Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

domingo, 17 de abril de 2011

La chica del andén de enfrente

Momentos de gloria. Instantes de exultante felicidad. Son tan escasos esos momentos... Uno vive para sentirlos, tan breves, tan efímeros y a la vez enormes, y después aguarda toda una vida para volverlos a encontrar. 

La espera... La existencia está repleta de pequeñas esperas, de grandes esperanzas. Esperar a morir, esperar a vivir... con la ansiedad en las manos y el corazón en un puño. Espera traicionera, amiga del tiempo que inexorable pasa tan lento como uno puede soportar. Esperar a que vuelva la felicidad que tan alegremente se fué de tu lado.

Uno ve pasar ante sí como trenes desbocados los segundos, aguardando a que llegue el momento glorioso en el que cambie su existencia. También es posible sentirse en el lugar equivocado, que se debería estar en el andén de enfrente, para tomar justo la dirección contraria a ninguna parte. Perseguir los sueños hasta el horizonte y más allá a bordo de un carro de fuego, que queme la tristeza y esparza las cenizas en una volátil cortina de humo.

Porque la vida está hecha de cambios. A lo largo del tiempo, final significa principio, y quien busca la felicidad se sentará a esperarla a que llegue sin prisa o irá a buscarla sin dilación. Uno puede cabalgar a lomos de los vientos del cambio, sentir que la brisa seca las lágrimas del hastío y trae la blanca risa de la esperanza.

Y donde termina la vía y empieza el andén se puede cambiar. Con un gesto finaliza una etapa y empieza otra. Con un paso se tropieza con momentos de gloria. Solo hay que armarse de valor y cruzar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario