La bruja Cat ha sido transformada en hada Encantada en una mágica Noche de San Juan, en la que se ha tropezado con el hada Andrómeda y han acabado con los poderes intercambiados, muy a su pesar. Ahora tendrán que aunar fuerzas para deshacer el hechizo del hada suprema, pero para ello deberán conocerse mutuamente y aprender a pensar como la otra. ¡El embrollo está servido!
- Ahora, Artemisa, te dejaré asolas para
que te acostumbres a tu nueva esencia de Encantada, pero en breves momentos
volveré a indicarte tus obligaciones como hada.
Y se desvaneció en el aire, pero antes
escuché su voz como un susurro en mis oídos.
- Te libero de tu cautiverio. Al alba ya
no seremos visibles para ti, y este lugar desaparecerá de tus sentidos y de tu
corazón. Te aconsejo de que te alejes para siempre.
Con tremendo pesar, miré a la bruja, en
búsqueda de algo a lo que agarrarme en un momento en el que lo había perdido
todo. Por su parte, la bruja estaba en estado catatónico, o eso o había sufrido
un embrujo paralizante. Sagrada Diosa, ya empezaba a pensar en términos de
hechicerías y encantamientos malignos. Sentía que todo lo que conocía y amaba
me había sido arrebatado a causa de la desdichada criatura que tenía delante.
Que parecía no encontrarse dentro de la
túnica. MI túnica. Las hadas nunca se han caracterizado por gastar demasiado en
ropa y se limitaban a intercambiarla, como yo ya había notado al ver que
llevaba puesto el horrible atuendo de la ex hechicera.
Porque desde luego ya no era una bruja.
Aún como en trance, trató de tocar la escoba que yo llevaba en la mano y ésta
petardeó indignada. Increíble.
La pobre parecía desolada. Le tuve
lástima, aunque lo que más deseaba de los dos mundos era odiarla a muerte.
- Yo sólo sé que había venido por aquí
buscando hierbas para conseguir destilar “la esencia de libro nuevo”, porque
hoy en día con todo lo de los eBooks y material electrónico ya no se lee en
papel y claro, hay muchas cosas que se pierden y…- no entendía una palabra de
lo que decía pero como podéis ver hablaba y hablaba, era insufrible. Pero una
idea sí se filtró en mi mente hastiada. ¿Que ya no se leía en libros de papel?
Aquello era horroroso. ¿En qué clase de mundo me habían soltado? – El caso es
que necesitaba musgo y crece mucho y muy bueno por este lugar- continuó con voz
compungida- y de repente, ¡pumba! Me encuentro sin mis poderes, sin mi ropa, ¡y
sin mi escoba! ¡Y cautiva de unas…unas…!
- Hadas. Somos hadas – respondí con voz
cansina, tratando de conservar la calma que me caracterizaba. O lo había hecho
hasta la fecha.
- Dirás SON hadas. Tú ya no lo eres,
maja. ¡Lo soy yo! Y qué ropa más incómoda lleváis. ¡Entra corriente por todas
partes!
- Y supongo que también te habrás
enterado de que ahora soy YO la bruja. ¡Por todos los helechos! ¡Estoy
horrible! ¿Me saldrán arrugas? ¡Dime que no me saldrán arrugas!
- ¿En serio te preocupas por las
arrugas?
- ¡No! ¡Bueno sí! ¡Además de más cosas!
Pero en algo tengo que pensar si no quiero volverme loca. ¡Llevaba cerca de 200
años viviendo entre las hadas! ¡Tu mundo no tiene nada para mí!
- Es verdad que es un poco desquiciante.
Y en realidad no es mi mundo, pero esa es una larga historia. ¿Y dices que
llevabas 200 años entre las hadas? ¡Vaya! ¡Eso es mucho tiempo! ¿Qué te pasó?
¿Te topaste con otra hada empanada como yo? Sin ánimo de ofender.
- No, fue peor. – Con un gran suspiro me
dispuse a contar mi historia, una tan antigua como las leyendas y los mitos.
<< Hace ya mucho tiempo, siendo
mortal, mi memoria era un prodigio - por eso de hada no sufro la amnesia total
que aqueja a mis compañeras… Y eso es lo más frustrante, el poder recordar
deseando ante todo el olvido…
Yo era una jovencita atolondrada y
superficial, que lo tenía todo pero nunca estaba satisfecha. Hasta que lo
encontré a él y decidimos fugarnos y casarnos en secreto. Abandoné a mi familia
para gran pesar suyo pero no me importó. Sólo quería estar con mi gran amor y
vivir mi gran historia.
Habíamos acordado encontrarnos en el
bosque a medianoche y de ahí partir hacia un destino incierto de aventuras y
pasión sin límites. Llegué peripuesta con mi mejor modelito de viaje y me senté
a esperar a mi adorado.
El momento llegó y pasó, y él no aparecía
por ningún lado, mi confianza empezó a flaquear. Llevaba como única compañía un
candil para alumbrarme, pero con el paso del tiempo las sombras que proyectaba
se volvieron más aterradoras y me angustiaba más y más.
De pronto, a lo lejos entre los árboles me
pareció distinguir una sombra con forma de hombre. ¡Mi amado! Sin pensarlo
salté y salí corriendo hacia él. No me percaté entonces pero mi vestido volcó
el candil y lo rompió, y provocó un fuego que se extendió rápidamente por los
matorrales del verano naciente. Justo
antes de llegar al lado de mi amor sentí el impulso de volverme y vi una figura
etérea correr hacia aquello que en ese momento lamían las llamas… Y entonces
todo se volvió negro y poco después desperté como Encantada. >>
Ante la expresión de absoluta
incomprensión de la ex bruja suspiré de nuevo y continué con mi desdichado
relato. La parte más
difícil.
- El fuego que había provocado mi
imprudencia quemó ese claro del bosque y un montículo sagrado para las hadas,
un centro de energía vital. Además la figura que vi tratando de sofocarlo eral
la Encantada encargada de su protección. Ella recibió su castigo, pero en mi
caso las hadas decidieron darme una lección por mi conducta frívola y
descuidada. Lo del fuego se lo tomaron como una afrenta personal, y me
transformaron en hada para no menos de cien años, sin posibilidad de
intercambiarme con nadie.
-¡Qué horrible!
-Me lo merecía. – Respondí. Era verdad.
– Hice mucho daño a la gente que quería y mancillé el bosque por ser tan
descuidada. Aprendí la lección hace mucho tiempo.
- Pero lo hiciste por amor…
- Por un capricho.
- Pero cien años… Y tu amado…
Me equivocaba, aún no había llegado a la
parte más difícil.
- Me dolió al principio, pero me ayudó a
sobrellevarlo el hecho de que descubriese un poco después que no había tenido
intención de permanecer casado conmigo mucho tiempo, sólo el justo para hacerse
con la herencia de mi familia y después deshacerse de mí. Pero me vengué.
- Glups… ¿Qué le hiciste?
- Sólo diré que las hadas no somos tan
buenas como nos pintan los relatos…
Después de aquello no tuve más remedio que
cumplir con mi castigo. Visité una vez más mi casa para despedirme
silenciosamente de mi familia dejándoles la mejor bendición que pude conjurar
con mis torpes nuevos poderes, y me refugié en el bosque, me oculté de la
maldad suprema que había en el mundo. Obviamente cuando pude volver a ser libre
de nuevo ya no me quedaba nada ni nadie que salir a buscar y decidí quedarme,
pues llevaba mucho más tiempo viviendo como hada que como humana.
- Oh, comprendo. Y ahora tampoco
quieres.
- Muy lista.
- Pues yo tampoco quiero ser un hada, ¡y
quedarme en este bosque hasta a saber cuándo! ¡Tenemos que hacer algo!
- Es imposible, ya oíste al Hada
Suprema, ni siquiera os podré ver al llegar el alba…
La chica iba a responder pero entonces
llegó de nuevo la Reina de las Hadas.
- Vaya, la Reina de Roma… - el pellizco
que le propiné fue el indicador perfecto para que guardara silencio y mostrase
respeto. Primero me miró a mí, pero me olvidó rápidamente.
- Oh, ¿sigues aquí? Bueno, Artemisa, tú
deberás asumir las responsabilidades de la antigua Andrómeda. Por tanto, serás la nueva Hada
Hacedora de varitas mágicas, en el corazón de la Ciudad Amatista.
- ¿Varitas mágicas? Creía que ya no
usabais de eso. – por lo visto aún no lo había entendido del todo - ¡Au!
¡Maldita bruja!
- Sólo las grandes hadas canalizan su
energía a través de las varas. Son objetos muy delicados y poderosos,
reservados a unas pocas elegidas.
- ¿Y ponéis a la novata al cargo? No os
organizáis demasiado bien… ¡Ay! ¡Estate quieta loca! – Al menos tendré un
manual de instrucciones, un tutorial o algo, ¿no?
- No te preocupes, allí te explicarán
todo lo necesario. Ahora marcha, sigue tu instinto de hada y encontrarás el
camino a nuestra preciosa ciudad. – Y se esfumó tan rápido como había llegado,
sin dedicarme ni una mirada más.
- ¡Sigue tu instinto! ¡Pero qué vagas
que son las hadas! ¡Ni siquiera se molesta en darme un mapa! – aquella criatura
era el ser más escandaloso del mundo en todas sus formas.
- Sigo aquí, y para de berrear. Yo te
mostraré el camino a Ciudad Amatista.
- ¡Pero cuando amanezca dejarás de
verme! A menos que…
- ¿Qué?
- A ver, ¿al menos esta condenada túnica
tiene bolsillos?
- ¿Pero qué quieres hacer?
- Te han convertido en mortal, pero no
en una mortal corriente. Te han convertido en mí, y eso puede dar mucho que
hablar. Por lo pronto tienes poderes de bruja que podemos emplear en nuestro
beneficio, para que puedas venir conmigo a la dichosa Ciudad Esmeralda…-
Amatista.-…lo que sea, y me ayudes a arreglar este embrollo. No puedo esperar
al año que viene para pescar a otra desgraciada que ocupe mi lugar. Tengo
demasiado que hacer.
- Y yo por nada del mundo quiero volver
al mundo real, me asusta demasiado. Muy bien, te ayudaré. ¿Cómo puedo seguir
viéndote a ti y a las hadas y su Ciudad y que no me vean a mí? Porque a mí por
descontado que no me pueden ver.
- Hummm…Será complicado, pero creo…creo
que lo podemos arreglar. A ver a ver…- y se puso a rebuscar dentro de la túnica
un buen rato hasta que cayó en la cuenta de que ya no iba vestida con su ropa.
– Oh claro, ¿puedes mirar en el tercer bolsillo de la tercera fila contando
desde fuera del chaleco superior? Deberías encontrar un libro.
- ¡¿Cómo?!
- Deja… - metió la mano sin ningún pudor
entre los múltiples pliegues de aquello que llevaba yo puesto y visto y no
visto sacó un libro pequeño, de tapas azules. Y que por lo visto no deseaba ser
abierto.
- No quiere que lo lea. Maldito libro,
ya ajustaré las cuentas contigo. Deberás buscar tú.
- ¿El qué exactamente?
- Pues… no estoy muy segura… Cualquier
cosa que tenga que ver con Ver-lo-que-se-Oculta, Busca-Feéricos,
Sexto-Sentido…no, eso no, no queremos ver fantasmas, sólo hadas y varitas
mágicas jijiji… Ay, hasta la risa me ha cambiado, ¡parece que pueda romperse!
- Céntrate.
- Ah sí. Esto… - El rato que se tiró
pensando me pareció otros dos siglos.- ¡Ya
está! ¡El Hechizo de Vuelta a la Infancia!
- ¿Qué dices?
- Que sí, ¡los niños que tienen fe
pueden ver a las hadas! O eso entendí viendo “Embrujadas”… Y yo tuve una tía
segunda que quería volver a ilusionarse como una niña y se inventó este
hechizo. Lo último que supe de ella fue que quería salir a buscar a los Reyes
Magos de Oriente…- mi expresión se lo dijo todo - ¡pero porque no lo hizo bien!
El libro tiene la versión 2.0 del hechizo, con el cual podrás recuperar la
imaginación de una niña que cree en la magia…
En ese momento las dos caímos en la cuenta
de dos cosas.
Primero, que ya había amanecido y seguía
pudiendo verla. Segundo, que me habían convertido en una maldita bruja que
obviamente creía en prodigios porque ella misma los fabricaba como pompas de
jabón.
-Vale, una vez logrado esto, el
introducirte conmigo es algo más sencillo. Te reduciremos de tamaño y te colaré
dentro del bolsillo.
- Sencillo dices… ¿Este libro también
tiene la respuesta a eso?
- Ah, pues no. Que yo sepa ninguna bruja
ha tenido intención de reducir su tamaño, pudiendo volverse invisible,
transformarse en gato o lechuza o simplemente plantarse en el sitio en
cuestión. La gente con un gramo de sensatez no tiene ningún problema al
respecto. Hasta hace nada creía que eso de empequeñecerse y volar con alitas de
mariposa era cosa de las hadas.
- Ya te he explicado que sólo lo hacemos
cuando es absolutamente necesario.
- ¿Y no te parece un buen momento?
- Ya no tengo ese poder, te recuerdo.
-¿Y no te puedo reducir yo?
-Te diría que probases pero no desearía
pasarme el resto de mi vida mortal convertida en calabaza.
- Qué graciosa.
- Supongo que yo misma puedo lograrlo.
Sólo tengo que concentrarme y tratar de recordar cómo hacerlo…- Cerré los ojos…
Cuando los abrí lo primero que vi fueron
los tobillos de la bruja. Ésta estaba muy contenta.
- ¡Lo has conseguido! ¡Venga, sube a
bordo y allá vamos! Destino: ¡Ciudad Aguamarina!
- ¡Ciudad Amatista!
-¡Lo que sea!
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