Las estrellas sólo brillan cuando
el cielo está oscuro. Me lo ha dicho el firmamento cuando la última uña de sol
se ha ocultado por el horizonte. Me lo ha susurrado el bosque con el viento
meciendo sus mil y una fragancias. Me lo ha contado la luna refulgente sobre mi
morada solitaria. Lo veo en la lumbre de mi hogar, danzando como un baile de
hadas traviesas.
Las estrellas sólo brillan cuando
el cielo está oscuro. En la oscuridad vivo, y en la oscuridad me muevo buscando
la luz, a un paso de la negrura, a dos pasos del fulgor.
Luces y sombras, bien y mal,
felicidad y tristeza. Las dos caras de la misma moneda, pues no existe una sin
la otra. Y yo, el puente entre dos mundos.
Porque es a mí a quien buscan
cuando la balanza se inclina hacia la miseria. Soy yo quien urde mil maneras de
llegar a la felicidad no siempre duradera. Es tan difícil lograr el equilibrio…
Camino siempre en la frontera, tejiendo noche y día un vínculo seguro con la
luz.
Pero es tan duro…Trabajar sin
descanso contra la oscuridad a menudo hace más cómodo vivir en ella, y las
noches son largas en una cabaña alumbrada por tenues velas.
Pues mi morada es el único faro
para muchos, de rostros anónimos de miradas suplicantes. Llegan a la caída del
sol, huyendo de la luna y sus propias miserias, retorciendo sus manos de
angustia y culpa, temerosos de recurrir al refugio del bosque. Sin embargo aquí
siempre encuentran consuelo, una mano amiga que destierra las dudas y alivia
los pesares, que recurre a la sabiduría más antigua que el tiempo y que siempre
haya la forma de combatir la oscuridad con un remedio, de hierbas o sentido
común, un consejo o compartiendo una carga más. Absorbiendo demonios que dancen
con los propios cuando la cabaña quede en silencio y las estrellas den paso al
astro rey.
Escribo ahora para exorcizar esos
demonios, para aliviar mi alma de todas las tinieblas que se esfuerza por
alejar, por seguir siempre en el lado luminoso del camino.
Escribo a la luz de las
luciérnagas que iluminan los rincones oscuros para dejar constancia de que
caminé por grandes bosques, respiré vientos de cambio, de calma y amenaza,
bailé bajo la lluvia y alrededor de hogueras, salté sobre las cosechas para
hacerlas crecer vigorosas. Estuve en el corazón de las cosas en bosques,
colinas, escuchando el rumor del agua corriente. Planté más árboles de los que
puedo recordar, hablé con animales y dormí bajo las estrellas. Sentí el cambio
de cientos de estaciones, escuché el eco de aquellos que estuvieron antes que
nosotros y formé parte de la Fuerza Vital que mueve el Universo.
Escribo en un gran libro para
dejar testimonio mientras puedo de todo lo que he hecho, de que vivo y respiro,
de que marco la diferencia, de que soy el cerco que separa dos mundos. Pero
sobre todo para dejar escrito que siempre traté de vivir en la luz.
Y aunque a veces tengo miedo,
aunque las tinieblas amenacen con tragarme y arrastrarme consigo, aunque crea
que nada fue suficiente, las estrellas me recuerdan que puedo ser una de ellas,
un punto de luz alumbrando tinieblas, una mano amiga, un consuelo, un remedio y
un consejo. Una creencia en que todo irá bien, aunque sólo sea porque se cree
firmemente en ello.
Porque soy quien soy y puedo
solucionarlo todo. Porque puedo conjurar la luz. Porque una bruja se encarga de
las cosas.
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