en tu balcón sus nidos a colgar…
Así empieza Bécquer
uno de sus más famosos poemas. Sigue con la cantinela de que los mismos avechuchos voyeurs de su nido de amor ya no volverán. Un entendido en literatura le podrá
sacar mil sentidos a este poemita, pero ahora mismo el que se me ocurre a mí es
el de la eterna versatilidad de la vida. Volviendo a Bécquer, al tío se le fue la pinza y terminó matándose,
gajes de la época y del Romanticismo como segunda piel. Supongo que en parte sería también por ser
demasiado consciente de las miserias del mundo. Dicen que los locos y los borrachos nunca
mienten.. Cuántos don Quijotes en el siglo equivocado que ven más allá de sus
narices se habrán cansado de desfacer entuertos que nunca acaban, a su manera y
como Dios buenamente les dé a entender, para terminar rindiéndose a la evidencia
de que no hay nada que hacer…
Pues no, las golondrinas no volvieron ni volverán, y puede
que más cosas hayan cambiado sin que te des cuenta en estos precisos instantes.
En la inercia de la vida precipitándose hacia adelante, sucediéndose los días
uno detrás de otro y de repente ya han pasado tres meses empezando ayer el
curso, y de repente ya tienes 21 años cuando hace nada suspirabas por la
mayoría de edad, en un momento dado estás harto de la rutina gris y anodina que
hace cada segundo igual al anterior, y
al siguiente te haces consciente de que ante tus narices se han sucedido millones
e imperceptibles pero sí, cambios.
Los recuerdos los conforman los eventos importantes en la
vida, que, como suele decirse, es lo que te pasa cuando estás mirando otra
cosa, y tras la aparente y aborrecible rutina se señalan unos cuantos puntos
brillantes que suponen variaciones importantes en la constante que parece ser
una existencia a la que a veces no le encuentras mucho sentido. Pero si uno se
fija bien en esa línea del tiempo que transcurre inexorable te das cuenta con
pasmo que hay minúsculos pero importantes y continuos cambios. Alguna vez serán
deltas de Dirac que tan abruptamente como vinieron se desvanecieron en la
monotonía anterior, y otras veces serán
suaves puntos de inflexión que inicien una nueva tendencia. Nuestros
estados de ánimo van en una montaña rusa de máximos y mínimos, probablemente
algunos de ellos marcados por la influencia de la Luna o demás artes oscuras.
Cambiar de parecer y volver a cambiar habiendo por en medio un enfado o que por
esto mismo se apague algo importante para siempre.
Aunque joda admitirlo, nuestra vida es más caótica de lo que
parece, si cabe, y es imposible frenar los grandes cambios que puede provocar
una decisión insignificante, una situación o pésima suerte. No hace falta
romper un espejo para que por siete años o más estés maldiciendo un estúpido
giro de acontecimientos que te amarga ad infinitum et ad nauseam. Y al segundo
siguiente viene un aneurisma y te mata. Viva la existencia humana, dueña
absoluta de libre albedrío. Ja ja ja.
La vida es tan lotería como lo que cada 22 de diciembre hace
soñar a los que desesperadamente desean que todo cambie, aunque siempre hay
quien sabe comprar a la suerte…Pero no importa, a ése también le puede atacar
el aneurisma. Si todos vamos a acabar igual, haya sido nuestra existencia una
exponencial decreciente, una sinusoide o una constante universal. Es lo que
tiene la vida, que nadie sale vivo de ella.
¿Y qué hace que un día tengas 20 y al otro 21 años? Nada en
absoluto, sólo que eres más viejo y empiezas
a vivir el año 22 de tu vida, deseando que tus decisiones no lleguen a matarte como
un huracán en el ojo de una mariposa e implorando no pensar mucho en estas
cosas para que no se te vaya la pinza como Bécquer.
Sin embargo, propio es de la existencia humana que los
aspectos importantes en la vida de uno a los que se llegue en un momento dado nunca cambien. Errare
humanum est.
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