Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

domingo, 8 de mayo de 2011

Hielo y Sol

Noche sin estrellas. La penumbra inunda tus ojos y tu ser con una extraña calma. Caminas sólo y atormentado sin rumbo fijo, guiándote por unos astros ausentes. Pero aunque brillasen con la intensidad de mil supernovas no las verías, no, pues la oscuridad va contigo. ¿Quién te robó la ilusión, la alegría y la pasión? Te pierdes en tus propios pasos y tropiezas con tus pies.
Te llevas la mano al corazón y lo sientes frío, tras un muro de escarcha que tú mismo levantaste. La sangre ya no corre por tus venas y el hielo cubre lentamente todos los rincones de tu mente, y llega a tus manos inertes, muertas de hastío y sed de vida.

Y no puedes respirar, pues una garra te atenaza el cuello con una fuerte presa, con la invencibilidad que caracteriza a la derrota a la que dejaste entrar. Si tus velados ojos se atreven a mirar, podrán constatar, con pasmo, que es tu propia mano la que te quita el aliento y la energía. La que aparta de ti el calor de un abrazo y el de una sonrisa.

Juro que juntaré cielo y tierra para que puedas escapar de tu oscura vereda y veas el Sol. Combatiré hasta el último soplo de mi corazón la escarcha de tu pecho, y la haré retroceder aunque sea lo último que haga. Veré con alegría cómo tus ojos por fín relucen de nuevo con la intensidad de mil supernovas. Y partirás persiguiendo el Sol hasta el amanecer.

Y si alguna vez a mí se me secan las lágrimas o la ternura, prométeme que serás libre.

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