Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

martes, 4 de diciembre de 2012

Si sueñas, loterías.



Pasa igual con el anuncio de los Ferrero Rocher, Mon Cherri,  el de Freixenet o el primero del año nuevo… En la ajetreada vida del siglo XXI todavía quedan ritos que perduran en el tiempo, por muchas décadas que pasen y por muchas crisis que ya aburren de persistentes. Uno de ellos para mí es ver los típicos anuncios de las fiestas navideñas, y en especial el spot de la lotería del 22. Aunque se cargaron al inolvidable “Calvo de la Navidad” y los anuncios ya no volvieron a ser lo mismo, veías a la burbujita de Freixenet del momento con un escotazo de vértigo absolutamente deprimente y un vestidito dorado  en absoluto invernal y suspirabas, ¡ah..hay cosas que nunca cambian..! Rebosante de nostalgia y de polvorones. 

Lo dicho, durante un tiempo algunos echamos de menos al calvete que soplaba la papeleta ganadora que nunca te tocaba pero que si no la jugabas parecía que la Navidad no estaba completa, pero hay que admitir que el de este año, chapeau. Me quito el cráneo. 

 Por tantas y tantas desgracias, el “Feliz Navidad y próspero Año Nuevo” de este desastroso 2012 pinta de lo más sombrío, amén de hipotéticos apocalipsis. Me veo a gente murmurando sus bendiciones y persignándose dudosa por si llegará a ver el 2013. Paciencia, todo se andará…A lo que iba. Hay publicistas que merecen que les frían los higadillos en su jugo, pero antes hacerles cantar por soleares que las leyes de la física son verdades universales  aunque les haga babear el ultimísimo, ultraplanínismo y extracarísimo iphone nosecuál. Pero hay otros a los que se les huele la genialidad, como la podredumbre cerebral a los de los menudillos fritos. 

En mi opinión, el spot de la lotería de este año no podría estar más acertado. El país colea todavía pugnando por levantar cabeza tras un año de recortes, huelgas, desesperanza,  manifestaciones, altercados, tragedias varias y sobre todo, desilusión universal. Nadie tiene ganas de celebrar nada. Nadie se atreve a atesorar un poquitín de felicidad, por miedo a que con unas enormes tijeras se la vuelvan a arrebatar sin poder evitarlo. Muchísima gente pugnando por sobrevivir más que vivir ha llegado a un 4 de diciembre  en el que como de costumbre ya se han acabado las pastelosas películas de Navidad que empezaron en Noviembre y en las que “todo es posible si conservas el espíritu” y los centros comerciales ya te dicen lo que más deseas en el mundo entero para estas fiestas, bombardeado sin misericordia por anuncios y más anuncios de juguetes, colonias, más colonias, gambas, gulas del Nooooooorte (subnormal la tia..) rodeado de lucecitas brillantes y bailando al son de “Jingle Bells, Xmas smells…” Agotador. A Reyes ya reglotas Navidad. E instintos maníacos. 

Pero quizás, sólo quizás, sería bonito creer en eso del espíritu. Dando por perdido ya el sentido religioso de la fiesta y con el buey y la mula ya en retirada miras la peliculita de las 16 con una sonrisa boba en la cara y piensas que ojalá cualquier cosa fuera posible. Que fuera verdad que unos hombrecillos plateados recorrieran caminos de blanca nieve y brillante escarcha y atrapasen todos tus sueños, inquietudes y, por qué no, tus más oscuros deseos en burbujitas iridiscentes, pero no de Freixenet,  y las concentraran en el lugar mágico donde se agrupan los borrosos recuerdos felices de ese árbol que parecía gigantesco a los 4 años cubierto de algodón en un rincón del hogar de mi niñez, y de la incombustible figurita de Papá Noel en coche sobre el piano, sin la cual no es Navidad. Y de las comidas al amor de la lumbre con los ya ausentes abuelos que con sus más y sus menos siempre te deseaban lo mejor… Donde se agazapa el etéreo espíritu del que los americanos no se cansan de hablar en sus películas pero cuyo significado nadie rememora ya, porque a veces los malos recuerdos ensombrecen a los felices momentos de ilusión. 

Sería bonito creer que en Navidad aunque los grandes adornos se apaguen se encienda una tímida lucecita en alguna parte y que todos los sueños y anhelos perdidos con fuerza y fe pudieran hacerse realidad.

Es precioso. Y barato. Pues soñar es gratis y nunca desaprovecho una ganga.

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