Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

jueves, 20 de marzo de 2014

Memorias de una alimaña educada (parte 6)

Afortunadamente, el portón que custodiaba la gloriosa Biblioteca de los Magos, bastión y fuerte de la sabiduría privada de los poderosos hechiceros gremiales, no reaccionó con el tacto de dos alimañas chifladas, ni nos expulsó con una explosión que podría haber dado con nuestros huesos en el siguiente tramo de escaleras.

Simplemente se abrió sin un crujido, ni tan solo medio gemido ( esos magos engrasaban bien sus bisagras) , y exhalando un breve suspiro que olía a papel viejo y a sortilegios reconcentrados, nos cedió el paso.

Ante los tres pasmaos que entraron en la estancia, se extendían cientos de estanterías cuajadas de libros, tantos como la imaginación del lector alcance a elucubrar. Tomos antiguos, volúmenes nuevos en edición de bolsillo, ideal para el mago viajero, incunables y tratados únicos en su malevolencia (se les escuchaba murmurar sus intenciones de dominar el mundo, aderezados con polvorientas risotadas. Los magos afirmarían que su interés en ellos es meramente académico) . Eché un ojo a Marlin. Suspiraba y temblaba a partes iguales. Supuse que deseaba el conocimiento absoluto tanto como lo temía.

Después de algunos instantes de ensimismamiento que bien nos podían acercar más y más a la perdición de unos intrusos descubiertos, me encaramé a la cara de Marlin y confié en que mi tirón de orejas (literal) y mi expresión de roedor rabioso lo pusieran en marcha.

- El libro que buscamos deberá tener la apariencia más atractiva posible para nuestros ojos. Eso significa que veremos distintas versiones de una misma cosa, pues los gustos son tan dispares como individuos existen... Esta pista debería de bastar. Así que manos a la obra. Y deprisa, no tardarán en encontrar al malogrado Fatuo.

Decidido a no perder el tiempo con comentarios sarcásticos acerca de la precariedad de la información de la que disponíamos y más aún, de la catastrófica misión en la que estábamos embarcados, recogí mis malos humos y a mi persona y me deslicé entre las estanterías. Analisa partió en dirección contraria, hacia un voluminoso montón de libros que desde el suelo hasta el techo formaban una altísima torre.

Paseé mi aguda vista por las interminables hileras de libros, preguntándome por cuál sería la forma en la que se me presentaría el malvado volumen. Quizá un tratado sobre lirones ilustres en la historia (en el que yo tuviera un sitio de honor, por supuesto) . O una picante revista de lironas en paños menores...

No recuerdo bien cuánto tiempo estuvimos deambulando entre los libros, sin saber qué buscar. Más bien esperábamos que la providencia nos iluminase. Y ciertamente lo hizo, con un foco muy potente.

Ante mis asombrados ojos relucía un libro, de ahí en adelante el Único para mí, de lomo delgado pero de un asombroso color borgoña, cuyo título brillaba misteriosamente en letras doradas, que rezaban " Memorias de una alimaña educada. Más o menos un Cuento de Hadas , de..." No alcanzaba a ver el nombre del autor, pero poco me importaba. Deseaba con todas mis fuerzas tener ese libro entre mis patas, y leer sus asombrosas historias. Porque eran las mías. Yo, un pequeño lirón era el protagonista absoluto.*

Me lancé a trepar por los estantes, y saqué aquel libro de su estrecha morada ,seguro de que relataba mis aventuras con todo detalle, y ensalzaba mi carismática figura de...   Mis ensoñaciones se vieron interrumpidas por un respingo muy femenino.

- ¡Has encontrado algo asombroso! "Cómo devolver a realeza encantada su verdadera forma en sencillos pasos. Con una técnica avanzada de besar sapos comentada por el autor ". ¡Lo necesito! - Y ni corta ni perezosa me arrebató de las zarpas el libro más perfecto del mundo...Porque hablaba de mí...!Maldito! Había captado perfectamente mi punto débil. Yo mismo. Y por lo visto también el de Su Alteza Peluda y sus ansias de volver a ser una princesa remilgada. Pero incluso en su desesperación descubrió antes que yo la verdad. Me miró. La miré. Lo miramos.

Temerosos, abrimos juntos El Libro, con los ojos entrecerrados. Teníamos una buena razón, pues el perverso volumen bien podía decidir que teníamos pinta de un delicioso tentempié. Pasamos las tapas, que ya no presentaban un color definido, con la mirada un tanto perdida por si las moscas, y algunas hojas de un sugerente tono dorado. Creímos apreciar el tenue brillo que salía de ellas, bien de las letras que no leímos, bien del papel. Parecía vibrar en nuestras patas, lo sentíamos como si fuera una bomba de relojería a punto de estallar, y para colmo el libro parecía tener voz propia y murmuraba de forma nada agradable... Finalmente no pudimos soportar más tensión, y lo cerramos fuertemente. Aún estábamos sudando la gota gorda cuando apareció Marlin y, recuperado de la conmoción primigenia por encontrarse con el objeto de sus pesadillas, y siempre mirando al tendido nos dio una correa que sacó de debajo de sus turbias faldas para que atásemos al pérfido libro y que no se abriera a traición.

Seguramente el lector se figurará que salir del Gremio de Magos fue tan arduo y peligroso que para describirlo debería extenderme unas cuantas páginas más con todo lujo de detalles y sin dejarme ninguna amputación dramática ni chamuscamiento alguno.
 Pues no, el lector supone mal esta vez. Y es que es verdad universal que en las grandes civilizaciones, opulentas y regodeantes en su poderío, la pausa (de horas) para la manduca es sagrada. Y por tanto hubiera sido imposible advertir a ningún intruso en los pasillos de la gran torre en el rato de la comida. Problemas del primer mundo. Tampoco habían encontrado a Fatuo, que sentado patéticamente en su escalón se rascaba la cabeza preguntándose qué había sucedido, antes de recibir otro suave toquecito de Analisa y volver a caer en un sueño sin preocupaciones. Aprovechamos para sisarle el manojo de varios kilos de llaves y así poder salir como unos señores por la puerta principal, ya que el resto de los guardias estaban dedicando considerables esfuerzos a sus bocatas chorizo. Como debe ser.

Pero, ¿habían acabado nuestros problemas? ¡Por supuesto que no, faltaría más! Pues ponga el lector un ojo en el Gremio de Magos, justo en el momento en el que vuelven todos de la comida, incluido el auténtico Mago Joud-Deeni. El lector podrá presenciar entonces una exhibición nada desdeñable de tormentas de ira y venganza. Y algunos rayos y truenos para completar el amenazador decorado.

Y si tiene a bien y con cuidado para no quedar bizco, ponga el lector otro ojo en una carreta chirriante, concretamente en dos alimañas portando un objeto curioso, un libro atado con una correa, emitiendo un sordo murmullo y una ligera vibración a partes iguales. Aquello aún no había acabado.







*:N.d.A.: Como bien sabe el lector, los roedores tienden a exagerar.

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