Levanta la mirada. El cielo estrellado se extiende sin horizontes. La vastedad del universo la fascina por completo, pero también la sobrecoge e intimida. Siente que miles de mundos la están mirando. Y a pesar de ello a veces se siente muy sola. Terriblemente sola, y a la deriva.
La línea del tiempo sigue su curso, y es imposible adelantarla o detenerla, ni volver atrás, y todo lo conocido y por conocer se mueve con ella, siguiendo su camino. Y esta noche sus pensamientos están en órbita.
Su mente gira de una idea a otra, vagando sin rumbo, ni objetivo. En algún momento y lugar para ella el tiempo sí se ha detenido, y sus sueños y esperanzas, brillan pálidos y distantes como las estrellas, aprisionados en lo más recóndito de alguien incapaz de avanzar.
Y ahora se siente vacía, a la espera de algo más que llene su vida y traiga de vuelta la alegría.... Para dejar de sentirse como un astronauta errante sin sistema de referencia, que grita en la inmensidad de la nada sin que nadie pueda oírle. Perdidas la señal y la confianza en sí misma.
Pero mañana ella lo verá todo con otros ojos, expulsados los lúgubres pensamientos de su mirada y de su alma, con renovadas fuerzas para construir peldaño a peldaño la escalera a sus sueños, más nítidos y cercanos al fin.
Para robarle a la Luna una estrella y ponerla en su mesilla para que le dé luz.
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