Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

viernes, 20 de mayo de 2011

The Future Never Dies

Julia miró por la ventana. Jirones de nubes se entrelazaban con la luz de la luna llena. Estaba sentada delante del ordenador como tantas otras noches de frío y eterna soledad. A oscuras vio cómo una lágrima se deslizaba por su mano, inerte sobre las teclas, incapaz de escribir nada más.

 Había recorrido un largo camino, luchado contra sus peores demonios y creía haber vencido. Por fin había tenido el valor de mirarlos a la cara y con una muda orden hacer que se fueran.
Pero ahí estaban de nuevo, y la luna llena no bastaba esta vez para acabar con su tormento. Llegaban en forma de dudas y oscuros temores. Alzó la mirada a las estrellas e imploró la señal que nunca llegaba, que permanecía tan lejos como los fríos astros. Una señal, de cuánto más faltaba para llegar al eterno cielo.

Se sentía muy sola y se preguntaba por qué. Por qué a veces lo sencillo es tan complicado como conseguir la luna. O tan imposible. Por qué vivía muriendo por dentro, guardando las lágrimas que nunca lloró, para finalmente caer de rodillas bajo el peso de la derrota.

Y lo fácil es rendirse. Darle la espalda al dolor, porque los sueños y anhelos cierran los ojos para siempre. Cerrar los ojos y olvidar que después de la tormenta sale el Sol. Que todo estará bien al fin.

Tras su ventana llovía , pero Julia en el fondo sabía, o al menos esperaba, que después iba a llegar el día en que la fría luna dejase paso a algo más que un roce de distancia.
Y como el firmamento, Julia por fín lloró, como no lo había hecho durante mucho tiempo. Como sólo llora alguien que no tiene nada que perder y mucho que ganar. Estaba viva, y lista. Es ahora o nunca, hacerlo o perecer en el intento.
Hasta encontrarlo en algún lugar sobre el arco iris.

Porque en sus ojos, el futuro nunca muere.

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