja había pasado (quieta) en el reino de las hadas. Se despidieron con las habituales muestras de cariño, envueltas en lloriqueos, promesas de correspondencia y nubes de humo, pero sólo después de que la bruja empacase todo lo que se tenía que llevar. No era tarea fácil.

Algunos puede que estén ya familiarizados con la escoba de Cat y todas sus peculiaridades, pero para los advenedizos en el tema haremos una breve descripción. 

El modelo de dicha escoba es desconocido, aunque hay hipótesis. Algunos dicen que es una vieja Supernova del 75, otros sin embargo que es una Meteoro 99. Hay quien se atreve a especular que no es nada de todo eso, sino que no es más que su antigua escoba de barrer cuando correteaba por el siglo XVI, su época de origen. Aunque todos coinciden en una cosa: que le ha hecho algo o mucho a la escoba. 

Pequeñas mejoras, como diría ella. Desde que por accidente saltase desde el Renacimiento al año 2013 en plena fiesta de Halloween, como se sabe le cogió el  gusto a viajar por el tiempo (y la habilidad, le costó un poco aprender a llegar a la época deseada, con tronchantes consecuencias) y fue aplicando a su escoba y a su persona las cosas que le llamaban la atención de sus viajes y las que le pudieran resultar útiles. A su escoba la modificó con una mezcla de hechicería con tecnología punta de un futuro que aún a nosotros no resulta remoto, con resultados muy curiosos que suenan a fantasiosa ciencia por descubrir. 


Así pues, la joven bruja se pasa los días maldiciendo la mayoría de las veces los chisgarabitones desajustados de su escoba tuneada, los turbofonones despolarizados o la falta de gasofapartículas (es lo que suele pasar cuando inventas tu propio combustible), y sus cien veces maldita escoba en ocasiones deja mucho que desear en cuanto a funcionamiento (despegue silencioso y suave, volar en línea recta, los petardeos justos y necesarios, ese tipo de cosas). La magicuántica es un punto pionero en la investigación, y todavía tiene sus fallos, qué queréis. 

>>Además de todo esto, al conjunto hay que sumarle la multitud de chismes curiosos que cuelgan de la escoba, asegurados con magia en muchas ocasiones, y con hechizos de falsa gravedad para no descompensar el pobre trasto (ya sabéis, no pesan lo mismo un enorme caldero burbujeante que unos saquitos de té. Pesan más los saquitos de té. Y mágicamente la escoba no se desequilibra). <<

>> Por lo tanto,  si uno mira al cielo los días claros a lo mejor puede ver pasar volando (porque la ha oído llegar mucho antes) una figura curiosa compuesta por una bruja (que no hada, que quede claro) de pelo rojo en punta y vestiduras de colores chillones montada en una escoba que petardea la mayor parte de las veces y se tambalea o cambia de altura repentinamente la menor parte y de la que cuelgan un caldero (con algo dentro casi siempre, desde infusiones burbujeantes a animales durmiendo), varios libros colgando de sus puntos de lectura (y no se abren, por la cuenta que les trae), un GPS, un iPod, varias gafas de aviador y diversos saquitos y sacos de variados tés, infusiones, hierbas medicinales y aromáticas y cierta colección inconfesable de velas aromáticas e inciensos varios. El quemador de esencias está estratégicamente colocado en la proa de la escoba, si uno mira bien. <<

Pues cuando Cat iba a salir de su casa esto era sólo la base. Todavía quedaba el equipaje.

Cuando al fin logró remontar el vuelo, asegurando todo lo que había por arriba, por abajo y a los lados de la escoba, y profiriendo amenazas y maldiciones al aparato, Lechuza le dijo adiós y se echó a dormir de lo agotada que estaba.

Cat se esforzaba por volar en línea recta, y mientras iba pensando en lo último que le había dicho Lechuza.
Abrimos ahora un globo brumoso gracias al cual podemos acceder a los recuerdos de la bruja, como si estuviéramos mirando a través de una ventana muy sucia. 

<< “Recuerda que para salir de la dimensión de la imaginación deberás pagar el precio de su esencia, y nada más. >> 

Y en este punto se interrumpe el recuerdo porque no se dijo ni se hizo nada más que este acertijo, como suele pasar en las historias de este tipo, en las que la gente habla con enigmas y no explican nada de nada. 

Así que la bruja iba estrujándose los sesos, desesperada porque se le daban muy mal las adivinanzas debo decir, y finalmente apenada empezó a sentir nostalgia de la vida que esperaba alcanzar al salir de todo aquél lío, cosa que no conseguiría si no se espabilaba. 

Mientras la escoba hacía eses, fantaseaba con una casita en una calle encantadora, con preciosos balcones modernistas delante de vidrieras lacadas y cargados de flores, un jardín en miniatura que cuidar con el tibio sol primaveral acariciando los hermosos parterres. 

>>Y tal vez alzase la vista y descubriese a un joven de turbadora belleza mirándola embelesado, y ella reiría encantada y tímida se arreglaría el vestido y le devolvería la mirada con picardía pero con las mejillas arreboladas, y el joven seguramente se asustaría y se escondería en su estudio con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, no quedando nada más en el balcón de su modesto pisito que un macetero de hermosos jacintos y una pequeña sonrisa como promesa.
Pero ah, aquella sería una historia de amor imposible, a lo Jane Austen, porque seguro que…<<

Y se abrió de repente un vórtice de la nada, intangible, inodoro e invisible para todos excepto para el que sabe cómo mirar y para el que ya ha sufrido tantos peligros que ya los intuye, y se la tragó.
Y mientras cruzaba la autopista interdimensional se maldecía a sí misma. Si es que estaba clarísima aquella adivinanza.  

                                                     ****

Cuando abrió los ojos se encontraba en el lugar más extraño que hubiese visto en todos sus viajes. 

La Nada. 

Sí, la Nada más absoluta, y con mayúsculas. Se encontraba como suspendida en la negrura más negra de todos los tiempos, aunque curiosamente sentía suelo firme bajo sus pies. Seguía aferrando su escoba, más que nada porque había dado con sus riñones sobre el palo, y no se atrevía a soltarla ahora no fuera que se perdiese en aquella oscuridad tan negra como el chocolate más espeso. 

Y en ese momento algo o alguien la amordazó por detrás y tiró de ella en dirección al abismo ( o cualquier esquina de aquello, tanto daba).  


Finalmente consiguió desembarazarse de su captor, y gritarle y todo.
  - ¡Eh, suéltame desgraciado! ¡Como me vuelvas a tocar te convierto en sapo canalla! – trataba de encontrarlo en la oscuridad y echarle su expresión más amenazadora.
      - No pretendo hacerte ningún daño – surgió una voz de la oscuridad. Parecía la de un joven – pero debo llevarte al campamento de la Materia. Tu llegada ha desequilibrado la balanza y ahora estamos todos en peligro. Y el futuro del Universo también.












(1) : Ver “Memorias de una Alimaña Educada”
(2) : No era el colmo del progreso, pero hay que tener en cuenta que incluso habiendo visitado toda la historia de la humanidad, si nos hacemos eco del sesudo dicho común de “la cabra tira pa’l monte”, es comprensible que a una bruja medieval no le apetezca irse muy lejos de su época y costumbres conocidas. Del todo comprensible. Que sí. De todas formas, ella siempre hace lo que le da la gana.
(3) : Cuando las dimensiones se cruzan ocurren cosas muy chungas.
 (4) : Maldición muy conocida entre las aves rapaces desde que cierto mago muy famoso se dedicase a dar tumbos por Camelot.

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