Ella despertó con sobresalto. Por unos segundos olvidó dónde estaba y por qué. Incluso quién era. La imagen de la luna llena difusa tras jirones de nubes grisáceas le devolvió la memoria de golpe. La sensación era ya una vieja conocida, aquella que agitaba en su interior desaliento, tristeza y dolor.
Despertándolos tras una noche de sueños intranquilos. Y de deambular entre brumas.
¿Cuántas veces se ha arrodillado? Tras meses de estar atrapada en una jaula hecha de promesas vanas tan sólidas y consistentes como el reflejo de la luna en el río de lágrimas vertidas, de gritos mudos de desesperación... Aferrándose a unos barrotes de oscura esperanza, había visto todo aquello transformarse en un puñal de traición y hielo que atravesase su corazón para congelar todo lo que antes existiese allí.Y en el momento justo en el que aparecieron las grietas en la escarcha se oyó a un lobo aullar en la lejanía.
Y ahora ella mira desde un rincón a la noche que la envuelve con su dulce manto. Rememorando como cada noche que ha recuperado su libertad perdida. Que ha levantado al fin. Que ya no hay nada que la detenga. Sobre todo ella misma. Ante todo ella misma. Pues no hay más prisión que la que se fabrica uno mismo con mentiras. Y no hay peor castigo que verse a sí mismo convertido en una pálida sombra de lo que ha sido. Un monstruo.
De día sigue con su vida, recobrando poco a poco la confianza y la fuerza para devorar al mundo que tan rápidamente la juzgó y la condenó. Y que pudo con ella. Pero por la noche vuelven los fríos recuerdos contra los que no puede luchar ni la calidez del Sol. Y es entonces cuando el lobo se encarga de encerrarlos en una caja para nunca más dejarlos salir. Es el lobo quien domina ahora su cuerpo y sus actos. Dejando que la ira arda y acabe con todo el mal que un día se sembró en ella y echó raíces desgarradoras.
Y tras la agotadora lucha nocturna ella despierta desconcertada de nuevo pensando en todo el camino recorrido. Los tropiezos sufridos y los errores cometidos. Pero como suele decirse, tras una caída nuestras huellas son más profudas. Y siempre hay menos que recorrer y más que contar.
Sin embargo también sabe que aunque congele su corazón y queme todas sus creencias, el auténtico mal sigue dentro de ella. El mismo que ahora devora todo el dolor que creó. El que no desaparecerá y al que seguirá viendo noche tras noche en la luna llena. En el fondo de la mirada oscura que le devuelva el espejo. Su arma. Su condena...Su prisión.
Pero hoy ella tiene el poder suficiente para abandonar su rincón y plantar cara. Y se atreve a soñar que brilla como una estrella. Ahora es capaz de cruzar la línea. Pues sabe lo que vale y puede conseguir lo que merece. Y pondrá al mundo de rodillas.
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