Llamando a la Tierra

Imaginar es gratis

sábado, 15 de noviembre de 2014

Brujerías en una Noche de San Juan (parte 2)




     La bruja Cat ha sido transformada en hada Encantada en una mágica Noche de San Juan, en la que se ha tropezado con el hada Andrómeda y han acabado con los poderes intercambiados, muy a su pesar.  Ahora tendrán que aunar fuerzas para deshacer el hechizo del hada suprema, pero para ello deberán conocerse mutuamente y aprender a pensar como la otra. ¡El embrollo está servido!

     - Ahora, Artemisa, te dejaré asolas para que te acostumbres a tu nueva esencia de Encantada, pero en breves momentos volveré a indicarte tus obligaciones como hada.

Y se desvaneció en el aire, pero antes escuché su voz como un susurro en mis oídos.

-          Te libero de tu cautiverio. Al alba ya no seremos visibles para ti, y este lugar desaparecerá de tus sentidos y de tu corazón. Te aconsejo de que te alejes para siempre.

Con tremendo pesar, miré a la bruja, en búsqueda de algo a lo que agarrarme en un momento en el que lo había perdido todo. Por su parte, la bruja estaba en estado catatónico, o eso o había sufrido un embrujo paralizante. Sagrada Diosa, ya empezaba a pensar en términos de hechicerías y encantamientos malignos. Sentía que todo lo que conocía y amaba me había sido arrebatado a causa de la desdichada criatura que tenía delante.

Que parecía no encontrarse dentro de la túnica. MI túnica. Las hadas nunca se han caracterizado por gastar demasiado en ropa y se limitaban a intercambiarla, como yo ya había notado al ver que llevaba puesto el horrible atuendo de la ex hechicera.

Porque desde luego ya no era una bruja. Aún como en trance, trató de tocar la escoba que yo llevaba en la mano y ésta petardeó indignada. Increíble.

La pobre parecía desolada. Le tuve lástima, aunque lo que más deseaba de los dos mundos era odiarla a muerte.

- Yo sólo sé que había venido por aquí buscando hierbas para conseguir destilar “la esencia de libro nuevo”, porque hoy en día con todo lo de los eBooks y material electrónico ya no se lee en papel y claro, hay muchas cosas que se pierden y…- no entendía una palabra de lo que decía pero como podéis ver hablaba y hablaba, era insufrible. Pero una idea sí se filtró en mi mente hastiada. ¿Que ya no se leía en libros de papel? Aquello era horroroso. ¿En qué clase de mundo me habían soltado? – El caso es que necesitaba musgo y crece mucho y muy bueno por este lugar- continuó con voz compungida- y de repente, ¡pumba! Me encuentro sin mis poderes, sin mi ropa, ¡y sin mi escoba! ¡Y cautiva de unas…unas…!

-          Hadas. Somos hadas – respondí con voz cansina, tratando de conservar la calma que me caracterizaba. O lo había hecho hasta la fecha.

 Dirás SON hadas. Tú ya no lo eres, maja. ¡Lo soy yo! Y qué ropa más incómoda lleváis. ¡Entra corriente por todas partes!

- Y supongo que también te habrás enterado de que ahora soy YO la bruja. ¡Por todos los helechos! ¡Estoy horrible! ¿Me saldrán arrugas? ¡Dime que no me saldrán arrugas!

-  ¿En serio te preocupas por las arrugas?

-  ¡No! ¡Bueno sí! ¡Además de más cosas! Pero en algo tengo que pensar si no quiero volverme loca. ¡Llevaba cerca de 200 años viviendo entre las hadas! ¡Tu mundo no tiene nada para mí!

- Es verdad que es un poco desquiciante. Y en realidad no es mi mundo, pero esa es una larga historia. ¿Y dices que llevabas 200 años entre las hadas? ¡Vaya! ¡Eso es mucho tiempo! ¿Qué te pasó? ¿Te topaste con otra hada empanada como yo? Sin ánimo de ofender.

- No, fue peor. – Con un gran suspiro me dispuse a contar mi historia, una tan antigua como las leyendas y los mitos.

<< Hace ya mucho tiempo, siendo mortal, mi memoria era un prodigio - por eso de hada no sufro la amnesia total que aqueja a mis compañeras… Y eso es lo más frustrante, el poder recordar deseando ante todo el olvido…
Yo era una jovencita atolondrada y superficial, que lo tenía todo pero nunca estaba satisfecha. Hasta que lo encontré a él y decidimos fugarnos y casarnos en secreto. Abandoné a mi familia para gran pesar suyo pero no me importó. Sólo quería estar con mi gran amor y vivir mi gran historia.
Habíamos acordado encontrarnos en el bosque a medianoche y de ahí partir hacia un destino incierto de aventuras y pasión sin límites. Llegué peripuesta con mi mejor modelito de viaje y me senté a esperar a mi adorado.
El momento llegó y pasó, y él no aparecía por ningún lado, mi confianza empezó a flaquear. Llevaba como única compañía un candil para alumbrarme, pero con el paso del tiempo las sombras que proyectaba se volvieron más aterradoras y me angustiaba más y más.
De pronto, a lo lejos entre los árboles me pareció distinguir una sombra con forma de hombre. ¡Mi amado! Sin pensarlo salté y salí corriendo hacia él. No me percaté entonces pero mi vestido volcó el candil y lo rompió, y provocó un fuego que se extendió rápidamente por los matorrales del verano naciente.  Justo antes de llegar al lado de mi amor sentí el impulso de volverme y vi una figura etérea correr hacia aquello que en ese momento lamían las llamas… Y entonces todo se volvió negro y poco después desperté como Encantada. >>
Ante la expresión de absoluta incomprensión de la ex bruja suspiré de nuevo y continué con mi desdichado relato.  La parte más difícil.

- El fuego que había provocado mi imprudencia quemó ese claro del bosque y un montículo sagrado para las hadas, un centro de energía vital. Además la figura que vi tratando de sofocarlo eral la Encantada encargada de su protección. Ella recibió su castigo, pero en mi caso las hadas decidieron darme una lección por mi conducta frívola y descuidada. Lo del fuego se lo tomaron como una afrenta personal, y me transformaron en hada para no menos de cien años, sin posibilidad de intercambiarme con nadie.
-¡Qué horrible!
-Me lo merecía. – Respondí. Era verdad. – Hice mucho daño a la gente que quería y mancillé el bosque por ser tan descuidada. Aprendí la lección hace mucho tiempo.
- Pero lo hiciste por amor…
- Por un capricho.
- Pero cien años… Y tu amado…
Me equivocaba, aún no había llegado a la parte más difícil.
- Me dolió al principio, pero me ayudó a sobrellevarlo el hecho de que descubriese un poco después que no había tenido intención de permanecer casado conmigo mucho tiempo, sólo el justo para hacerse con la herencia de mi familia y después deshacerse de mí. Pero me vengué.
 Glups… ¿Qué le hiciste?
- Sólo diré que las hadas no somos tan buenas como nos pintan los relatos…
Después de aquello no tuve más remedio que cumplir con mi castigo. Visité una vez más mi casa para despedirme silenciosamente de mi familia dejándoles la mejor bendición que pude conjurar con mis torpes nuevos poderes, y me refugié en el bosque, me oculté de la maldad suprema que había en el mundo. Obviamente cuando pude volver a ser libre de nuevo ya no me quedaba nada ni nadie que salir a buscar y decidí quedarme, pues llevaba mucho más tiempo viviendo como hada que como humana.
- Oh, comprendo. Y ahora tampoco quieres.
- Muy lista.
 Pues yo tampoco quiero ser un hada, ¡y quedarme en este bosque hasta a saber cuándo! ¡Tenemos que hacer algo!
 Es imposible, ya oíste al Hada Suprema, ni siquiera os podré ver al llegar el alba…
La chica iba a responder pero entonces llegó de nuevo la Reina de las Hadas.
- Vaya, la Reina de Roma… - el pellizco que le propiné fue el indicador perfecto para que guardara silencio y mostrase respeto. Primero me miró a mí, pero me olvidó rápidamente.
 Oh, ¿sigues aquí? Bueno, Artemisa, tú deberás asumir las responsabilidades de la antigua Andrómeda.  Por tanto, serás la nueva Hada Hacedora de varitas mágicas, en el corazón de la Ciudad Amatista.
- ¿Varitas mágicas? Creía que ya no usabais de eso. – por lo visto aún no lo había entendido del todo - ¡Au! ¡Maldita bruja!
- Sólo las grandes hadas canalizan su energía a través de las varas. Son objetos muy delicados y poderosos, reservados a unas pocas elegidas.
- ¿Y ponéis a la novata al cargo? No os organizáis demasiado bien… ¡Ay! ¡Estate quieta loca! – Al menos tendré un manual de instrucciones, un tutorial o algo, ¿no?
-   No te preocupes, allí te explicarán todo lo necesario. Ahora marcha, sigue tu instinto de hada y encontrarás el camino a nuestra preciosa ciudad. – Y se esfumó tan rápido como había llegado, sin dedicarme ni una mirada más.
- ¡Sigue tu instinto! ¡Pero qué vagas que son las hadas! ¡Ni siquiera se molesta en darme un mapa! – aquella criatura era el ser más escandaloso del mundo en todas sus formas.
 Sigo aquí, y para de berrear. Yo te mostraré el camino a Ciudad Amatista.
 ¡Pero cuando amanezca dejarás de verme! A menos que…
- ¿Qué?
-  A ver, ¿al menos esta condenada túnica tiene bolsillos?
- ¿Pero qué quieres hacer?
- Te han convertido en mortal, pero no en una mortal corriente. Te han convertido en mí, y eso puede dar mucho que hablar. Por lo pronto tienes poderes de bruja que podemos emplear en nuestro beneficio, para que puedas venir conmigo a la dichosa Ciudad Esmeralda…- Amatista.-…lo que sea, y me ayudes a arreglar este embrollo. No puedo esperar al año que viene para pescar a otra desgraciada que ocupe mi lugar. Tengo demasiado que hacer.
 Y yo por nada del mundo quiero volver al mundo real, me asusta demasiado. Muy bien, te ayudaré. ¿Cómo puedo seguir viéndote a ti y a las hadas y su Ciudad y que no me vean a mí? Porque a mí por descontado que no me pueden ver.
 Hummm…Será complicado, pero creo…creo que lo podemos arreglar. A ver a ver…- y se puso a rebuscar dentro de la túnica un buen rato hasta que cayó en la cuenta de que ya no iba vestida con su ropa. – Oh claro, ¿puedes mirar en el tercer bolsillo de la tercera fila contando desde fuera del chaleco superior? Deberías encontrar un libro.
- ¡¿Cómo?!
-   Deja… - metió la mano sin ningún pudor entre los múltiples pliegues de aquello que llevaba yo puesto y visto y no visto sacó un libro pequeño, de tapas azules. Y que por lo visto no deseaba ser abierto.
- No quiere que lo lea. Maldito libro, ya ajustaré las cuentas contigo. Deberás buscar tú.
- ¿El qué exactamente?
 Pues… no estoy muy segura… Cualquier cosa que tenga que ver con Ver-lo-que-se-Oculta, Busca-Feéricos, Sexto-Sentido…no, eso no, no queremos ver fantasmas, sólo hadas y varitas mágicas jijiji… Ay, hasta la risa me ha cambiado, ¡parece que pueda romperse!
 Céntrate.
- Ah sí. Esto… - El rato que se tiró pensando me pareció otros dos siglos.-  ¡Ya está! ¡El Hechizo de Vuelta a la Infancia!
- ¿Qué dices?
- Que sí, ¡los niños que tienen fe pueden ver a las hadas! O eso entendí viendo “Embrujadas”… Y yo tuve una tía segunda que quería volver a ilusionarse como una niña y se inventó este hechizo. Lo último que supe de ella fue que quería salir a buscar a los Reyes Magos de Oriente…- mi expresión se lo dijo todo - ¡pero porque no lo hizo bien! El libro tiene la versión 2.0 del hechizo, con el cual podrás recuperar la imaginación de una niña que cree en la magia…
En ese momento las dos caímos en la cuenta de dos cosas.
Primero, que ya había amanecido y seguía pudiendo verla. Segundo, que me habían convertido en una maldita bruja que obviamente creía en prodigios porque ella misma los fabricaba como pompas de jabón.
-Vale, una vez logrado esto, el introducirte conmigo es algo más sencillo. Te reduciremos de tamaño y te colaré dentro del bolsillo.
- Sencillo dices… ¿Este libro también tiene la respuesta a eso?
 Ah, pues no. Que yo sepa ninguna bruja ha tenido intención de reducir su tamaño, pudiendo volverse invisible, transformarse en gato o lechuza o simplemente plantarse en el sitio en cuestión. La gente con un gramo de sensatez no tiene ningún problema al respecto. Hasta hace nada creía que eso de empequeñecerse y volar con alitas de mariposa era cosa de las hadas.
- Ya te he explicado que sólo lo hacemos cuando es absolutamente necesario.
- ¿Y no te parece un buen momento?
- Ya no tengo ese poder, te recuerdo.
-¿Y no te puedo reducir yo?
-Te diría que probases pero no desearía pasarme el resto de mi vida mortal convertida en calabaza.
- Qué graciosa.
- Supongo que yo misma puedo lograrlo. Sólo tengo que concentrarme y tratar de recordar cómo hacerlo…- Cerré los ojos…
Cuando los abrí lo primero que vi fueron los tobillos de la bruja. Ésta estaba muy contenta.
- ¡Lo has conseguido! ¡Venga, sube a bordo y allá vamos! Destino: ¡Ciudad Aguamarina!
- ¡Ciudad Amatista!

-¡Lo que sea!

No hay comentarios:

Publicar un comentario