Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

domingo, 15 de mayo de 2016

Brujerías en una Noche de San Juan (parte 6 FINAL)

La noche del 24 de diciembre la familia duerme y el  Forjador de Invierno ya ha iniciado su labor, conjurando un suave viento que, bajando desde nubes plateadas, se arremolina por las frías calles, mece las plantas dormidas en los balcones donde una noche para soñar se puede contemplar unas estrellas como cristales de hielo.
Algo de esas pequeñas ráfagas centelleantes consigue penetrar en una vivienda. Ya presenta la típica decoración navideña de todos los años. Sobre la chimenea que ya no se enciende porque la estufa es mucho menos engorrosa penden unos calcetines rojos y verdes a la espera de albergar algún bonito detalle. La mesa, ricamente decorada con candelabros y velones, sobre un mantel con ribetes dorados. El Belén, sobre la mesita del café, inspirando como cada año el cariño por la tradición, la familia unida y la fe, y también algo de tristeza por los que ya no están. Por último, el árbol, magnífico con todo el espumillón y los adornos, antiguos y nuevos, cada uno tendría una historia o una anécdota que contar, si tuvieran voz. En la entrada, en las puertas, aquí y allá, más ornamentos, cintas y lucecitas.
Pero me olvidaba de algo. Hay un adorno nuevo, uno que no ha estado ahí siempre. Al lado del árbol teníamos una mesita en la que no habíamos reparado, dado lo impresionante y conmovedor de aquél. Sobre la mesita reposa una figurita. Representa un duende de Navidad, de sombrerito rojo moteado de blanco, recordando a una seta, o al menos la versión bucólica y romántica y nada realista de éstas. Lleva vestiduras verdes, guantes y peucos rojos y bufanda y calzas a rayas blancas y rojas. Y un bonito corazón de fieltro sobre el pecho, para completar el cuadro. Combina perfectamente con la atmósfera de anticipación a estas fechas tan entrañables.
Pues adivinad a dónde he ido a parar, transferida de cabeza desde la ciudad de las hadas al mundo real para cumplir con mi cometido.
Recapitulemos que aquí habrá algunos que se han perdido. Hace cosa de unos seis meses, me encontraba yo tan feliz ejerciendo de bruja medieval afincada en el siglo XXI, lo normal por estos lares, y de pronto me encontré convertida en una cursilada de Hada Encantada, en castigo por haberme dado de narices con una, que se había despistado la mágica Noche de San Juan, así le dé un cólico miserere, aunque el santo no tenga la culpa. Total, que la otra y yo acabamos con los poderes intercambiados y las inmortalidades también, porque claro, mientras a mí me encasquetaban la túnica blanca y la misión de cuidar de un aburrido centro energético forestal durante otros doscientos años, a la otra la reconvertían en “mortal”. ¡Ja! Pues a ninguna nos sentó nada bien el cambio, en absoluto, y viajamos a la ciudad de las hadas para pedir educadamente (una bruja nunca suplica, ni amenaza, al menos de forma no sutil) que nos volviesen a cambiar. Y la fastuosa Reina de las Hadas, que también le dé un retortijón súbito, fue tan espléndida de asentir a nuestra súplic-petición a cambio de realizar unos cuantos “trabajitos” en el universo mortal, que resulta, para nuestro pasmo, que se encontraba ya encima de las fiestas navideñas. De un tiempo a esta parte se ha dicho muchas veces (muchísimas) que el tiempo es relativo, pero no tienen ni idea del pedazo desfase horario que hay entre el mundo de las hadas y el real. Aunque la eternidad que nos pasamos con el papeleo, alma y centro de cualquier sociedad bien montada, incluyendo la de las hadas, también tuvo mucho que ver.
Y aquí estamos. Mejor dicho, aquí estoy yo, con el marrón que me ha tocado. A mi compañera, con sus nuevos y nada bien entendidos poderes de bruja la mandaron a suplir la ausencia de Befana en Italia. Porque esa es nuestra tarea, mantener vivas las leyendas feéricas en un tiempo cada vez más tecnológico y lógico y aburrido, en el que las hadas, las brujas y las leyendas ya no tienen lugar, y los niños escriben la carta a los Reyes en la Tablet, fácilmente descargable en el móvil de los padres.
Y también, en mi caso, controlar a una cohorte de pixies traviesos que abrieron un portal desde la cárcel de las hadas y saltaron al mundo real. Una misión de vital importancia. Los informadores de la Reina los situaban más o menos en esta casa, en esta zona de España y en este año (un pequeño error de cálculo y podías acabar en plena guerra napoleónica dentro de un cañón). La Reina se había mostrado muy críptica cuando se le preguntó acerca de lo “vital” de la misión, sólo insinuó que sería mejor que las cosas salieran bien. No especificó si mejor para la humanidad, para ella o para mí. Pero debía tener en cuenta que hay cosas mucho peores que pasar la eternidad cuidando de un túmulo energético en un bosque solitario, enfundada en túnica blanca y nada más.
Espero que Andrómeda el hada lo lleve mejor en la bella Italia, haciendo de anciana bruja buena que lleva regalos a los pequeños italianos. Fue enviada un poco más adelante en la línea del tiempo, a la noche del 5 de enero, cuando se espera la llegada de la Befana.
Seguro que le va bien. Seguro. Mejor que a mí, al menos.
Y aquí llegan. Me parece notar una perturbación en la Fuerza…Digoo…ondulación en el aire, apenas perceptible para el ojo humano, y debajo del árbol de Navidad empieza a oírse un murmullo cada vez más fuerte. Un murmullo muy raro.
-          Aj, ya sus habéis equivocadu, malandrines.
-          Osti,  l’haveu fet bona, burinots. Aquesta mena da planta da plàstic nu és el Carib. Quin fàstic.
-          Kaixo bestias. Sus resbalasteus a la salida la choza la Reina. Ay amaaa…
-          Ahí va la hòstia. Si foris tú qui ens guiava, cap de fava.
-          Ahí ba la hostia tú, joan hadi ipurtzulotik hartzera.
-          ¿¿¿Qué me’n vagi on???
Y ruido de peleas. Y tacos varios en vasco, catalán y gallego. El árbol de Navidad se tambaleó peligrosamente. Mi agudo sentido del deber me decía que debía intervenir, pero era bastante divertido presenciar aquello, tranquilamente sentada en la mesita balanceando mis pies de fieltro.
-          ¿Y agora qué facemus? ¡Estamus perdidus! ¡Huy, huy, huy!
-          Mantingueu la calma, carallots! Nu perdeu la testa! Ens hem hagut de passar la ixida!
-          ¡Perdidus! Cambiamus las vejiñas da monte por árbul porquiño de plásticu! ¡Y todu por tu culpa! ¡Mal raio che parta, palabreiro!
-          Kabenzotz!!!
Y entonces una nube marrón grisáceo surgió de debajo del árbol de Navidad, como regalito anticipado de Papá Noel. A primera vista parecía como si un montón de setas, champiñones y hongos varios se hubiesen enzarzado en la pelea de sus agrestes vidas. Vistos más de cerca, aquellos pixis, con sus cabezas desproporcionadas, de narices bulbosas, orejones de murciélago grandes como puertas y ceños fruncidos en los que podría aterrizar un avión, realmente parecían brotados de la tierra junto a una remesa de hongos salteados.  Hubiera jurado que algunos de ellos tenían un champiñón solitario emergiendo de las cabezas mondas y lirondas o de los terrosos traseros. Pero no podía asegurarlo completamente, dado que seguían enzarzados en la pelea.
En fin, estaba retrasando el trabajo, y ya estaba durando demasiado esta historia*
Lo primero era separarlos, y después convencerlos de que se fuesen por donde habían venido. No era fácil en absoluto.
Me deslicé hasta el suelo como pude con ayuda de mis brazos y piernas de tela, y me planté delante de la maraña de pixis. Esa posición ofrecía una mejor panorámica del asunto.
-          Veste’n a pastar fang, cagabandúrries! Cap d’ase, desvirga-gallines!(1)
         ¡Zoaz antzarrak perratzera! (2)
-          ¡Adoquín!
-          ¡Trompo!(3)
-          ¡Pavitontu! ¡Nu me lo dices a la jeta! ¡Caguiñas! (4)
-          ¡Tximeleta!(5) ¡Y koldar lo serás tú! (6)
-          Ejem…
-          ¡Tolondrón!
-          Ejem, ejeeem..
-          Ensumapixums!(7)
-          EJEM!
-          ¡Collons, una mossa! (8)
-          ¡Es verdad! ¿Es un poquitu rara, nu?
-          ¡Karayo si! ¿Qué es esa cosa de la testa?
-          Parece un gorriño. Pero también un champiñín. Non estoy seguru. Y esas cosiñas que le salen de la caboza?
-          ¡Crec que és pèl! ¿Oi?
-          ¿Qué dices? Es comu lo de las vejiñas. La cosiña lanosa esa.
-           ¡Ké kurioso! Nuestras neskas no tienen lana ni pelusa. ¡Kalvas como el monte Igueldo!
-          Chicos, cuando acabéis vuestro análisis, seguidme. Soy…la guía local. Este es un atajo para llegar al Caribe, y os voy a indicar cómo.
 Había que pensar rápido. La reina me había devuelto mi poder para abrir portales. La muy porquiña sabía que no abriría uno y me largaría a vivir una corta vida como objeto decorativo.
El plan consistía en abrir el portal y asegurarme de que todos y cada uno de los pixis abandonasen la Tierra directos al despacho de la reina de las hadas, donde seguro les aguardaba una buena reprimenda.
Ese era el plan.
Me concentré y abrí el portal. Aparentemente no había cambiado nada, pero un ojo entrenado podría detectar una levísima ondulación en el aire.
        -¿Esa nebliña pegajosa no será peligrosa, nu?
        - Nah, qué va. Venga, todos adentro, ¡las playas de Punta Cana os esperan!
        - ¡Qué bé! Hi haurà margarites i cosmopolitans, oi?
Y la alegre maraña de pixis se dispuso a entrar en el agujero…
Del que salió una bota descomunal. Seguida de un gigante barrigón, desharrapado, cubierto de hollín y tocado de boina, con cayado y saco completando el cuadro. 
-          Kaixo! Hemen duzu, ez zara! - Llegados a aquél punto decidí que era necesaria una pequeña intervención. Probé la versión del hechizo traductor de idiomas del paquete de poderes de hada Encantada y lo lancé con disimulo - Sí que me ha kostado enkontrarsus, renakuajos! Así ke es akí donde hacemos el anuncio, ¿ez? - No era perfecto, puesto que los poderes de hada aún eran nuevos, pero al menos nos entenderíamos. Había problemas más acuciantes, además. Con el recién llegado los pixis estaban tan perplejos como yo.
-          Esto… ¿Perdón?
-          ¡Sí hombre, sí! Rekonozkoa ke se me había ido el santo al cielo, pero estoy seguru de que ya ha pasado un anyo! (9)
-          …¿Cómo? – Dije con un hilo de voz. No me habían comentado nada de esto y estaba empezando a hiperventilar. Sobre todo porque el elemento hablaba con un vozarrón de hacer retumbar cordilleras. 
-          Sí, komo todus los anyos, ke baju de las montañoas a las villas. ¡Vengo a anunciar que ha llegao el Inviernu, kabenzotz! Pero esta vez no vengo solo, me acompañoa mi lehengusu, mi primo el Tientapanzas! 
-          Apalpadoiro si nu te importa, Olentzero. ¿Llegu tarde? Siéntolu y laméntolu. – dijo una pantufla del tamaño de una barca, surgiendo del dichoso portal. Con ella salió otra versión del karbonero, digoo carbonero, un viejo barbudo, vestido con ropa de campo vieja y remendada, y con un saco de castañas al hombro. - ¿Algunu puede decirme dónde están los nenos? Las castañas están calentitas y las tallas de madeira fermosas.

Debo admitir que mi conocimiento de las leyendas del Solsticio de Invierno del Norte dejaba mucho que desear, y aquello unido a un gigante hablando de castañas, madera y niños me hizo palidecer.
-          ¡Arrayua! ¡La gnoma está potxa! ¡Dale una castañoa de las tuyas, a ver si se le pasa! – dijo el Olentzero dándole un manotazo en la espalda al Apalpadoiro, con un crujido que tronó como un alud.

      !Demoños! ¡Sí que estás fuerte, vieju! Así, así esteas todo el año (10)- Dijo, dándole una palmada en el tripón que generó ondas gravitacionales.

Y en esas estábamos cuando salió del portal un enanito muy curioso, vestido de pastor y cargando con un leño bajo el brazo.
Bien mirado no era un enano, sino un individuo que caminaba agachado, muy agachado, de un modo realmente incómodo. Tanto como pueda serlo llevar los calzones por los tobillos y todo el “derrier” en topless.
-          ¡Cerrad la puertoa, que entran bitxos!
-          Salut i força al canut! No llego demasiado tarde, oi?
-          ¿Y tú quien carallo eres, desvergonzau?- Dijo el Apalpadoiro, el cual vestía recatadamente con tanta lana que podría servir de carpa al Circo del Sol.
-          A qui li dius tú desvergonyit, carcamal? Jo sóc ni més ni menys que el Caganer! Jo sóc part vital al Betlem, jo! Represente la fertilitat de la terra, la prosperitat i la bona sort per al any que ve, dimontri!- declamó mirando a sus pies debido a la inclinación de su espinazo.

       -Sip, ya sé yo qué fertilizantes usas tú... Naturais como a vida mesma. - ¿Y este quien es? - No, no había entrado nadie más, se refería al madero que portaba el Caganer. Iba cubierto con una manta roja y realmente parecía tener una cara feliz. Todo lo feliz que pueda estar un tronco. 
-       - Este es el Tió de Nadal, l'altre elemento vital al Nadal! Parece mentida que no el conozcáis. El Tió es farceix, se rellena de regalos para la familia: golosinas, barquillos, torrons. Se le da de menjar hasta la Nochebuena, tapado con una manta para que no pase fred. I el 24 per la noche...
         - ¿El Tió defeca?
-        - Sí! Doncs sí lo conocéis!
         -¡Qué va! Sólu mera asociaçao da ideas, la coincidença xeografica...
        - Qué has querido dir amb aixó? - en ese momento el reloj de la sala dio las doce, sobresaltando a todos los pintorescos presentes.
         - És l'hora - dijo solemne el Caganer.- Queréis ser testigos de lo que está a punt de pasar? 
         - Que el tronco se va a ciscar?
-     - El Tió és un símbol! Del hogar, del foc, de la terra. Fa reunir a tota la familia al voltant, alrededor de la llum i el calor que dona, ofrece els presentes de la terra, els últims del any que está a punt de concluir antes de que la roda vuelva a girar de nou. Es un momento magnífic en el que pasado y presente se aúnan por medio de una tradició que lleva viva durante segles: la luz, el foc, la terra, la abundancia, la familia, contra el frío del invierno. 

    Inspirados por las palabras del Caganer, y henchidos del inefable espíritu de aquella tradición tan antigua como el tiempo, que se renovaba a través de los descendientes de tantos otros que hacían lo propio sin saber muy bien por qué, pero lo hacían así como sus antepasados, para preservar aquello que debía ser preservado, por muchas ruedas del año que girasen y los tiempos avanzasen. La extraña compañía sin más testigos observamos ceremoniosos cómo el Caganer le arreaba un par de barrazos al Tió, amorosamente depositado en el suelo al lado de su congénere de plástico, y cómo el leño dejó caer pan seco, turrón, frutos secos, mandarinas y otras pequeñas frutas, golosinas y barquillos… Directos a unas pequeñas manitas ansiosas.

     -Yo soy Groot – dijo el leño con cara de satisfecho. Pero nadie le escuchó porque al fin y al cabo sí había habido testigos.
Una pequeña niña de unos dos años nos miraba con grandes ojos marrones, chupando distraídamente un barquillo que le había caído en las manos, frotándose un ojo con cara de sueño pero esbozando una sonrisa llena de chocolate.
Acto seguido todo había cambiado. El Caganer en un momento ya no estaba ahí. Al percatarse de que tenía público de un salto se escondió detrás del Belén de la mesita, con cara de concentrado y tratando de pasar desapercibido en su importante misión de fertilizar los campos.
Los dos gigantes por su parte también mutaron en algo nuevo. Olentzero clamaba en vasco que había llegado la Navidad y el Apalpadoiro trataba de darle castañas a la niña mientras trataba de decidir si estaba suficientemente bien alimentada. Como es natural armaban demasiado jaleo para una pequeña casa en el mundo real a las 12 de la noche. Y decidí que ya iba siendo hora de irse. Sobre todo porque la niñita había fijado un ojo en mí y estaba muy empeñada en jugar conmigo, su nueva muñeca.
-          ¡A ver, pavitontus sen entendimendu! ¡La vostra misión es guiar al Olentzero y al Apalpadoiro onde non saben que es Navidad! ¡Kabenzotz, ya estáis tardando, redeu! ¡Seguidme, ahora los habemus de llevar al Karibe!
Y en un abrir y cerrar de ojos los duendes trabajaron codo con codo para... Sí, con sorprendente fuerza levantar a pulso a los dos gigantes y arrastrarlos hacia el portal mientras éstos aún prodigaban parabienes y buenas fortunas a la niñita.
Antes de desaparecer con ellos me percaté de que la pequeña nos decía adiós con la mano, con una cara que decía a las claras que no se había creído que todo aquello era un sueño. A lo mejor de mayor le daba por dejar escrito aquella extraña alucinación, cumpliendo la voluntad de la Reina de hacer presente al menos un año más viejas tradiciones y cuentos.
Después del episodio de Navidad, la fastuosa Reina de las Hadas decidió que aún no podía prescindir de nuestros valiosos servicios, y nos encargó algunas tareas más que ayudasen a preservar las viejas leyendas y tradiciones mágicas que se estaban diluyendo en el fulgor tecnológico del siglo XXI. En una de las más absurdas, Andrómeda y yo tuvimos viajar al punto de la línea temporal en el que surgió el Conejito de Pascua, para asegurarnos de que hubiese un esquivo conejo blanco con chaleco (cuando te pones a enredar con historias se acaban liando) cerca de unos huevos decorados que una buena mujer que no podía ofrecer dulces a sus hijos escondió en el jardín huevos decorados. Los niños, al ver un conejo, creyeron que había puesto huevos, sentando sin saberlo otro cuento que se convertiría en esperanza de fortuna todo el año si se encuentra un huevito decorado entre la floresta.
Pues a pesar de la imposibilidad biológica de la leyenda, debía preservarse a toda costa, en lugar de dejar que alguna de las aves forestales que pasaban por allí sustituyese al gran Conejo de Pascua, el cual se había ido a ocuparse de sus asuntos a otra parte en un momento en el que surgió otra tradición imperecedera.  Bien pensado, hubiese quedado mucho menos entrañable el Cuervo de Pascua. O el Halcón de Pascua. O el Cuco de Pascua.
Luego llegó Samhain o Halloween, en el que el mundo de los vivos y el mundo de los muertos se encuentran peligrosamente cerca, se abren nuevos portales y pueden pasar tanto los bondadosos espíritus de los antepasados fallecidos como otras cosas más feas.  Pertrechadas de una especie de colador gigante que dejase en el fondo ese poso de negrura y dejase pasar las almas blancas, protagonizamos otra versión del “cierra la puerta que entran bichos”.
Y al fin, en un retorcido giro de los acontecimientos, en el que Halloween había venido antes de San Juan, no me enteré muy bien de cómo la Reina se las arregló, llegó de nuevo Litha o San Juan y el ansiado premio. Pero antes tuvimos que plantar la noche anterior Yerbuca de San Juan que ayudase a los buenos mozos y mozas de Cantabria a ahuyentar a los Caballucos del Diablo, lo que venían a ser, según entendí, unas libélulas gigantes que amenazaban con perturbar la fastuosa celebración de las hogueras, otra tradición propiciatoria y purificadora.
Dejamos a los mozos buscando por el suelo la Yerbuca y también las difíciles flores del agua nacidas en las fuentes, (cuyo hallazgo permite vivir cien años, no sufrir dolores el resto de la vida, no pasar hambre y aguantar con ánimo sereno toda desazón), y aprovisionadas de sendos ramitos nos preparamos para la venida de Su Alteza, en el mismo lugar en el que nos habíamos encontrado por accidente un hada Encantada y una bruja, tanto tiempo atrás que ya ni me acuerdo.
No voy a relatar el nuevo sermón que nos dedicó Su Graciosidad, pero sí diré que nos agradeció la ayuda prestada (voluntariamente, claro está) para mantener con vida las leyendas feéricas, nos devolvió nuestras auténticas esencias y para nuestra sorpresa mayúscula, hizo algo más. En premio por sus doscientos años como hada Encantada, sin contar el incidente con mi persona, ascendió a Andrómeda a Anjana, una hermosa criatura con largas trenzas adornadas con lazos y cintas de seda, ceñida la cabeza con hermosas coronas de flores silvestres, la consabida túnica blanca (cómo me alegré de deshacerme de ella), una capa azul y una vara de fresno con la que hacer encantamientos. Podía convertirse en árbol, animal u algún objeto inanimado a su antojo, y recibió la nueva tarea de amparar y ayudar a la gente necesitada o afligida, para volver al final del día a su gran palacio subterráneo oculto en una cueva situada al lado de un plácido río, lleno de tesoros con los que castigar a los codiciosos y soberbios o para favorecer a los más humildes o desfavorecidos de buen corazón. Recibió todos sus dones con una mirada amorosa y serena.
Aquello me alegró enormemente. Aún me dolía el mordisco de una libélula gigante.
¿Y qué hay de mí? Me llevé feliz mi ramito de raras flores del agua y tréboles de la Noche de San Juan para preservar en mi libro almanaque siguiendo mi propia tradición ancestral, y sigo con mis brujerías, viajando a lo largo de la línea temporal y las muchas dimensiones del Multiverso, visitando las distintas épocas de la Tierra y el Reino Peligroso de las Hadas, curioseando en los confines de las galaxias y dejándome caer en ocasiones especiales por el País Vasco, la cornisa Cantábrica o Cataluña, para echar una ojeada a ciertas tradiciones imperecederas, que nos unen mucho más de lo que podríamos pensar.


* Y no sabéis cómo me fastidia llevar año y medio de esta guisa. La que escribe estas locuras sí que no está haciendo su trabajo. **
** A veces no puedes impedir que tus propios personajes se vuelvan contra ti.
(1): Váyase usted a freír monas un ratito, si no tiene inconveniente, pedazo de burro y… intraducible y no recomendado para mayores de 13 años.
(2): Me han asegurado que significa “vete a herrar ocas”…
(3): Podría significar “tonto”, pero me inclino más por “está usted ebrio señor”.
(4): Caguiñas: Apocaudo, chainas, cobarde, cagainas, cagaíñas, cagán, cagarolas.
(5): Insecto del mismo orden que el escarabajo, de unos 5 mm de largo, forma casi semiesférica, color rojo o amarillo con puntitos negros, con antenas engrosadas hacia la punta, boca de tipo masticador, patas cortas y alas protegidas por unas placas duras denominadas élitros.
(6): Caguiñas.
(7): A usted le gusta esnifar pis señor.
(8): Caramba, una joven muy bien parecida.
(9): Olentzero, Olentzaro u Olantzaro es un personaje navarro de la tradición navideña vasca. Se trata de un carbonero mitológico que trae los regalos el día de Navidad en los hogares del área geográfica y cultural denominada Euskal Herria, conformada por el País Vasco y Navarra y el País Vasco francés. Su origen está en la zona de Lesaca (Navarra):
(10): Además de las castañas, el viejo Apalpador, de oficio carbonero como su primo vasco el Olentzero, conseguía en los soutos la madera con la que tallaba juguetes para los niños y niñas. La noche de Navidad bajaba de las devesas y entraba a escondidas en las casas. Entonces, se acercaba a ellos y les palpaba la barriga para ver si estaban bien alimentados. Si estaban llenas decía su conjuro - "Así, así esteas todo el año" ("Así, asi estés todo el año") - si no, no decía nada, pero a todos les dejaba un puñado de castañas y alguno de sus juguetes.
(11): Un caganer es una figurita de nacimiento que se suele colocar en los belenes, como tradición en Cataluña y en la Comunidad Valenciana, normalmente escondida en un rincón, detrás de un arbusto, agachada y en postura de estar haciendo sus necesidades. También es frecuente esta figura en los belenes de las Islas Canarias. En otros puntos de la Península Ibérica, Portugal, Comunidad de Madrid y Murcia, existen los personajes belenísticos semejantes del cagador y cagón respectivamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario