Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

lunes, 1 de enero de 2018

A (Rodent) Christmas Carol

Henos aquí, un año más, alrededor de la mesa o frente la chimenea, rodeados de familia, amigos, regalos, adornos y mucha (mucha) comida. El año toca a su fin y uno nuevo comienza, engalanado de luces, lazos, estrellas rutilantes y abetos primorosos, mientras el viejo Padre Invierno decora de escarcha las ventanas.
Y todas estas tradiciones, símbolos y atributos, ¿de dónde llegaron? ¿Cómo, y de qué manera, empezamos a celebrar en torno a un árbol, calcetines gruesos, luces y esferas brillantes, y un gordo vestido de rojo entrando y saliendo de escena? En estas fechas todos se afanan por henchir su corazón del espíritu navideño y echar a volar la imaginación, y ser de nuevo, por una noche, un niño pequeño.
Pues ello hacemos en este pequeño espacio, y más que echar a volar la imaginación, la propulsamos con una lanzadera, a perseguir la estela de una fugaz estrella, y damos nuestra propia versión de qué es lo que pudo haber sucedido, hace ya tanto que nadie lo recuerda.


Esto es lo que afirman muchos magicuánticos teóricos que sucedió hace mucho tiempo. O también pudo haber sucedido ayer, o mañana. Otros no lo afirman, no se llegan a poner de acuerdo. En el ámbito de las dimensiones paralelas, múltiples y plurilingües, lo único cierto es que el espaciotiempo es relativo. 

Érase una vez…que en un pliegue del espaciotiempo, existía un pequeño agujero negro. Antes de que se nos echen encima los físicos más aburridos, vamos a aclarar que no se trata de un agujero negro al uso, sino de ese que existe en el ámbito de la Ciencia Ficción y en los guiones de los directores de cine catastrofistas. Ese agujero negro que un sinnúmero de científicos malvados y/o chalados pueden generar a voluntad, transportarlos cómodamente y soltarlos aquí y allá para hacer desaparecer trozos de corteza continental o viajar en el tiempo y liquidar un mosquito prehistórico. Ese agujero negro que a su vez genera un simpático agujero de gusano, que viene a ser un vulgar atajo en el Multiverso.
De ese Multiverso algunos de por aquí posiblemente ya habrán oído hablar, y seguramente habrán olvidado rápidamente tal sarta de locuras. Para refrescarles a ellos un tanto la memoria, y para aquellos que no tienen ni la más remota idea de esto tan raro que se cuece aquí, contamos rápidamente de qué va el tema.

Imagínense ustedes el Universo, tal y como lo conocemos, con la idea general basta. Grande, lleno de vacío en su mayor parte, y por aquí y por allá aderezado y espolvoreado con estrellas, planetas, satélites, cometas, asteroides, acorazados del Imperio y diversa basura espacial. Y ahora imagínense que a este cacho de espaciotiempo se puede entrar a través de un desvío desde una cosa muy simplona, una autopista interdimensional.

Si no se ha perdido, síganme a través de una vorágine de estrellas comprimidas en un puntito con forma de peaje, y entremos en un vertiginoso e infinito devenir de transparentes carriles cruzados, liados y entremezclados, a lo largo de los cuales viaja materia más o menos inteligente pero que domina los viajes a través de dimensiones. En la Autopista Interdimensional, a velocidades de aproximadamente 4c (hay que respetar las normas de circulación vial) uno salta de un universo a otro y de una dimensión a otra, a través de este trozo de realidad que no respeta para nada las leyes de la física más convencional. La Autopista Interdimensional no es lineal ni tiene ninguna intención de llegar a serlo, y visto desde un sistema de referencia de tres dimensiones corrientes y molientes la ves de frente, a continuación, está de lado, y al mismo tiempo se dilata y desaparece, y lo mismo sucede con las distintas dimensiones paralelas que arrastra consigo. Algunas de ellas en un momento dado se encuentran infinitamente separadas, y seguidamente se tocan en varios puntos. Alguno de esos puntos tiene sentido del humor.

Y volvemos al agujero negro del principio. Si es que ya decía que todo está conectado.

Este orificio tenía la peculiaridad de conectar dos dimensiones o realidades muy dispares y a la vez no tanto: la dimensión de la Imaginación, y la nuestra propia. La dimensión de la Imaginación, con mayúscula, es el lugar fabuloso en el que acontecen todas las historias que empiezan por “Érase una vez”, “En un lugar de la Mancha…”, “Llamadme Ismael”, “Todos los niños crecen, excepto uno”, o, “En un agujero en el suelo vivía un hobbit”. Historias asombrosas lo suficientemente poderosas como para encontrar uno de estos puntos que conectan nuestra dimensión con la suya y, mediante mentes agudas, logran transformarse en relatos inmortales. A veces una historia o su personaje resultan olvidados con el devenir de los tiempos y la aparición de nuevas tecnologías, y se retiran a su dimensión de origen a esperar, ansiosas, que las recuerden.

Pues sucedió una vez (o varias veces, o ninguna, todo depende de la perspectiva), que uno de estos desagües interdimensionales estaba situado justo en medio de la dimensión de la Imaginación, el reino de la Fantasía, y prácticamente sobre él crecía un abeto. El agujero ocupa su propio marco de realidad, y va y viene a su antojo, y por algunos vegetales pueden echar raíces en su vulgar espacio de tres dimensiones y no colarse dentro. De momento.  

Este abeto era como todos los demás, conocidos a lo largo y ancho de todas las dimensiones conocidas, (salvo aquellas en las que son morados con tentáculos): verde. Un abeto verde corriente y moliente que daba cobijo al par de personajes-contrapunto graciosillo de esta historia; lirón Kepler y esposa, Analisa, anteriormente conocida como Princesa Ana Elizabeth Pascuala de Todos los Santos y Colores, del Reino de Allá (situado en un valle meridional de la tierra de la Imaginación, un poco más allá de donde nos encontramos ahora). Sucedió que estos dos curiosos roedores, que por circunstancias extrañas y absurdas (1) aunaban forma de lirón, y mente, costumbres y modales evolucionados y refinados (la mayor parte del tiempo) (2), acababan de instalarse en el abeto verde corriente y moliente como primera residencia de pareja, y se encontraban adecentándolo. Mejor dicho, Kepler obedecía órdenes mientras Analisa dirigía sentada en un cálido rincón excavado en la corteza, mientras tejía gruesos sacos de dormir para ambos, dado que estaba empezando a enfriar en aquella parte del Multiverso.

-          ¿Dónde decías que iba la lámpara, querida? ¿Así está bien?
-          Un poco más arriba querido, ya lo sabes, para que ilumine toda la casa.
(refunfuños, gruñidos y resoplidos, mientras vemos como un pequeño farol parece que se desplaza sólo trepando por las muy largas ramas del abeto).
-          ¡Uff, qué cansado estoy! – Resopló Kepler, muy cerca de la copa del árbol. Lo enganchó en la misma punta con mucho esfuerzo y se sentó a descansar, observando el abeto desde arriba, con satisfacción. Un jirón de humo sobresalía de la parte central del abeto, donde Analisa vigilaba las castañas asadas. Le llegaba hasta la copa del árbol el aroma inconfundible del hogar caliente y del té de hierbas recién hecho, que siempre lo hacían sentir amodorrado y muy satisfecho. Ya tenían casi instalada la luz, habían acumulado en un agujero en la corteza limpio y seco castañas para todo el invierno, los jergones de pinocha trenzada con los accesorios de lana tejida de Analisa les esperaban mullidos y habían conseguido un fuego mágico, perenne, inofensivo y portátil, de un viejo amigo de Kepler a un precio inmejorable (3). Finalmente habían logrado, después de largo tiempo, tener un hogar calentito y confortable, justo a tiempo para el crudo invierno, que fuera de los límites cálidos del abeto, era tórrido y húmedo. Kepler aprovechó para sacar un trozo de papel de no se sabía dónde y leerlo por lo bajo.

-          ¿No estarás probando esos experimentos de nuevo verdad? – Le llegó la voz de Analisa desde abajo.
-          No son experimentos querida – protestó Kepler- ¡es agricultura mágica inteligente infalible!
-          Te he dicho muchas veces – repuso Analisa, con peligrosa suavidad en la voz – que usar los conjuros inventados de esa bruja demente amiga tuya para hacer crecer frutas y verduras a voluntad no es una buena idea.
-          ¡Pero es que me ha asegurado que es súper eficaz! ¡Y con él podemos hacer crecer lo que queramos en el abeto: manzanas, melocotones, cerezas, pimientos, patatas…
-          Y yo te he asegurado que es imposible hacer crecer todo eso en un abeto. Y por dios, ¡las patatas crecen en el suelo!
-          Un árbol es un árbol, y Cat la bruja me ha asegurado que un sustrato vegetal y la voluntad adecuada, si nos impregnamos adecuadamente de la esencia patatera y pimientera, podremos lograr…
-          ¡Pamplinas! ¡Nada más que pamplinas! Instala de una vez el farol y baja aquí a vigilar el fuego.
-          Pero…
-          ¡No me hagas subir ahí!
-          Pero si sólo…
-          ¡He dicho que bajes! Y haz el favor de bajar algunas ramas para echar al fuego.
-          Vooooy…

Sin embargo, papel en mano, con un ojo puesto en las irregulares letras garabateadas, y el otro vigilante, no fuera Analisa a descubrirlo, Kepler levantó una pata y declamó a las frías estrellas:

-          ¡Vegetabilis crecetantum! ¡Manzanae engordae! ¡Brassica hortus magnificatum!

Y Kepler esperó al resultado de tan poderosos hechizos. Y esperó, y esperó…Y no sucedió nada. Esperó un poco más. Pero siguió sin suceder nada. A medias aliviado y mosqueado porque sus intentos no hubiesen dado ningún fruto (de ningún tipo, le habría valido hasta la brassica, digo, las berzas) cortó algunas ramas para alimentar el fuego, y emprendió el descenso hacia la vivienda principal en el centro del abeto, farfullando incoherencias contra las brujas chaladas y la inutilidad de la magicuántica experimental. 

A medida que se iba acercando, empezó a escuchar un ligero zumbido, que fue creciendo de intensidad. Y finalmente ¡plop! Brotó una manzana enorme, casi tan grande como él, roja y brillante, justo a su lado. Kepler casi deja caer las ramas del susto, pero contempló maravillado aquel milagro. ¡Con aquello podrían comer varios días! Y pensó que seguramente podría librarse de la bronca.

Gran error.

Apenas había terminado de felicitarse a sí mismo por sus dotes de minimago, y el zumbido volvió a escucharse, esta vez con una intensidad atronadora, y tres manzanas más brotaron en torno a él. Tratando de no ponerse nervioso, alcanzó al fin la entrada del pequeño hueco en el abeto donde Analisa terminaba de preparar la cena sobre el fuego mágico y entró, hecho un manojo de nervios.

-          Analisa…querida…
La lirón se giró, con los brazos en jarras, oliendo el desastre.
-          ¿Qué has hecho?
-          ¿Sabes qué? ¡Sí se puede hacer crecer manzanas en un abeto!

Mientras la carita peluda de Analisa se volvía lívida, un temblor sacudió el abeto, y si nos retiramos un tanto de la escena para ver el árbol por completo, vemos que ahora mismo se acaba de llenar de manzanas, de arriba a abajo. Grandes, rojas, brillantes. Zoom a la vivienda lirón, donde una manzana gigantesca, del mismo color que la cara de Analisa, acaba de brotar encima del fuego mágico. Se calienta y la vemos hincharse e hincharse, hasta ocupar casi todo el espacio, los lirones se abrazan y se cubren las cabezas…

Y ¡patapum! La manzana y el fuego mágico explotan, y salen despedidos del agujero-vivienda montones y montones de trozos de manzana ardiendo, salen desperdigados hacia todas las ramas del abeto, y se enganchan en todas ellas, y ahí se quedan, ardiendo en la noche, sin prender al resto del árbol.

Zoom al agujero-vivienda. Los lirones se encuentran cubiertos de papilla de manzana, y huele a cuerno quemado. El fuego mágico arde débilmente en su rincón, después de haberse repartido por todo el abeto. Analisa empieza a vibrar como momentos antes lo hizo el árbol y Kepler comprende que su vida peligra.

-          ¡TE HABÍA DICHO QUE NO PRONUNCIARAS ESE CONJURO!
-          A..Analisa…Cariño…
-          ¡TE DAS CUENTA DE LO QUE HAS HECHO! ¡HAS DESTRUÍDO NUESTRA CASA!
-          N…no…no está tan mal…Lo limpiaré…
-          ¡Y HAS ROTO EL FUEGO!
-          Seguro que está descansando…
-          ¡YO SÍ QUE TE VOY A PONER A DESCANSAR! ¡YA VERÁS CUANDO TE COJA!

De nuevo, volvemos a una vista general del árbol, donde relucen las bonitas manzanas y los pedazos candentes en los extremos de las ramas, y un par de roedores se persiguen el uno al otro. El primero corre como si lo persiguiese un dragón o algo peor, que viene a ser otro lirón, más pequeño, cubierto de pegajosa manzana machacada, tronco humeante en ristre y con lo que parece una hebra de lana pegada a la pata. Los dos lirones se persiguen saltando de rama en rama, recorriendo el árbol de arriba abajo, y la hebra de lana va quedando adherida alrededor del tronco y las ramas, formando espirales.

Cuando los dos roedores llegan a lo alto de la copa del árbol, donde sigue el farol enganchado, una nueva perturbación recorre el abeto entero. Se miran aterrados y saltan a la vez al suelo.
Desde allí contemplan cómo el árbol vibra un rato, y luego un leve resplandor lo ilumina desde abajo…Y no sucede nada más. Al cabo de unos minutos, cuando queda claro que no va a suceder nada más, Kepler y Analisa se dan cuenta de que estaban abrazados, se miran, y sonríen aliviados.

-          Te has librado de una buena, agradece que siga en pie. Y realmente vamos a tener mucha comida…y está más bonito así. Anda, ve a buscar la fregona, y luego a cenar manzana asada.

Y ambos suben juntos a su abeto.

-          Tengo que decirle a Cat que sus conjuros tienen un efecto retardado y tremendo…


Y la historia podría haber terminado ahí, una anécdota simpática más sobre animales parlantes, pero si mientras los dos lirones se echan a dormir en sus pegajosos calcetines, nosotros seguimos con la mirada tronco abajo, y entramos (virtualmente hablando) por el agujero en el que se pierden sus raíces, veremos cómo caemos a través de un tobogán luminoso a una velocidad vertiginosa y saldremos ¡plop! En otro lugar, en otro tiempo, en otra dimensión.

Sección HO-HO-HO 3650 del Multiverso, Planeta Tierra, Centro Europa

Año 1605, Solsticio de Invierno. Una entidad vestida de blanco, dorado y rojo, con un sombrero de obispo, avanza sobre la nieve con cierta dificultad por un bosque de abetos. Mientras lo miramos a veces parece que predomine sobre su vestimenta el rojo y el blanco, otras el dorado, parece que lleva un cinturón, unas recias botas y el gran abrigo a ratos le llega hasta los pies, con rebordes blancos, y el sombrero en ocasiones parece que sea de lana y que lleva una borla en la punta. Su larga barba blanca roza el cinturón, y porta un gran saco a la espalda. Esta entidad lleva siendo convocada por la gente del planeta Tierra más o menos regularmente por estas fechas desde tiempos muy antiguos y se ha vuelto muy poderosa, y ya se sabe de sobra el camino desde la dimensión de la Imaginación hasta el pequeño planeta azul lleno hasta los topes de la gente que lo reclama y le da mucho trabajo. A lo largo de los siglos la concepción de él ha cambiado un tanto y por eso cuando lo miramos no sabe muy bien si esperamos verlo vestido de obispo, dividido en tres y con coronas, cargado de oro, incienso y mirra, o con los colores de la Coca-Cola.

En esto llega que la entidad se topa con la réplica del abeto de los lirones y se queda mirándolo, muy asombrado. El viaje ha sido instantáneo, pero como en los pliegues del espaciotiempo a la fuerza ha de hacer frío, esto ha tenido sus efectos en el árbol.

Las manzanas, al verse obligadas a pasar por un túnel de altas (altísimas) presiones han adoptado una forma cuasi esférica, muy pulida y muy brillante. La humedad del árbol se ha tornado en escarcha y las hebras de lana brillan con los cristales de hielo. Los trozos de manzana ardientes de fuego mágico parecen velitas prendidas en los extremos de las ramas. Y al farol, en la copa del árbol, no sabemos qué le ha pasado, el caso es que brilla mucho, como una estrella enganchada en la punta más alta del abeto.

El hombre barbudo queda prendado del árbol, le encanta, no sabe lo que es, pero sí que significa algo. Así que, ni corto ni perezoso lo coge para colgárselo a la espalda y llevárselo, con raíces y todo, para asentarlo firmemente allí a dónde va. Y ya iba a marcharse, cuando ve en el suelo un tronquito humeante del que brota una pequeña manzana dorada, ramitas de acebo y que ha quedado espolvoreado en nieve, y unos calcetines de lana que podrían ser diminutos sacos de dormir. Se guarda todo esto en el saco con una misteriosa sonrisa en los labios.

Y finalmente, ambos parten, el hombre barbudo que lleva un saco y el árbol brillante hacia las iluminadas ciudades y pueblos, como una unidad eternamente indivisible. La imaginación de las personas ya hará el resto.

Y conforme se van alejando, nos parece escuchar a través del agujero que lleva a tierras no tan lejanas:

-          ¿¡Por qué hay una berza en el cabecero de mi cama!?



Y este fue, sin ninguna duda, el origen de todos los símbolos de estas fiestas tan entrañables. O no, igual es sólo un relato más o menos entretenido. También pudo suceder que los antiguos rituales paganos de Saturnalia y el encanto del Solsticio de Invierno evolucionasen junto con una o varias figuras admiradas a través de los tiempos y llevadas a ultramar por viajeros que necesitaban de sus cuentos y sus leyendas para afrontar todo lo que se les presentase.

De una forma u otra han llegado hasta nuestros días como recordatorios de que lo cotidiano también puede ser extraordinario, y de la magia que conlleva perpetuar los rituales que llevaron a cabo aquellos que existieron antes de nosotros, y de recordarlos en una época en la que soñamos y deseamos con la fe fervorosa de un niño, cuando las esperanzas y promesas parecen mucho más cerca de cumplirse.

FELICES FIESTAS PARA TODOS, a lo largo y ancho del Multiverso.


(1) Esto es una laaarga historia. Muy larga. Les remito a la educativa lectura de cuentos tales como "Memorias de una alimaña educada", "Más o menos un cuento de hadas" y "Universos paralelos y otras brujerías".
(2) En serio, es una historia muy larga.
(3) El viejo Marlin, un entrañable y desaliñado mago que conocimos en "Memorias de una alimaña educada" (¿cómo? ¿aún no la has leído?) hizo fortuna con la sabiduría extraída de cierto libro mágico repleto hasta los topes de espíritus cascados de magos versados en la más alta hechicería y por tanto mucho más listos que él, pero no tanto como para no terminar atrapados dentro de un libro parlante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario