Julia levantó la mirada. Estaba rodeada por un paisaje increíble. Montañas verdeazuladas salpicadas de nubes se extendían hasta el horizonte y llenaban su vista. La luna creciente despuntaba tímida en la lejanía iluminando suavemente la senda que ella seguía, marcando pasos de plata. La visión era sobrecogedora, capaz de hacer llorar a los bardos pero, cuánta tristeza había entre tanta belleza.
Llegó hasta allí siguiendo una voz que llegaba de un lugar muy profundo, desde dentro. La llamada de su corazón. Había podido cerrar los ojos y encontrar el camino para salir de las tinieblas.
Julia se preguntaba si eso era todo, o si había algo más allá. Y en ese instante empezó a encontrar oscuridad hasta en el Sol de su ciudad. En ese momento la resignación consumía toda su ilusión y ya sospechaba que la abandonó sin avisar.
Y para cuando empezaba a olvidar, y a atreverse a imaginar, a inventar...
Hubo un leve destello de luz, apenas perceptible, pero estaba ahí. Tras él se acercaba despacito una persona de rostro familiar. Traía el mundo en la mirada, la tierra prometida en los labios.
Y entonces, el tiempo, que pareció detenerse hacía ya mucho, pasó a su lado a toda velocidad dejando a Julia en el centro de la tormenta, pero ella había encontrado su lugar.
<<Aquí estoy>> dijo Julia. O quizá sólo lo pensó, pues no había necesidad de palabras que se llevase el viento. Ante su muda pregunta Él le tendió su mano, y pudo ver en la oscuridad toda su luz.
Delante de ella se extendía la tierra de la estrella del mañana. Había rosas en el duro camino que la habían llevado hasta allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario